Milito se planta: erick gutiérrez sigue borrado de chivas pese a bajas por tri

Milito se planta: Erick Gutiérrez sigue borrado de Chivas aun con bajas por Selección

Chivas encontró de nuevo su mejor versión y vapuleó al Puebla con una goleada en el Estadio Akron, en uno de los últimos partidos en los que Gabriel Milito podrá disponer de sus futbolistas seleccionados antes de que se haga oficial la lista definitiva de Javier Aguirre para la Copa del Mundo. El triunfo, sin embargo, no despeja todas las incógnitas en el entorno rojiblanco: al contrario, reabre un debate incómodo, el de los jugadores marginados, con un nombre al centro de la discusión: Erick «Guti» Gutiérrez.

Desde el arranque del año futbolístico, durante la pretemporada, Milito tomó una postura clara: ni Gutiérrez ni Alan Pulido entrarían en sus planes. Con el delantero, la situación se resolvió relativamente rápido y su salida se consumó. Con el mediocampista, en cambio, el conflicto se ha prolongado todo el semestre, marcado por entrenamientos separados, distanciamiento con el grupo y una evidente ruptura con el cuerpo técnico.

Ahora, con el Clausura 2026 entrando en su tramo final y a solo dos jornadas de concluir la primera fase, se acerca el anuncio de la lista final de la Selección Mexicana para el Mundial. Chivas sabe que perderá entre tres y cinco futbolistas por el llamado de Aguirre, lo que reducirá considerablemente la profundidad del plantel justo antes de la Liguilla. En ese contexto, muchos se preguntaban si Milito aprovecharía la coyuntura para reactivar a Gutiérrez y utilizarlo como refuerzo interno.

La respuesta fue tajante. Cuestionado específicamente por la posibilidad de reincorporar a Guti al primer equipo, el técnico argentino no dejó espacio a la interpretación:
«Nosotros conformamos un plantel. Hubo jugadores a los que les tocó salir y otros que les tocó llegar, como pasa en cualquier club del mundo y en cada periodo de descanso. Uno analiza, evalúa y toma decisiones, que pueden ser acertadas o equivocadas, pero siempre buscando lo mejor para la institución. Hoy tenemos un grupo definido, somos los mismos que iniciamos la pretemporada y con esos mismos jugadores vamos a terminar».

Con esa declaración, Milito clausura prácticamente cualquier puerta a un regreso del mediocampista al primer equipo, incluso ante el escenario de bajas sensibles rumbo a la Liguilla. La idea es sostener la coherencia del proyecto: quienes arrancaron el ciclo son los que lo van a cerrar, sin concesiones, aunque eso implique asumir riesgos deportivos.

El caso Gutiérrez no es solo una decisión táctica o de gestión de minutos. Detrás hay un historial de tensiones. Al interior del club se recuerda que, tras el cierre del Apertura 2025, se produjo una discusión fuerte entre el jugador y el entrenador. A partir de ese episodio, Milito determinó que no contaría más con él para el Clausura 2026. Desde entonces, el mediocampista ha trabajado separado del grupo, sin formar parte de las convocatorias ni de los planes de competencia.

La relación entre ambos, según han dejado entrever distintas voces del entorno, quedó seriamente dañada. Milito ha insistido en varias ocasiones en la importancia del compromiso, la disciplina y la alineación total con la idea de juego y con la dinámica de grupo. Cualquier jugador que no cumpla con esos parámetros, por calidad que tenga, corre el riesgo de quedar fuera del proyecto. En ese marco, la exclusión de Guti parece responder más a un tema de liderazgo y autoridad que a una simple preferencia futbolística.

El mensaje que envía el entrenador es claro: la jerarquía del vestuario y la coherencia en las decisiones están por encima de las urgencias del calendario. Incluso con la posibilidad de afrontar la Liguilla con menos alternativas en el mediocampo, Milito prefiere respaldar a quienes aceptaron su rol desde el inicio del torneo, por encima de reabrir un capítulo conflictivo que podría alterar el equilibrio interno.

Desde el punto de vista deportivo, la decisión es arriesgada. Gutiérrez es un mediocampista con experiencia internacional, acostumbrado a escenarios de alta presión, con capacidad para dar salida limpia, cambiar de ritmo y ofrecer soluciones cuando el equipo sufre con la pelota. Renunciar deliberadamente a un perfil así, en un torneo tan corto y exigente como la Liguilla, puede pasar factura si aparecen lesiones, sanciones o bajones de rendimiento en piezas clave.

Por otro lado, la firmeza de Milito también puede interpretarse como una apuesta por consolidar una identidad de equipo. Al sostener su postura, el argentino refuerza un código interno: en Chivas, bajo su mando, el compromiso con el proyecto y el respeto a las normas no son negociables. Para el resto del plantel, el mensaje es contundente: nadie está por encima del grupo, por más nombre o trayectoria que tenga.

Esta forma de conducir el vestuario también ayuda a explicar el rendimiento reciente del equipo. La goleada ante Puebla no solo devolvió confianza tras algunas dudas, sino que mostró a un grupo convencido, solidario, donde todos parecen tener claro su papel. Milito entiende que, para sostener ese estado de ánimo y esa cohesión, no puede permitir grietas en el discurso. Reintegrar a un jugador marginado por cuestiones extradeportivas podría interpretarse como un giro oportunista, algo que chocaría con la narrativa que ha construido.

En paralelo, el escenario abre interrogantes sobre el futuro de Gutiérrez. Permanecer un torneo completo entrenando al margen, sin minutos oficiales y con una relación fracturada con el técnico, difícilmente sea sostenible a medio plazo. Es lógico pensar que, una vez concluya el Clausura 2026, ambas partes tengan que sentarse a definir una salida. Para el jugador, recuperar ritmo de competencia y volver a sentirse protagonista será prioritario; para el club, liberar una ficha y un salario que no está teniendo impacto en la cancha también puede convertirse en necesidad.

De cara a la afición, la postura de Milito puede generar opiniones divididas. Hay quienes valoran que el entrenador mantenga la línea y cuide la autoridad en el vestuario, entendiendo que esa firmeza es parte de la construcción de un equipo competitivo. Otros, en cambio, consideran que, en el futbol profesional, el rendimiento deportivo debería colocarse por encima de los conflictos personales, y que en momentos clave como la Liguilla se debe contar con los mejores disponibles, sin excepción.

En cualquier caso, el técnico argentino parece dispuesto a asumir las consecuencias de su decisión. Ha reiterado que las altas y bajas se analizaron con tiempo, que el plantel fue armado con plena conciencia de las posibilidades y que no habrá marcha atrás a mitad del camino. Para Milito, la Liguilla será la prueba definitiva de si su apuesta por la cohesión y la disciplina puede compensar la ausencia de piezas con peso específico como la de Erick Gutiérrez.

También será un termómetro para la directiva. Si el equipo responde bien en la fase final, la postura de Milito quedará respaldada y será más sencillo seguir profundizando en su proyecto, incluso con decisiones impopulares. Si, por el contrario, la falta de recambios se hace evidente y el equipo sufre por no tener variantes, la conversación interna podría girar hacia la necesidad de mayor flexibilidad a la hora de manejar casos de conflicto con jugadores de jerarquía.

Mientras tanto, el calendario no se detiene. Chivas afrontará las últimas jornadas del Clausura 2026 con la vista puesta en asegurar su posición de privilegio y, al mismo tiempo, con la certeza de que la inminente convocatoria de la Selección Mexicana los dejará debilitados numéricamente. No habrá regreso inesperado de Guti para tapar huecos: Milito ya lo dejó claro. El técnico confía en los que están, en los que han aceptado las reglas del juego desde el primer día, y con ellos pretende llegar lo más lejos posible en la lucha por el título.