Liga Mx: cómo el nuevo G6 redefine el poder en el futbol mexicano

Liga MX: del viejo poder al nuevo G6 que definirá el rumbo del futbol mexicano

La reciente Asamblea de Dueños celebrada en Toluca marcó un punto de quiebre en la manera en que se toman las decisiones en el futbol mexicano. Lo que se había anunciado como un poderoso «G8» terminó transformándose en un «G6», un grupo reducido de clubes que concentrará la conducción estratégica de la Liga MX y de la Selección Mexicana de cara a los próximos años, con miras ya puestas en el ciclo rumbo a 2026.

Lejos de desaparecer, la influencia de las grandes televisoras se reconfigura. Durante días circuló la versión de que Emilio Azcárraga y Televisa habían perdido peso en las estructuras del futbol nacional. Sin embargo, el ajuste es más bien una redistribución: América y la empresa del grupo mantienen una posición clave, repartiéndose ahora el control con otros cinco clubes, a la vez que aseguran por ocho años más los derechos de transmisión de la Selección Mexicana.

El adiós al G8 y el nacimiento del G6

Antes de la Asamblea, se manejaba que ocho instituciones integrarían el nuevo bloque dominante de la Liga MX. No obstante, las negociaciones acabaron dibujando una configuración distinta: un G6 repartido en dos comités o grupos de trabajo.

– Grupo 1: América, Santos y Tijuana
– Grupo 2: Chivas, Toluca y Monterrey

Estos seis clubes tendrán la responsabilidad de encabezar las decisiones clave para recuperar el valor deportivo y comercial tanto de la Liga MX como del Tri. Según se ha dado a conocer, entre sus objetivos principales está la búsqueda de un presidente de liga independiente, sin vínculo directo con ningún club, algo que durante años ha sido una demanda recurrente para intentar profesionalizar la gestión y reducir conflictos de interés.

Amaury Vergara y Chivas se integran al bloque de poder

Uno de los movimientos más llamativos es la inclusión de Chivas y de Amaury Vergara dentro de este nuevo círculo de influencia, junto a América, Toluca y Rayados. La presencia del Guadalajara, tradicional contraparte mediática y deportiva de las Águilas, refuerza la idea de que el nuevo modelo de gobernanza pretende apoyarse en las marcas más fuertes del país para reposicionar el campeonato y la Selección en un contexto internacional cada vez más competitivo.

Chivas aporta una enorme capacidad de convocatoria, rating y arraigo popular, mientras que clubes como Monterrey y Toluca representan estructuras sólidas, con proyectos deportivos y económicos estables. Santos y Tijuana, por su parte, simbolizan la consolidación de proyectos empresariales que han sabido adaptarse a la lógica moderna del negocio futbolístico.

Hacia una Liga MX menos controlada por uno o dos dueños

Históricamente se ha señalado que el futbol mexicano ha estado marcado por decisiones tomadas en un círculo muy cerrado, dominado por uno o dos grandes grupos, con las televisoras como actores centrales. Emilio Azcárraga Jean, al frente de Televisa y propietario del América, y Ricardo Salinas Pliego, desde TV Azteca, han sido señalados durante décadas como figuras clave detrás de los hilos del balompié nacional.

La creación de estos comités busca diluir ese hipercontrol y distribuir la toma de decisiones en un organismo más plural, al menos en el papel. La salida paulatina de Salinas Pliego del negocio futbolístico -con la venta de Mazatlán y la intención de deshacerse también de Puebla- refuerza la idea de un cambio de era. Este reacomodo abre espacio para nuevos grupos empresariales y modifica el mapa de poder que dominó las últimas dos décadas.

Venta del Atlas y nuevo jugador corporativo en la Liga MX

En esta misma Asamblea se aprobó un movimiento relevante para el ecosistema de clubes: la venta del Atlas, hasta ahora propiedad de Grupo Orlegi, a PRODI, empresa encabezada por José Miguel Bejos. Este empresario no es ajeno al deporte: es dueño de los Pericos de Puebla en la Liga Mexicana de Beisbol y comisionado de la Gira Profesional Mexicana de Golf.

El arribo de PRODI a la Liga MX no solo cambia la estructura de propiedad del Atlas, sino que también introduce a un nuevo actor con experiencia en la gestión de franquicias deportivas. Esto podría repercutir en la manera en que el club rojinegro se posiciona a futuro: desde la inversión en fuerzas básicas hasta la exploración de nuevos modelos de comercialización, marketing y vinculación con los aficionados.

Grupo Pachuca, el gran ausente del nuevo bloque

Uno de los puntos más llamativos de esta reestructura es lo que ocurre con Grupo Pachuca. Se esperaba que Pachuca, León y Atlético de San Luis se integraran al nuevo grupo de poder junto a los equipos que han terminado conformando el G6. Por momentos se especuló incluso con un papel determinante de estas instituciones dentro de la nueva arquitectura de mando, con excepción del América.

Sin embargo, en la definición final, los equipos del Grupo Pachuca quedaron fuera de los comités responsables. Esta exclusión sorprende, considerando el peso que han adquirido los Tuzos y La Fiera a nivel deportivo y en la formación de talento, además de su presencia constante en liguillas y competencias internacionales.

La multipropiedad, un tema que ya no puede aplazarse

El caso Pachuca no se entiende sin el contexto de la multipropiedad, uno de los temas más sensibles en el futbol mexicano. En lo que resta del año se mantiene sobre la mesa la obligación de resolver la situación de los Tuzos y de León, pues las reglas apuntan hacia la eliminación de la multipropiedad en la Liga MX.

Esto implica que Grupo Pachuca deberá desprenderse de al menos una de sus franquicias. La venta de cualquiera de estos clubes no solo supondría un cambio profundo en su estructura interna, sino que podría alterar también el equilibrio competitivo, al tratarse de equipos con proyectos deportivos consolidados, trabajo serio en fuerzas básicas y presencia habitual en la parte alta de la tabla.

¿Qué cambia concretamente con el G6 para la Liga MX?

La conformación del G6 no es solo un asunto de nombres o de simbolismo. En la práctica, estos seis clubes participarán activamente en:

– Definir el perfil y seleccionar a un nuevo presidente de la Liga MX sin vínculos con clubes, con mayor independencia y profesionalismo.
– Rediseñar el modelo de negocio de la liga, buscando mejor distribución de ingresos y nuevas fuentes de financiamiento.
– Revisar formatos de competencia, reglas de descenso y ascenso, y políticas de registros de jugadores nacionales y extranjeros.
– Trazar una estrategia conjunta para potenciar el valor comercial de la Selección Mexicana, muy ligada al rendimiento del torneo local.

Si estas intenciones se traducen en hechos, podría darse un giro hacia una estructura más corporativa y menos dependiente de intereses particulares inmediatos. Sin embargo, queda por ver hasta qué punto los clubes estarán dispuestos a ceder poder real a una presidencia independiente.

El peso de los derechos de transmisión del Tri

Uno de los elementos estratégicos que se mantienen prácticamente intactos es el control de los derechos de transmisión de la Selección Mexicana por parte del grupo ligado a Televisa. La extensión por ocho años más de este contrato asegura una importante fuente de ingresos y un altísimo nivel de influencia mediática.

La Selección sigue siendo el producto estrella del futbol mexicano en términos comerciales, especialmente hacia el mercado estadounidense. Esa condición hace que cualquier reestructuración de poder en la Liga MX pase inevitablemente por quién controla la imagen, los partidos y la distribución de contenidos del Tri. El G6 tendrá que armonizar la necesidad de maximizar beneficios económicos con la urgencia de mejorar el rendimiento deportivo del combinado nacional, muy cuestionado en los últimos procesos.

Impacto para aficionados, jugadores y entrenadores

Para el aficionado, estos movimientos pueden parecer lejanos, pero afectan aspectos muy concretos del espectáculo: horarios de partidos, cantidad de juegos transmitidos en señal abierta o de pago, formato del torneo, calidad de las plantillas y hasta el tipo de refuerzos que llegan al país.

Jugadores y entrenadores también se verán impactados por las decisiones del G6: cambios en reglas de extranjeros, topes salariales implícitos, política de transferencias internas, impulso a la formación de jóvenes, o incluso la calendarización de los torneos, especialmente pensando en la cercanía con la MLS y los torneos binacionales que se han ido fortaleciendo en los últimos años.

Un reacomodo pensando en 2026 y más allá

Aunque la reestructura se anuncia ahora, sus efectos están claramente relacionados con el ciclo rumbo al Mundial de 2026, del cual México será uno de los países sede. La Liga MX necesita mejorar su imagen, fortalecer su producto, incrementar la competitividad y ofrecer un entorno que impulse el crecimiento del talento mexicano.

El G6 nace con la misión declarada de «recuperar el valor» de la liga y de la Selección. Para lograrlo deberá equilibrar intereses empresariales, demandas deportivas y la presión social por un futbol más transparente, menos dominado por acuerdos cerrados y con reglas claras para todos. Su éxito o fracaso se medirá no solo en números de audiencia e ingresos, sino en la calidad del juego, la estabilidad de los clubes y los resultados del Tri en las grandes citas.

En síntesis, la Asamblea de Dueños en Toluca no fue una reunión más: significó el inicio de una nueva etapa en la estructura de poder del futbol mexicano, con el adiós al proyecto del G8, la irrupción del G6, el reacomodo de viejos actores, la llegada de nuevos inversionistas y un horizonte marcado por la urgencia de modernizar y profesionalizar la Liga MX. El balón, ahora, está en la cancha de estos seis clubes.