Larcamón debe transformarse en un técnico «de remontadas» si Cruz Azul pretende seguir con vida en la Concachampions. El argentino sabe que el reto ante LAFC es mayúsculo, pero insiste en que la hazaña es posible y que la serie está lejos de estar cerrada.
La gestión de Nicolás Larcamón al frente de la Máquina ha alternado momentos de ilusión con etapas de fuerte crítica. Sin embargo, el momento actual se percibe como el bache más largo y preocupante: además de acumular seis partidos oficiales sin victoria, el funcionamiento colectivo se ha venido abajo. No es solo cuestión de marcadores; el equipo luce previsible, con poca profundidad y muy distante de la versión sólida que se espera de un campeón defensor internacional.
Aun así, en La Noria se aferran a la idea de que el golpe anímico puede llegar justo en el escenario más adverso. Un día antes del partido de vuelta de los cuartos de final de la Concacaf Champions Cup, el vestidor se encomienda a la localía, a la altura y a la memoria de otras noches históricas para imaginar una nueva remontada. Cruz Azul, que defiende el título del torneo, recibirá a LAFC en su casa provisional, el Estadio Cuauhtémoc de Puebla, obligado a una gesta que roza lo milagroso.
Larcamón lo dejó claro en conferencia de prensa, acompañado por el zaguero argentino Gonzalo Piovi: la fe en el grupo sigue intacta. «Estamos determinados y lejos de creer que es una llave cerrada, nos estamos preparando para lograr la remontada, para clasificar a semifinales», afirmó. Su discurso, más que desafiar la lógica, busca reconstruir la confianza en un plantel que ha perdido seguridad y claridad de ideas.
El técnico subrayó la relevancia del entorno y de las condiciones específicas del duelo de vuelta: «Para mí es fundamental el contexto, vamos a ser locales, lo importante que va a ser el apoyo de nuestra gente, un equipo que no está acostumbrado a la altura, por lo que vamos a hacer nosotros en el desarrollo del partido. Los recursos que tiene que haber son los recursos que nosotros poseemos. Son muchos argumentos que me dan optimismo y esperanza para revertir la serie». En otras palabras, Larcamón apela a factores físicos, anímicos y tácticos que, combinados, puedan desnivelar una eliminatoria que parece sentenciada.
El problema es que el punto de partida es brutalmente adverso. En la ida, disputada en el BMO Stadium de Los Ángeles, LAFC fue letal: 3-0 contundente, golpeando en los momentos clave y aprovechando al máximo las debilidades defensivas cementeras. Con ese marcador, el panorama es claro: Cruz Azul necesita ganar por cuatro goles de diferencia para avanzar directamente a semifinales. Un 3-0 a favor enviaría la serie a la prórroga; cualquier otra victoria por uno o dos tantos, el empate o una nueva derrota significan eliminación inmediata.
Frente a ese escenario, la comparación inevitable es con los entrenadores que recientemente sí lograron activar la versión más feroz y competitiva de la Máquina. La memoria reciente remite a Vicente Sánchez, al frente del equipo en la final de la pasada Concachampions, donde Cruz Azul trituró 5-0 a Vancouver Whitecaps como local, también ante un club de la MLS. Aquella noche, la intensidad desde el primer minuto, la presión alta y la efectividad de cara al arco marcaron la diferencia.
Otro referente obligado es Martín Anselmi. Bajo su dirección, el equipo demostró que un 3-0 en contra no es sentencia definitiva. En los cuartos de final del Apertura 2024 ante Xolos de Tijuana, Cruz Azul llegó a la vuelta con el mismo marcador adverso que hoy tiene frente a LAFC. En el encuentro de revancha, firmó un 3-0 que le permitió avanzar por mejor posición en la tabla. Esa eliminatoria es un manual práctico de cómo se encaran los duelos de vida o muerte: agresividad desde el arranque, bloques cortos, ataques verticales y una convicción inquebrantable.
Si se dice que Larcamón debe «convertirse» en Anselmi no se trata solo de una frase efectista, sino de un cambio real de registro. El Cruz Azul de las últimas semanas ha sido un equipo más timorato, con menos ritmo y con dificultades para sostener la intensidad durante los 90 minutos. El Cruz Azul de Anselmi, en cambio, se distinguía por imponer condiciones, adelantar líneas y no permitir que el rival se sintiera cómodo. Larcamón, si busca la remontada, tendrá que abandonar cualquier planteamiento conservador.
Claves tácticas para una remontada al estilo Anselmi:
1. Presión alta y sostenida
LAFC sufre cuando se le incomoda la salida desde el fondo. Un Cruz Azul agresivo, que robe cerca del área rival, puede generar ocasiones rápidas y forzar errores. No hay margen para especular: cada minuto cuenta y el primer gol debe llegar lo antes posible.
2. Laterales profundos y volumen ofensivo
En las grandes noches recientes, la Máquina hizo daño explotando las bandas, con laterales y extremos doblando esfuerzos. Larcamón necesita que sus costados sean un arma constante, no solo una vía ocasional de ataque.
3. Ritmo alto aprovechando la altura
La altitud de Puebla puede convertirse en un aliado si el equipo local imprime un ritmo intenso desde el inicio. LAFC, poco acostumbrado a estas condiciones, puede resentir la exigencia física en el segundo tiempo, siempre que Cruz Azul los obligue a correr detrás del balón.
4. Gol tempranero como disparador anímico
Psicológicamente, el partido puede cambiar con un tanto en la primera media hora. Reducir rápido la diferencia activaría a la afición, llenaría de dudas a la visita y alimentaría la creencia del plantel en la remontada.
5. Gestión emocional y cero pánico atrás
Un gol de LAFC obliga prácticamente a meter cinco. Por eso, además de atacar con determinación, será crucial mantener el orden defensivo. La línea de fondo no puede desconectarse ni cometer errores individuales que tiren por la borda cualquier avance.
Más allá de la pizarra, Larcamón está obligado a trabajar la parte mental, algo en lo que Anselmi fue especialmente influyente. El equipo necesita recuperar la identidad: un conjunto que se siente capaz de dominar, no de reaccionar tarde y mal. El entrenador deberá convencer a sus futbolistas de que no se trata de una misión imposible, sino de una oportunidad para reconstruirse frente a su gente.
La afición también jugará un rol central. El Estadio Cuauhtémoc, convertido en hogar momentáneo, tiene que parecer una caldera desde el calentamiento. El contexto importa: si la grada empuja, los jugadores corren un metro más, arriesgan un pase extra y no bajan los brazos tras el primer fallo. Larcamón lo sabe, y por eso insiste en el «apoyo de nuestra gente» como uno de los argumentos de su esperanza.
Por otro lado, la comparación con Vicente Sánchez y Martín Anselmi deja una lección clara para el actual técnico: en las eliminatorias no hay espacio para la pasividad. Ambos entrenadores mostraron versiones de Cruz Azul que salieron a someter al rival, no a medirlo. Traducir esa actitud al presente significa arriesgar, pero la situación lo exige. Con 0-3 en contra, cualquier plan que no contemple un vendaval ofensivo carece de sentido.
También es un examen directo a la capacidad de Larcamón para adaptarse. Hasta ahora, se le ha visto insistente en ciertas ideas aun cuando el rendimiento caía. Este partido pide flexibilidad: ajustar nombres, modificar esquemas, apostar por futbolistas en mejor momento físico y emocional, incluso si eso implica sentar a jugadores de jerarquía.
Si Cruz Azul logra marcar pronto, defender con concentración y sostener la intensidad, la eliminatoria puede ir cambiando de color. No será sencillo, pero el futbol mexicano ya ha visto remontadas igual o más inverosímiles. La Máquina se aferra a esos antecedentes: el 5-0 a Vancouver, el 3-0 a Xolos tras una caída idéntica en la ida, y el peso de su historia como uno de los clubes más grandes de la región.
En síntesis, Larcamón no solo necesita un partido perfecto; requiere una metamorfosis: un equipo agresivo como el de Anselmi, inspirado como el de Vicente Sánchez en la final pasada y mentalmente fuerte para creer hasta el último minuto. Si consigue esa combinación, la hazaña dejará de ser un sueño para convertirse en una posibilidad real en la Concachampions. Si no, la eliminación confirmará que la actual etapa de la Máquina atraviesa su momento más crítico y que el proyecto del técnico argentino se encuentra en su punto de mayor cuestionamiento.
