Almeyda, de ídolo de chivas a opción del américa para relevar a jardine

¿Traición al rebaño? Almeyda pasa del «jamás al América» a favorito para sustituir a Jardine

El tricampeonato del América, logrado en diciembre de 2024, marcó una de las etapas más gloriosas en la historia reciente de las Águilas. Incluso, a mediados de 2025, el sueño del tetracampeonato parecía posible. Pero el impulso se agotó. Las dos últimas campañas han sido un duro golpe para la directiva, el cuerpo técnico, el plantel y una afición acostumbrada ya a levantar trofeos.

La figura de André Jardine, antes carismática y triunfadora, se ha ido desdibujando con el paso de los torneos. Aquella sonrisa permanente, el buen humor y el gesto con los dedos marcando «3 títulos» quedaron como una postal del pasado. Hoy se observa a un entrenador desgastado, irritable, superado por la presión y el estrés, aferrado más a terminar de forma digna el Clausura 2026 que a pelear verdaderamente por el título, algo que luce cada vez más lejano.

Frente a este escenario, en las oficinas de Coapa y en las altas esferas de Chapultepec ya se analiza seriamente la posibilidad de rescindir el contrato del técnico brasileño, al que todavía le restan tres torneos vigentes. Los argumentos en su contra se acumulan: resultados por debajo de lo esperado, un estilo de juego que ha dejado de enamorar y un vestidor que, sin estar totalmente roto, se percibe distante y sin la unidad de antaño.

Bajo la lógica de «en tiempos desesperados, medidas desesperadas», la dirigencia azulcrema se ha planteado opciones que hace unos años habrían parecido impensables. Entre ellas, la de contratar a un técnico con un fuerte vínculo emocional con el acérrimo rival: Chivas. La pregunta que resuena es inevitable: ¿el América está dispuesto a apostar por alguien que alguna vez personificó el espíritu rojiblanco?

Dentro del Nido se manejan principalmente tres nombres. El primero es Guillermo Almada, un entrenador con un estilo de juego muy atractivo y ofensivo, que encajaría perfectamente con la idea de un América protagonista. Sin embargo, su carácter fuerte y su personalidad controladora no terminan de convencer a la directiva, que teme choques constantes con jugadores y dirigentes. Eso lo coloca, por ahora, como el candidato con menos probabilidades de asumir el cargo.

Otro perfil que gusta en Coapa es el de Diego Alonso. El uruguayo ya había sido sondeado antes de la llegada de Jardine y su nombre se mantiene vigente en la baraja. Su experiencia en distintos países, su capacidad para trabajar con planteles competitivos y su conocimiento del futbol mexicano lo colocan como una opción sólida, aunque sin el impacto mediático de otros candidatos.

Y es ahí donde entra la carta más polémica de todas: Matías Jesús Almeyda. Campeón con las Chivas del Guadalajara en 2017, ídolo de buena parte de la afición rojiblanca y símbolo del resurgir del Rebaño en aquella época, el argentino se ha convertido, sorprendentemente, en el candidato más fuerte para relevar a Jardine de cara al Apertura 2026. Para varios directivos del América y para los nuevos socios que han tomado peso en las decisiones del club, su llegada sería un golpe maestro en lo deportivo… y en lo simbólico.

Sin embargo, hay un obstáculo que no se puede ignorar: su pasado rojiblanco y sus propias palabras. Hace nueve años, cuando Almeyda comenzaba el Clausura 2017 al mando de Chivas -torneo que terminaría coronando con el título-, fue tajante al hablar del América. En aquel entonces, declaró que nunca podría dirigir a las Águilas por el amor que le tenía al club tapatío y por los valores que decía defender.

«A Chivas lo quiero, lo tengo ya en mi corazón. No dirigiría al América, tengo principios, no creo que me identifique de un lugar a otro tan rápido por cómo soy yo. Tampoco dirigiré a Boca», dijo en su momento, marcando una frontera clara, no sólo con el equipo capitalino, sino también con otro gigante al que siempre se le ha vinculado por su pasado en River.

En esa misma línea, Almeyda también se refirió a los colores del rival eterno del Rebaño Sagrado con una frase que hoy vuelve a cobrar relevancia: «Quiero ganarle siempre al América, si puedo pisarlos los voy a pisar, pero los respeto». Aquellas palabras reforzaron su figura como «pastor» del Rebaño y héroe del antiazulcrema, consolidando una imagen que ahora se vería seriamente cuestionada si aceptara el reto en Coapa.

El contexto actual del técnico argentino, sin embargo, es muy distinto al de 2017. Tras su aventura europea, fue despedido recientemente por el Sevilla. Los resultados no respondieron a las expectativas del club andaluz y la paciencia se agotó a dos meses de terminar la temporada 2025-26. Hoy, Almeyda está libre en el mercado, sin proyecto y con la necesidad de replantear su carrera. En ese escenario, los famosos «principios» pueden volverse más flexibles si sobre la mesa aparecen condiciones deportivas atractivas y, por supuesto, una oferta económica difícil de rechazar.

Para el América, la llegada de Almeyda sería mucho más que un simple cambio de entrenador. Representaría una declaración de poder en la Liga MX: arrebatarle a Chivas no sólo jugadores, sino la figura de uno de los técnicos que mejor ha conectado con su esencia en la última década. Deportivamente, el argentino también encaja con la idea de un equipo protagonista: apuesta por la intensidad, la presión alta, el juego dinámico y la formación de grupos muy unidos en el vestidor, un punto que el club considera clave para recuperar la armonía perdida.

Pero la jugada no está exenta de riesgos. Parte de la afición americanista podría mirar con recelo a un técnico que hizo del «nunca al América» una de sus frases más recordadas. Habrá quienes se cuestionen si realmente se identificará con los colores azul y crema o si su pasado rojiblanco pesará en momentos clave. Del otro lado, la hinchada de Chivas probablemente sentiría la decisión como una traición profunda, similar -o incluso mayor- a la de aquellos futbolistas que han cruzado directamente de un bando al otro.

En el plano mediático, una hipotética llegada de Almeyda a Coapa incendiaría el debate. Se discutiría hasta qué punto la palabra de un profesional debe mantenerse por encima de su carrera, qué tan válido es cambiar de bando cuando las circunstancias cambian y qué pesa más: los sentimientos o la oportunidad de dirigir a uno de los clubes más poderosos del continente.

También habría un componente psicológico dentro del propio vestidor del América. Muchos jugadores recuerdan al Almeyda de Chivas como un motivador nato, capaz de generar vínculos muy fuertes con sus dirigidos. La directiva considera que ese perfil podría ser ideal para reencontrar el compromiso colectivo y recuperar la mística competitiva que se ha diluido en los últimos torneos. No se trata sólo de un nombre atractivo, sino de un modelo de gestión de grupo que, en teoría, podría encajar con las necesidades actuales del club.

Desde la perspectiva de Almeyda, aceptar el reto implicaría escribir un capítulo totalmente nuevo en su historia dentro del futbol mexicano. Pasaría de ser recordado como el pastor del Rebaño Sagrado a comandar la institución que tantas veces se planteó como su antagonista. Deportivamente, dirigir al América le ofrecería un plantel profundo, recursos importantes, vitrinas constantes y la posibilidad de pelear por títulos de inmediato. Su reputación internacional también se vería fortalecida si logra éxito en un club con tanta presión y exigencia.

La cuestión moral, sin embargo, no desaparece. Sus declaraciones de 2017 no se borran y formarán parte del debate público. ¿Puede un técnico evolucionar su postura con el paso del tiempo? ¿O aceptar ahora al América significaría renunciar a la imagen de hombre de palabra que proyectó durante sus días en Guadalajara? Ese dilema será uno de los puntos centrales si las negociaciones avanzan.

Mientras tanto, en Coapa se mantiene la cautela. Jardine sigue en el banquillo y, al menos de cara al cierre del Clausura 2026, tiene la oportunidad de revertir la percepción negativa y recuperar algo del brillo perdido. Sin embargo, el margen de error es mínimo. Cada resultado adverso, cada actuación gris y cada señal de desconexión en el vestidor acercan más la posibilidad de un cambio radical en el proyecto deportivo.

Lo único claro es que el nombre de Matías Almeyda ya está instalado en el entorno americanista. De ser el símbolo de la resistencia rojiblanca pasó, con el tiempo y las circunstancias, a convertirse en el candidato ideal para encabezar una nueva era en el América. Si esa transformación se concreta o queda sólo en un rumor cargado de morbo y polémica dependerá, en buena medida, de lo que suceda en las próximas semanas, tanto en el campo como en las oficinas.

Al final, la pregunta queda abierta: ¿sería una traición a Chivas o simplemente la decisión lógica de un profesional que busca el mejor proyecto disponible? La respuesta, como casi siempre en el futbol, dependerá de la camiseta que se lleve puesta… y del lugar desde el que se mire la historia.