Raphael Veiga rompe la sequía del América: primer gol, fin de la mala racha y mensaje directo a Jardine en plena crisis ofensiva
La falta de gol en el Club América había pasado de ser una simple mala racha a un problema estructural. Después de seis jornadas del Clausura 2026, el equipo apenas acumulaba tres tantos en la Liga MX, una cifra inadmisible para una de las plantillas más poderosas del país. Ante ese panorama, la directiva y André Jardine tomaron una decisión contundente: ir al mercado por un futbolista capaz de cambiar partidos por sí solo. El elegido fue Raphael Veiga, figura consagrada en el Brasileirao y protagonista en la Copa Libertadores.
El brasileño llegó a Coapa con el cartel de salvador ofensivo y, en su primera titularidad con la camiseta azulcrema en la Liga MX, respondió exactamente como se esperaba: con gol. En el duelo ante Puebla, disputado en el estadio Cuauhtémoc, Veiga convirtió su primer tanto como jugador del América y encendió una luz de esperanza en medio de la crisis goleadora.
La anotación cayó en el tramo final del primer tiempo, cuando las Águilas dominaban el encuentro, pero seguían fallando en la última zona. Corría el minuto 43 cuando Isaías Violante recibió por la banda derecha, levantó la cabeza y envió un centro milimétrico hacia el corazón del área. Veiga, atacando el espacio entre los defensores, se elevó y conectó un cabezazo sólido en los límites del área chica, imposible para el arquero poblano. El balón terminó en el fondo de la red y, con él, se rompieron varias rachas negativas que pesaban sobre el club.
No se trató sólo del primer gol de Veiga en el campeonato, sino del fin de un largo ayuno fuera de casa. América no marcaba como visitante en Liga MX desde el 24 de octubre de 2025, cuando anotó dos veces frente a Mazatlán en la jornada 15 del Apertura 2025. Es decir, casi cinco meses sin celebrar un tanto en patio ajeno dentro del torneo local. El gol del brasileño no sólo fue un alivio, fue un corte simbólico a una de las cifras más preocupantes de la era reciente del club.
En competencias internacionales, el panorama era algo distinto, pues el equipo había logrado marcar dos goles ante Olimpia en Honduras dentro de la Concachampions. Sin embargo, la sequía en el campeonato local seguía marcando la narrativa alrededor del equipo. Por eso, el impacto emocional de la anotación de Veiga va más allá del marcador ante Puebla: representa un punto de inflexión en la confianza del vestidor y en el discurso alrededor de Jardine.
La situación de la delantera americanista también tiene un protagonista indirecto: Henry Martín. Pese a ser uno de los máximos goleadores en la historia reciente del club, el atacante yucateco arrastra una racha preocupante. No marca en Liga MX desde el 18 de mayo de 2025, cuando convirtió desde el punto penal en las semifinales del Clausura 2025 frente a Cruz Azul. Desde entonces, su aporte en el marcador se ha esfumado y, con la llegada de Veiga, la presión sobre su rendimiento aumenta de forma significativa.
Jardine utilizó a Raphael Veiga como mediapunta, colocado detrás del centro delantero, con libertad para moverse entre líneas, recibir de espaldas y llegar al área en segunda línea. Esa posición le permite estar cerca del gol sin perder su rol de generador de juego. No obstante, el propio diseño táctico abre la puerta a cambios más radicales si la crisis de Henry Martín se mantiene. El técnico tiene la opción de adelantar aún más a Veiga o apostar por Víctor Dávila como ‘nueve’ titular, lo que pondría en riesgo las aspiraciones del yucateco de mantenerse en la órbita de la Selección Mexicana rumbo al Mundial 2026.
Antes del silbatazo inicial en Puebla, América ocupaba el décimo lugar de la tabla general con 8 puntos, producto de dos victorias, dos empates y dos derrotas. Una cosecha discreta para un club que está obligado cada torneo a pelear por los primeros puestos. El tanto de Veiga significó apenas la cuarta anotación del conjunto en siete encuentros, un registro que contrasta drásticamente con el potencial ofensivo disponible en el plantel.
La preocupación es lógica: América presume una de las nóminas más completas y costosas del futbol mexicano. Entre extranjeros de jerarquía, seleccionados nacionales y jóvenes con proyección, la falta de gol expone un problema de funcionamiento, no de nombres. La directiva ha invertido para que el equipo sea protagonista y los números en ataque, hasta antes del gol de Veiga, no correspondían a esa inversión ni a las expectativas generadas.
El desembarco de Raphael Veiga se entiende precisamente como un intento de equilibrar esa balanza. En Brasil se caracterizaba por su capacidad para sumar goles desde la segunda línea, su precisión en el último pase y su sangre fría en momentos clave. Su debut goleador en Liga MX refuerza la idea de que puede convertirse en el líder futbolístico que América necesita en la zona de tres cuartos de cancha, tanto para asistir como para definir.
Más allá de la estadística, su gol también tiene una lectura anímica. El jugador brasileño llegaba con la presión de ser considerado uno de los fichajes estelares del mercado y sabía que cada partido sin marcar aumentaría el ruido alrededor de su rendimiento. Al estrenarse tan pronto, se quita de encima ese peso y le permite trabajar con mayor tranquilidad. Para el vestidor, ver que el refuerzo responde también manda un mensaje de competencia interna: nadie tiene garantizado el puesto si no aporta.
La jugada del gol evidencia algo que Jardine había insistido en los últimos días: el equipo estaba generando ocasiones, pero fallaba en la contundencia. Ante Puebla, las Águilas fueron superiores durante varios tramos del primer tiempo, aunque seguían perdonando en el área rival. La conexión Violante-Veiga es una pista de por dónde puede crecer el equipo: amplitud por bandas, centros precisos y llegadas sorpresivas desde atrás por parte del brasileño.
En lo táctico, este tanto también puede influir en la pizarra de Jardine para los próximos partidos. El éxito de Veiga llegando al área obliga al técnico a potenciar ese rol de mediocampista de llegada. Podría rodearlo de futbolistas que liberen espacios entre centrales y contenciones rivales, permitiendo que el brasileño ataque esos huecos. De igual forma, puede ajustar la función del centro delantero para que arrastre marcas y libere al ’10’ de la presión directa.
La situación de Henry Martín entra en un punto crítico. Su sequía, sumada al impacto inmediato de Veiga, puede acelerar decisiones. Si el yucateco no retoma el camino del gol a corto plazo, el escenario más probable es que pierda protagonismo en el once inicial. En ese contexto, Víctor Dávila se perfila como la alternativa natural, especialmente por su movilidad y capacidad para participar en el juego asociativo que busca Jardine. Cada jornada sin anotar reduce las opciones de Martín de mantenerse como referente ofensivo de América y de sostener su candidatura para el Mundial.
Desde la perspectiva de la afición, el gol de Veiga funciona como una válvula de escape. El mal arranque goleador había generado críticas constantes hacia el entrenador y hacia varios futbolistas que, en otros momentos, habían sido pilares del equipo. La llegada del brasileño y su rápida respuesta abren un nuevo relato: el de un América que, aunque sigue en construcción en este Clausura 2026, tiene herramientas para revertir la tendencia.
El reto, sin embargo, no se acaba con un gol. La estadística de cuatro tantos en siete partidos sigue siendo insuficiente para un club que aspira al título. El gran desafío de Jardine será transformar esta primera señal positiva en una tendencia sostenida: que el equipo no dependa exclusivamente de Veiga, sino que lo integre como pieza clave de un sistema donde varios jugadores se repartan la responsabilidad de marcar.
En el corto plazo, los próximos compromisos del América servirán para medir si el gol ante Puebla fue un punto de inflexión real o un simple respiro en medio de la tormenta. La exigencia será que el conjunto no vuelva a caer en los mismos problemas de definición, especialmente como visitante, donde la presión ambiental suele ser mayor. Cualquier paso atrás reavivaría la narrativa de crisis que el tanto de Veiga ha logrado atenuar momentáneamente.
Lo que sí ha quedado claro es que la apuesta por Raphael Veiga empieza a justificar el esfuerzo de la directiva. Su impacto inmediato, su capacidad para romper rachas negativas y la manera en que se ha adaptado al contexto de la Liga MX sugieren que puede convertirse en el termómetro ofensivo del América en 2026. Si el equipo logra acompañarlo con mayor coordinación en ataque y si la competencia interna eleva el nivel de todos, el gol en el Cuauhtémoc podría recordarse como el inicio de la recuperación azulcrema en plena crisis de gol.
