Daniel Guzmán se vuelve tendencia por un comercial de escuelitas de futbol… por las razones equivocadas
Quienes se dedican a la mercadotecnia suelen repetir una frase: «no existe la mala publicidad, lo peor es que no hablen de ti». Lo que ocurrió recientemente con Daniel Guzmán parece confirmar esa teoría. Un sencillo promocional de una escuela de futbol infantil terminó convirtiéndose en un fenómeno viral, pero no precisamente por su efectividad técnica o su brillante ejecución frente al balón.
El protagonista del video es el exdelantero y exdirector técnico mexicano Daniel «Travieso» Guzmán, un personaje querido por muchos aficionados, pero que llevaba bastante tiempo fuera del foco mediático. De pronto, un breve comercial para impulsar una academia de futbol en Estados Unidos lo regresó al centro de la conversación… aunque rodeado de memes, risas y críticas.
El objetivo del video era claro: invitar a madres y padres de familia a inscribir a sus hijos en la escuela de futbol que Guzmán impulsa en la zona de San Diego, California. En teoría, nada complicado. Sin embargo, la ejecución terminó siendo todo lo contrario. El exjugador aparece intentando dominar el balón con los pies y con la cabeza, mientras lanza un mensaje promocional. El problema es que casi nada sale como estaba planeado.
En las imágenes se observa a Guzmán inseguro con el balón, con un dominio torpe y lejos de la imagen de un exprofesional que muchos recordaban. Apenas logra tocar el esférico cinco veces con las piernas y, de manera poco convincente, intenta un contacto de cabeza en el que solo roza la pelota. Lejos de transmitir seguridad y habilidad, el video deja ver nerviosismo, falta de precisión y una postura corporal poco natural para alguien que vivió muchos años dentro de una cancha.
A esto se suma que el «Travieso» tampoco consigue recitar con fluidez el mensaje que debía decir. Se nota que no se aprendió bien el guion: habla de forma titubeante, se confunde con el nombre de la academia y remata con una frase que parecía improvisada. En un momento menciona:
«Todo esto lo pueden aprender en la nueva academia de Edgar Gastillo… (creemos que es Castillo) academia», suelta, tras un dominio forzado del balón. Y remata: «Sí, en Riverside, San Diego, es la mejor escuela, que acaba de iniciar y van a aprender todo».
Más allá de los tropiezos, lo que más sorprendió a muchos es que, pese a los evidentes errores, esa toma se haya usado tal cual en la edición final. En plena era de la producción digital, con la posibilidad de repetir las escenas cuantas veces sea necesario, cuesta entender por qué eligieron precisamente la versión en la que Guzmán luce menos coordinado y más nervioso. Esa elección editorial terminó siendo el combustible perfecto para que el material explotara en redes.
Las reacciones no tardaron: usuarios señalando la «poca técnica» mostrada en el video, burlas sobre el nivel del dominio de balón y comparaciones con aficionados comunes que, según ellos, podrían hacerlo mejor. Muchos también ironizaron con que, si eso era lo que se ofrecía aprender en la academia, quizá lo mejor sería pensarlo dos veces. El tono de la conversación se llenó de memes, ediciones humorísticas y frases sacadas de contexto del propio comercial.
Sin embargo, detrás del escarnio también hay un matiz interesante. Para una parte del público, el video resultó entrañable: un exjugador ya veterano, claramente fuera de ritmo, intentando apoyar un proyecto de formación infantil y equivocándose en cámara. En lugar de indignación, generó una suerte de risa cómplice y cierta empatía. No pocos señalaron que el clip, aunque desastroso desde el punto de vista técnico, humanizaba al «Travieso» y lo mostraba tal cual es, sin filtros ni poses.
El caso ha abierto además un debate sobre la exposición de exfutbolistas en campañas publicitarias. Muchos clubes y academias recurren a viejas glorias para ganar credibilidad, pero no siempre se cuida la preparación previa: no se ensaya el guion, no se revisa si el exjugador está en condiciones físicas mínimas para hacer jugadas en cámara, ni se cuida la calidad del producto final. El resultado, como en este caso, puede convertirse en un boomerang mediático.
Paradójicamente, la escuela que Guzmán intenta promocionar recibió una difusión masiva que difícilmente hubiera logrado con un video perfectamente producido pero poco llamativo. En este sentido, la famosa idea de que «hablen bien o mal, pero que hablen» se vuelve a poner sobre la mesa. Aunque el motivo inicial fueran las burlas, el nombre del «Travieso» y su academia en la zona de Riverside-San Diego se instaló de manera contundente en la conversación futbolera.
Conviene recordar quién es Daniel Guzmán para entender por qué sorprendió tanto su poca soltura con el balón en el comercial. Nacido el 31 de diciembre de 1965 en Guadalajara, Jalisco, hoy tiene 60 años. Debutó profesionalmente en 1984 con los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara y se retiró en 1998 defendiendo la camiseta de los Tuzos del Pachuca. En el camino, pasó por un total de ocho clubes del futbol mexicano, consolidándose como un delantero fuerte, con olfato goleador y presencia en el área.
Su trayectoria como jugador lo llevó a ser una figura reconocida en la Liga mexicana durante los años 80 y 90. Era un atacante combativo, no precisamente un malabarista del balón, pero sí efectivo y respetado. Tras colgar los botines, se reinventó en el banquillo y dirigió a varios equipos de primera división. Su carrera como director técnico fue igualmente extensa, con múltiples oportunidades al frente de distintos clubes, consolidando una imagen de entrenador intenso, pasional y cercano al jugador.
Esta carrera contrasta con la imagen que proyecta el comercial. Para quienes lo recuerdan imponiéndose en el área rival, verlo batallando por controlar un balón en un escenario aparentemente sencillo produce un choque inevitable. No obstante, es importante considerar el paso del tiempo: con 60 años, lejos ya de las exigencias del alto rendimiento y posiblemente sin el entrenamiento constante de antaño, es normal que las condiciones físicas hayan cambiado.
También hay un componente de expectativa poco realista por parte del público. Muchos aficionados esperan que los exjugadores conserven de por vida la destreza exhibida en sus mejores años, olvidando que la técnica también se oxida, que la coordinación se pierde y que el cuerpo no responde igual. El video de Guzmán es un recordatorio incómodo de esa brecha entre la memoria idealizada del ídolo y la realidad actual.
Desde la perspectiva de la comunicación deportiva, el episodio deja varias lecciones. La primera: si vas a utilizar a una figura histórica para promocionar una escuela de futbol, necesitas cuidar cada detalle. Un ensayo básico del guion, un calentamiento previo para el protagonista, repetir tomas hasta lograr un dominio aceptable del balón y una edición que proteja la imagen del exfutbolista son pasos mínimos. De lo contrario, se corre el riesgo de que el proyecto termine siendo motivo de burla en lugar de admiración.
La segunda lección tiene que ver con la autenticidad. Aunque el video es torpe, no se percibe falso: Guzmán parece ser él mismo, sin maquillaje digital, sin dobles ni trucos. En un entorno saturado de contenidos pulidos hasta la exageración, esa torpeza genuina también puede conectar con cierta audiencia cansada de la perfección artificial. El problema fue no equilibrar esa autenticidad con un estándar mínimo de calidad.
Para las academias de futbol infantil, casos como este deberían motivar una reflexión más profunda. No basta con usar el nombre de una exfigura para atraer alumnos; es fundamental que el mensaje transmita confianza en el proceso formativo, claridad en los objetivos y coherencia entre lo que se promete y lo que se muestra. Si la idea es que los niños «aprendan todo», como dice Guzmán en el video, conviene mostrar entrenamientos reales, testimonios de alumnos, ejercicios bien ejecutados y no únicamente a un ídolo del pasado luchando por dominar un balón.
Al final, el «Travieso» volvió a ser noticia, volvió a sonar en el entorno futbolero y se ganó, para bien o para mal, un nuevo capítulo en su historia pública. Lo que comenzó como un simple comercial para llenar grupos en una escuela de futbol se transformó en un caso de estudio sobre marketing, percepción, nostalgia y el paso del tiempo en las figuras deportivas. Tal vez no fue el regreso soñado, pero sí uno del que todos terminaron hablando. Y en el mundo de la publicidad, eso, a veces, vale oro.
