Liga MX 2026: la imagen en el Soldier Field que hizo emocionar a la afición del América
Cuando la Selección Mexicana juega en Estados Unidos, la sensación es siempre la misma: parece que el Tri actúa como local. La enorme comunidad mexicana en aquel país convierte cada estadio en una sucursal del Azteca, con banderas, playeras verdes y cánticos que se escuchan desde el calentamiento. Chicago no será la excepción ahora que México se mide a Bélgica en el mítico Soldier Field, escenario que vuelve a recibir al combinado nacional después de dos años de ausencia.
La última vez que el Tri pisó este inmueble fue en 2022, aún bajo la dirección técnica de Gerardo Martino, en un duelo amistoso frente a Ecuador. Hoy, la Ciudad de los Vientos se prepara de nuevo para una fiesta futbolera con el enfrentamiento ante Bélgica, el último compromiso de esta Fecha FIFA, después del empate sin goles ante Portugal el pasado sábado.
En la víspera del partido, la Selección Mexicana realizó el ya habitual reconocimiento de cancha. Fue en ese momento, durante los minutos previos al entrenamiento, cuando se dio una escena que tocó fibras sensibles entre los aficionados del Club América: sobre el césped del Soldier Field se reunieron cuatro futbolistas ligados al conjunto azulcrema, ya sea en el presente o en el pasado reciente: Álvaro Fidalgo, Erick Sánchez, Israel Reyes y Julián Quiñones.
La imagen de estos cuatro jugadores conversando, sonriendo y compartiendo impresiones desató una ola de nostalgia entre los seguidores de las Águilas. Para muchos, fue como un breve viaje al pasado, a esa etapa dorada en la que América dominó la Liga MX y se coronó bicampeón, marcando una de las épocas más brillantes en la historia reciente del club.
Estos futbolistas coincidieron en el inolvidable Clausura 2024, torneo en el que América se consagró campeón en una dramática final ante Cruz Azul. Aquella serie, además, tuvo un valor simbólico especial: fue el último partido disputado en el Estadio Azteca antes de su cierre temporal para la remodelación rumbo a grandes eventos internacionales. La afición aún recuerda cada jugada, cada grito y cada celebración de esa noche histórica.
Después de ese título, los caminos comenzaron a separarse. Julián Quiñones puso rumbo al futbol árabe, tentado por una oferta económica y deportiva que el club no pudo igualar. Fidalgo, Sánchez y Reyes se mantuvieron aún un torneo más y lograron sumar otra estrella al escudo en el Apertura 2024, venciendo en la final a Rayados de Monterrey y consolidando el bicampeonato.
Con el tiempo, la desintegración de aquel equipo era inevitable. Hoy, de ese grupo que posó en el césped del Soldier Field, solo continúan en la plantilla americanista Israel Reyes y Erick Sánchez. Álvaro Fidalgo dio el salto al futbol español para vestir la camiseta del Real Betis, cumpliendo un anhelo personal de competir en una de las ligas más importantes del mundo. Quiñones, por su parte, continúa su aventura en Medio Oriente.
La salida de Julián Quiñones fue dolorosa, pero la de Fidalgo resultó especialmente sensible para el conjunto de Coapa. El mediocampista español se había convertido en el cerebro del equipo, en el enlace perfecto entre la recuperación y la creación de juego. Su capacidad para organizar, pausar o acelerar el ritmo y su entendimiento con sus compañeros lo hicieron indispensable. Su partida dejó un hueco difícil de llenar en el esquema de André Jardine.
Esa es precisamente una de las razones por las que, en la actualidad, el América atraviesa un momento complejo. Tras 12 jornadas disputadas en la Liga MX, las Águilas se ubican en la octava posición con 17 puntos, apenas dentro de los puestos de clasificación a la Liguilla. Un lugar demasiado modesto para una institución acostumbrada a pelear siempre los primeros sitios y a ser protagonista jornada a jornada.
El próximo compromiso liguero ante Santos Laguna se presenta como una prueba clave. Más allá de los tres puntos, el equipo de Jardine necesita reencontrarse con su identidad: un conjunto ofensivo, intenso, que domina los partidos y no depende únicamente de los chispazos individuales. Enfrentarse a un rival incómodo como Santos puede servir para medir el carácter de un plantel que ha sufrido cambios, pero que sigue obligado a competir por el título.
Para los aficionados, ver a Fidalgo, Sánchez, Reyes y Quiñones posando en un estadio emblemático de Estados Unidos significó algo más que una simple postal. Fue un recordatorio de lo que fue y, al mismo tiempo, un espejo en el que se reflejan las dudas del presente. Aquella generación que levantó trofeos dejó la vara muy alta, y cualquier tropiezo actual se compara inevitablemente con esos momentos de gloria.
También es cierto que la nostalgia convive con la esperanza. El recuerdo de ese América ganador sirve como referencia y como exigencia interna. Directiva, cuerpo técnico y jugadores actuales saben que la afición no se conforma con poco: quiere volver a ver a su equipo dominando la Liga MX, clasificando a la Liguilla sin sobresaltos y soñando con nuevos campeonatos, una vez reabierto el renovado Estadio Azteca.
La escena en el Soldier Field, con los cuatro ex y actuales americanistas enfundados en la indumentaria del Tri, refleja además otra realidad: el impacto que tuvo aquel América en la Selección Mexicana. Varios de los futbolistas que se consolidaron en Coapa se ganaron un lugar en el combinado nacional, demostrando que el exitoso ciclo azulcrema también aportó al crecimiento del futbol mexicano a nivel de selecciones.
De cara al duelo ante Bélgica, la afición del América tiene un aliciente extra para seguir el partido con atención. No solo se trata de apoyar al Tri, sino de observar a esos viejos conocidos que en su momento se convirtieron en ídolos o piezas clave del club. Cada toque de balón, cada jugada, puede despertar recuerdos de finales, goles decisivos y tardes de gloria en el Azteca.
En el plano anímico, este tipo de reencuentros suele ser positivo para los propios jugadores. Recordar una etapa exitosa, ver a excompañeros, intercambiar anécdotas y bromas ayuda a recuperar confianza y motivación. Para alguien como Erick Sánchez o Israel Reyes, que siguen vistiendo la camiseta azulcrema, ver a Fidalgo o Quiñones triunfando en otras ligas también funciona como impulso para seguir creciendo y asumir roles más importantes dentro del América.
En el seno del club, la tarea inmediata pasa por estabilizar el rendimiento. André Jardine se enfrenta al reto de rediseñar el funcionamiento colectivo sin su cerebro en el mediocampo y sin un atacante tan desequilibrante como Quiñones. Esto implica ajustar el sistema, repartir responsabilidades creativas y, posiblemente, dar mayor protagonismo a jóvenes que buscan consolidarse en Primera División.
La dirección deportiva, por su parte, ya piensa en el futuro cercano. La planificación para el mercado de fichajes será fundamental si el América quiere recuperar el dominio de años recientes. Más allá de nombres rimbombantes, la clave estará en encontrar perfiles que se adapten a la idea de juego y que puedan, en conjunto, compensar la ausencia de figuras como Fidalgo o Quiñones. La exigencia será alta, porque la afición ya sabe lo que es ver a su equipo arrasar en la Liga MX.
Mientras tanto, la imagen captada en el césped del Soldier Field quedará en la memoria de muchos. Una simple fotografía bastó para que, a miles de kilómetros de la Ciudad de México, los seguidores azulcremas sintieran un nudo en la garganta. Entre la melancolía por lo que ya pasó y la ilusión por lo que puede venir, el América vive un momento de transición en el que el recuerdo de su época dorada sirve tanto de consuelo como de presión para volver a lo más alto.
