«América es el mejor equipo de México». Desde Inglaterra, Raúl Alonso Jiménez no titubea al momento de elegir al club más grande del país y, de paso, le cierra la puerta a cualquier posibilidad de que Chivas pueda arrebatarle ese lugar a las Águilas, incluso en un momento donde el Rebaño Sagrado vive un gran Torneo Clausura 2026 en la Liga MX.
Mientras Guadalajara presume un paso firme en la fase regular y se mantiene en lo más alto de la clasificación, el delantero surgido de Coapa se mantiene fiel a los colores que lo vieron debutar. Para él, más allá de la tabla de posiciones o de la inercia del torneo, la jerarquía histórica y el peso mediático del América lo colocan por encima de su acérrimo rival.
En una dinámica especial realizada en el entorno de la Premier League, a Jiménez se le cuestionó directamente por el mejor equipo de su país. La respuesta fue inmediata y sin rodeos: «El mejor equipo de mi país es el América». No hubo lugar para matices ni explicaciones extensas; lo dijo con plena convicción, como alguien que no necesita justificar lo que siente.
La entrevista dio un giro cuando el conductor insistió con una pregunta que suele dividir a todo México futbolero: «¿No es el Guadalajara?». Lejos de dudar, Raúl respondió con todavía más firmeza: «No, no, no, imposible». Con esa sola frase terminó de encender la eterna rivalidad entre azulcremas y rojiblancos, recordando que el Clásico Nacional no solo se juega en la cancha, sino también en declaraciones que calan hondo entre las aficiones.
A pesar de que, en el Clausura 2026, Chivas ha logrado imponer condiciones en la fase regular y presume una de sus mejores versiones de los últimos años, para el atacante del Fulham eso no altera la balanza histórica. Jiménez entiende que los torneos pasan, las rachas cambian, pero en su perspectiva, el peso del América se mide en títulos, en presencia internacional, en figuras exportadas a Europa y en la presión constante de ser protagonista temporada tras temporada.
No es casualidad que Raúl mantenga este discurso. Formado en las fuerzas básicas americanistas, fue en el Estadio Azteca donde dio sus primeros pasos como profesional, se ganó un lugar en la Selección Mexicana y llamó la atención del futbol europeo. Esa conexión emocional con el club explica por qué, aun estando a miles de kilómetros de distancia, sigue defendiendo los colores azulcrema con la misma pasión de sus años juveniles.
El impacto de sus palabras va más allá del fanatismo. Futbolísticamente, América y Chivas representan dos proyectos opuestos: uno que se refuerza con futbolistas nacionales y extranjeros, y otro que se mantiene fiel a la tradición de jugar solo con mexicanos. Jiménez, como futbolista formado en un entorno de alta competencia interna con jugadores de distintos países, parece inclinarse por el modelo que siempre apostó a tener la plantilla más poderosa disponible.
Mientras tanto, en Inglaterra, el presente de Raúl está ligado al Fulham, club con el que busca retomar su mejor versión goleadora. Cada partido en la Premier League es para él una oportunidad de demostrar que sigue teniendo el nivel para ser el ‘9’ de referencia en la Selección Mexicana de cara al próximo gran reto: la Copa del Mundo de 2026, que se disputará en México, Canadá y Estados Unidos.
Su objetivo es claro: mantenerse en la órbita del seleccionador Javier Aguirre y consolidarse como una pieza inamovible en el esquema del Tri. Jiménez sabe que, para lograrlo, necesita algo más que declaraciones polémicas o recuerdos de su pasado: requiere goles, regularidad y un estado físico óptimo que le permita competir al máximo nivel durante toda la temporada.
El Mundial de 2026 se ha convertido en una especie de cuenta pendiente en su carrera. Después de participar en Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022 sin poder marcar, el delantero reconoce que tiene una deuda personal con los Mundiales. Para él, la próxima edición no es solo otra participación, sino la gran oportunidad de, por fin, anotarse en la lista de goleadores mexicanos en la máxima cita del futbol.
En una reciente charla, Raúl dejó muy clara la dimensión emocional de este reto: «Nada se compara con jugar un Mundial en tu casa». Esa frase resume lo que significa para un futbolista vivir una Copa del Mundo en territorio conocido, con la presión, pero también con el respaldo incondicional de su gente. Jiménez lo sabe y por eso ha manifestado que no descansará hasta brillar con la Selección Nacional en 2026.
Con México designado como sede de varios partidos de la Fase de Grupos y con el Estadio Azteca como escenario central, las expectativas en torno a él se disparan. La afición espera ver a un Raúl decisivo, dejando atrás las lesiones y la mala fortuna de ediciones anteriores. Cada gol que marque en la Premier será interpretado como una señal de que puede llegar en plenitud a la justa mundialista.
Su ambición no se limita a estar en la convocatoria; quiere ser titular, ser protagonista y romper la sequía que lo ha acompañado en las tres Copas del Mundo previas. Para conseguirlo, su plan pasa por sumar tantos goles como le sea posible con el Fulham, aprovechar al máximo cada concentración con el Tri y adaptarse a lo que le pida Javier Aguirre, ya sea como único centrodelantero o compartiendo ataque con otros referentes ofensivos.
El contexto también juega a su favor. Jiménez no es el mismo joven que debutó en Brasil 2014, sino un futbolista con experiencia en varias ligas, que ha enfrentado a defensas de élite y que sabe manejar la presión de los grandes escenarios. Esa madurez podría ser la clave para que, en 2026, su rol con la selección sea más influyente, tanto dentro como fuera de la cancha, apoyando a las nuevas generaciones que están irrumpiendo en el combinado nacional.
Volviendo al Clásico Nacional, sus declaraciones son un recordatorio de que la rivalidad América-Chivas trasciende el momento de forma de cada club. Aunque el Rebaño viva un buen torneo, exfiguras americanistas como Jiménez siguen reforzando la narrativa de que la grandeza no se mide solo por una buena campaña, sino por la constancia en la élite, la presión por el título cada semestre y la historia acumulada.
Para la afición de Guadalajara, sus palabras son un nuevo capítulo en una larga lista de provocaciones y respuestas cruzadas que acompañan cada enfrentamiento entre ambos equipos. Para los hinchas azulcremas, en cambio, representan una reafirmación de identidad: una figura vigente en Europa les recuerda que, desde su punto de vista, América sigue siendo el referente máximo del futbol mexicano.
Este tipo de comentarios también influyen en el ambiente previo a los enfrentamientos directos. Cuando un futbolista de la talla de Raúl Jiménez se pronuncia con tanta contundencia, los Clásicos adquieren un matiz adicional: no solo está en juego el resultado del partido, sino la oportunidad de responder en la cancha a lo que se dijo fuera de ella. Si Chivas mantiene su buen paso, cada victoria ante América será vista como una forma de desmentir ese «imposible» que lanzó el delantero.
Al final, la figura de Raúl Alonso Jiménez se mueve en dos frentes: por un lado, el del amor inquebrantable por el club de sus orígenes, América, al que continúa defendiendo desde la distancia; por otro, el del compromiso con la Selección Mexicana, a la que quiere representar de la mejor forma posible en un Mundial que puede marcar un antes y un después en su carrera.
Su mensaje es claro: en su corazón, América sigue siendo el más grande de México y no ve a Chivas a la altura de ese estatus, sin importar el buen momento rojiblanco. Paralelamente, en su mente solo hay un objetivo deportivo superior: llegar al 2026 convertido en el delantero que, por fin, se quite la espina de los Mundiales y haga vibrar a todo un país con sus goles en casa.
