Uriel Antuna recibe una lluvia de abucheos en el Akron en el Guadalajara vs Pumas
El regreso de Uriel Antuna al Estadio Akron como jugador de Pumas estuvo lejos de ser una noche tranquila. Apenas su nombre fue anunciado por el sonido local, como parte del once inicial de Efraín Juárez para enfrentar a Chivas en el cierre de la Jornada 13 del Clausura 2026, el estadio explotó… pero no en aplausos, sino en un abucheo generalizado que recorrió todas las tribunas de Zapopan, Jalisco.
La reacción de la afición rojiblanca fue inmediata y unánime. El recuerdo del paso del «Brujo» por el Rebaño Sagrado sigue siendo amargo para muchos seguidores, que nunca quedaron del todo satisfechos con su rendimiento ni con la manera en que abandonó la institución. Cada mención de su nombre, cada toque de balón en los primeros minutos, fue acompañado por silbidos y rechiflas, subrayando que la herida con el exjugador de Chivas sigue abierta.
El contexto del partido también ayudó a calentar el ambiente. Guadalajara y Pumas se enfrentaban en un duelo cargado de historia, una de las rivalidades más significativas del futbol mexicano. No era un juego más: se trataba de un choque entre dos equipos que ya se han visto las caras incluso en una final, la del Clausura 2004, una serie que marcó un antes y un después en la tensión entre ambas instituciones.
En aquella final, recordada como uno de los episodios más intensos del balompié nacional, Pumas terminó levantando el título en tanda de penales, silenciando a un entorno repleto de presión y polémica. Ese título universitario, obtenido en la casa rojiblanca, fue el punto más alto de una rivalidad que desde entonces arrastra episodios de provocaciones, declaraciones y gestos que alimentan el antagonismo entre las dos aficiones.
Uno de los momentos más icónicos de esa época fue la campaña de desplegados pagada por el entonces dueño de Chivas, Jorge Vergara, ya fallecido. Tras un triunfo de Guadalajara ante los felinos en temporada regular, apareció en los diarios una frase que se volvió célebre: «me pareció ver a un lindo gatito». Aquella burla encendió la molestia en Pumas y caló hondo en el vestuario universitario.
El brasileño Ailton da Silva respondió en la cancha y también fuera de ella. Una vez consumado el título para Pumas en la final del Clausura 2004, el mediocampista mostró una camiseta con la leyenda «gatitos ni madres», un mensaje directo hacia el entorno rojiblanco y, de manera simbólica, hacia el propio Vergara. Esa imagen quedó grabada como uno de los símbolos de la rivalidad entre Chivas y Pumas.
El antagonismo no se quedó solo en directivos o declaraciones. La figura de Vergara llegó a incomodar tanto que incluso inspiró temas musicales que lo señalaban de forma abierta, reflejando la magnitud de la polémica que generaba su figura para seguidores de otros clubes, especialmente entre los simpatizantes universitarios. Fue una etapa en la que la rivalidad se vivía no solo en la cancha, sino también en los medios y en la cultura popular.
Con el paso del tiempo, el foco dejó de estar únicamente en los directivos y se desplazó a los futbolistas, a esos jugadores que han vestido ambas camisetas y que terminan convertidos en símbolos de amor y odio según el lado de la trinchera. Pese a que varios han pasado por los dos clubes, pocas historias han generado tanto ruido reciente como las de César «Chino» Huerta y ahora Uriel Antuna.
El caso de Huerta es un antecedente clave para entender el ambiente que rodeó a Antuna en su regreso al Akron. El «Chino» surgió de las fuerzas básicas de Chivas, pero nunca logró consolidarse como la figura esperada en el primer equipo rojiblanco. Terminó saliendo en 2022 y su destino fue precisamente Pumas, donde su carrera dio un giro radical. En Ciudad Universitaria encontró continuidad, confianza y un esquema de juego que potenciaba sus habilidades.
La explosión futbolística de Huerta con los universitarios incluyó un momento especialmente simbólico: aquel gol que le marcó a Chivas, con el que no solo celebró en la cancha, sino también a través de un mensaje en su camiseta con la frase «Re-Hecho en C.U.». Ese gesto fue una declaración de principios: un jugador que no había encontrado su mejor versión en Guadalajara, pero que se reconstruyó y brilló en la cancha de Pumas antes de dar el salto al futbol europeo, donde ahora milita con el Anderlecht de Bélgica.
En ese contexto aparece la figura de Uriel Antuna. Al igual que Huerta, vivió una etapa complicada con el Rebaño Sagrado. Sus destellos de calidad nunca terminaron de traducirse de forma consistente en la cancha, y parte de la afición lo identificó más con actuaciones irregulares y momentos de frustración que con la etiqueta de jugador determinante. Su salida dejó sensaciones divididas, pero en buena parte de la grada predominó la crítica.
Por eso, su presencia en el once titular de Pumas en este duelo del Clausura 2026 fue vista casi como una provocación por algunos seguidores rojiblancos. Cada abucheo reflejaba no solo el rechazo hacia su pasado, sino también el temor a que, como ocurrió con Huerta, encontrara en el equipo universitario el escenario ideal para relanzar su carrera. Y el guion del partido pareció alimentar esa narrativa.
Pese a la hostilidad en las tribunas, Antuna respondió de la forma que más duele a una afición: con futbol. El «Brujo» firmó su primer gol con la camiseta de Pumas precisamente en el Estadio Akron, en casa de su exequipo. Esa anotación no solo tuvo valor en el marcador, sino también un fuerte significado simbólico. Para muchos, fue la confirmación de que el atacante puede estar viviendo el inicio de una nueva etapa, similar a la que protagonizó el «Chino» Huerta.
El tanto de Antuna plantea una pregunta inevitable: ¿está Pumas convirtiéndose en el lugar donde los ex Chivas se reinventan? Si Huerta fue «Re-Hecho en C.U.», ahora surge el debate sobre si el «Brujo» podría seguir una ruta parecida, dejando atrás las críticas que lo acompañaron en Guadalajara para transformarse en una pieza clave del ataque universitario.
Desde el punto de vista deportivo, el escenario es idóneo para que Antuna resurja. Pumas suele ofrecer un futbol más vertical, con espacios para los extremos y libertad para los jugadores rápidos por las bandas, un contexto que se adapta perfectamente a las características del seleccionado mexicano. Si el cuerpo técnico logra explotar su velocidad y desequilibrio, el jugador podría recuperar esa versión que alguna vez lo llevó a ser considerado uno de los grandes proyectos ofensivos del país.
Psicológicamente, marcar en un entorno tan hostil como el Akron también puede representar un punto de inflexión. Un futbolista que es capaz de responder a los abucheos con rendimiento dentro de la cancha suele ganar confianza, se sacude parte de la presión y comienza a construir una nueva relación con su propia carrera. Para Antuna, ese gol puede convertirse en el primer ladrillo de una reconstrucción personal y profesional.
Por el lado de Chivas, el episodio deja varias lecturas. La afición volvió a demostrar que no olvida y que juzga con dureza a quienes, según su percepción, no dieron el máximo por la camiseta. Sin embargo, también reaviva un tema recurrente: la capacidad del club para potenciar el talento que pasa por sus filas. Ver cómo jugadores que no brillaron en el Rebaño encuentran su mejor versión en otros equipos, y particularmente en un rival como Pumas, debe encender alarmas dentro de la institución tapatía.
En el plano de la rivalidad, este nuevo capítulo agrega combustible a una historia ya de por sí encendida. Al recuerdo de los desplegados, las camisetas con mensajes polémicos y las finales tensas, ahora se suma la imagen de Antuna anotando con la camiseta de Pumas mientras en las tribunas lo abuchean. Son escenas que fortalecen el relato deportivo y emocional de una de las confrontaciones más ricas del futbol mexicano.
De cara al futuro, el caso de Antuna puede convertirse en un punto de referencia similar al de Huerta. Si el «Brujo» mantiene el nivel y sigue marcando diferencias con Pumas, será inevitable que cada enfrentamiento ante Chivas esté rodeado de un morbo especial: el del jugador que no terminó de encajar en Guadalajara, pero que se reencontró con su mejor versión vistiendo la camiseta universitaria.
Habrá que seguir de cerca su rendimiento en el resto del Clausura 2026. Por ahora, lo único claro es que su «bienvenida» en el Akron estuvo cargada de rechazo, pero su respuesta fue contundente. Entre abucheos, recuerdos de viejas polémicas y la historia reciente de otros ex rojiblancos revalorizados en C.U., Uriel Antuna ha dado el primer paso para intentar escribir su propia historia de renacimiento futbolístico con Pumas. Y, como tantas veces ha ocurrido en esta rivalidad, todo comenzó en el mismo escenario donde alguna vez fue señalado: la casa de Chivas.
