De la táctica a la forma de entender al jugador
Cuando hablamos de táctica en fútbol, solemos pensar en pizarras, flechas y dibujos de colores. Pero, si lo miramos con calma, detrás de cada sistema hay una idea sobre el ser humano: qué puede hacer el jugador, cuánto puede decidir y cuánto debe obedecer. Del catenaccio al juego de posición, la táctica funciona casi como una filosofía práctica: organiza el caos del partido y, al mismo tiempo, define qué tipo de futbolista queremos en el campo y qué nivel de libertad le damos para interpretar lo que ve.
Breve recorrido histórico: del cerrojo al juego de posición
Catenaccio y modelos defensivos
El catenaccio no fue solo “poner el autobús”. Era una respuesta a un contexto: campos pesados, marcajes individuales, pocos cambios y mucha violencia táctica. Entrenadores como Herrera asumían que el ser humano, bajo presión, se equivoca; por eso protegían el centro, multiplicaban ayudas defensivas y reducían la zona de riesgo. El mensaje era claro: primero sobrevivir, luego castigar al rival con transiciones rápidas. El jugador ideal era disciplinado, resistente y capaz de aguantar largos tramos sin balón.
Pressing, total football y evolución intermedia

Entre el cerrojo y el juego de posición se desarrolló un punto intermedio: equipos que presionaban alto, atacaban con muchos y defendían todos juntos. El fútbol total neerlandés y los modelos alemanes de presión adelantada veían al jugador como un atleta inteligente, capaz de recorrer grandes distancias y entender varias funciones a la vez. Aquí aparece otra visión del ser humano: no solo ejecutor de órdenes, sino pieza flexible de un mecanismo colectivo, donde intercambiar posiciones y roles era casi tan importante como el resultado final.
Revolución del juego de posición
El juego de posición lleva la reflexión un paso más allá. Ya no se trata solo de cerrar espacios o recuperarlos rápido, sino de crearlos de forma deliberada. La filosofía es casi socrática: el jugador debe aprender a leer el entorno, recibir entre líneas, atraer al rival y soltar el balón en el momento exacto. El ser humano en el campo se concibe como un “pensador en movimiento”, no solo como atleta. Por eso los entrenadores que lo usan dedican tanto tiempo a la comprensión del juego y a automatismos que permiten pensar rápido, no a repetir gestos sin contexto.
Principios básicos y visiones del ser humano
El jugador como soldado del sistema
En los modelos más rígidos, como ciertos catenaccios modernos, la prioridad es controlar la incertidumbre. El entrenador sospecha de la improvisación y, en consecuencia, limita la toma de decisiones individual. El jugador es un soldado táctico: su valor se mide por obediencia, concentración y capacidad para sostener el plan colectivo. Estos sistemas a menudo confían en las mejores formaciones y sistemas de juego de fútbol como estructuras cerradas, donde el talento se canaliza hacia tareas muy específicas, sin demasiada libertad creativa.
El jugador como lector del contexto
En el extremo opuesto, el juego de posición fuerte y ciertas variantes ofensivas consideran que el fútbol es un continuo de microdecisiones. Ahí el jugador no es visto como problema a controlar, sino como recurso cognitivo: alguien capaz de interpretar distancias, ritmos y perfiles del rival. La táctica aquí es un lenguaje compartido, no una cárcel. Se enseña a los futbolistas a tomar decisiones buenas la mayoría de las veces, aun sabiendo que el error es inevitable. El sistema parece rígido en la pizarra, pero es flexible en la cabeza de quienes lo ejecutan.
Comparando enfoques: tres maneras de “resolver el partido”
1. Restringir la libertad: reducir opciones para minimizar fallos; ideal para equipos con menos calidad técnica o en situaciones límite.
2. Guiar la libertad: proponer estructuras claras, pero permitir variaciones según lo que el jugador percibe.
3. Ampliar la libertad: sistemas muy abiertos, que confían en la creatividad individual y asumen el riesgo del desorden.
Cada enfoque responde a una idea distinta de madurez, responsabilidad y capacidad de decisión del ser humano bajo presión.
Ejemplos prácticos y aplicaciones actuales
Modelos defensivos adaptados al fútbol moderno

Hoy, un entrenador que quiera heredar la lógica del catenaccio ya no puede simplemente replegar y esperar. Con rivales más preparados físicamente y reglas que favorecen el ataque, debe mezclar presión situacional, reducciones de espacio y salidas rápidas con balón. Esa mezcla exige un manual de entrenamiento táctico para entrenadores de fútbol que explique no solo dónde colocarse, sino cuándo romper la línea, cuándo hacer falta táctica y cómo gestionar las emociones en los minutos finales. El cerrojo ya no es solo físico; es también mental.
Juego de posición y formación del futbolista
En el otro lado, los clubes que apuestan por el juego de posición introducen desde la base rondos, juegos de posición reducidos y tareas que obligan al niño a levantar la cabeza. La idea es formar jugadores que entiendan el porqué de cada pase. No se busca memorizar jugadas, sino interiorizar principios: crear superioridades, fijar por dentro para liberar por fuera, atraer para soltar. Esta educación táctica temprana moldea la personalidad: se valora al futbolista que pregunta, que propone soluciones y no se esconde cuando la pelota quema.
De los banquillos a libros, cursos y análisis de datos
Esta evolución también se nota fuera del césped. Proliferan los libros sobre tácticas de fútbol modernas que explican modelos de juego como si fueran marcos filosóficos, y no simples esquemas numéricos. A la vez, un curso online de táctica y estrategia de fútbol ya no se limita a balones parados, sino que incluye psicología, análisis de vídeo y gestión del vestuario. Para quien quiera especializarse, un máster en análisis táctico y scouting de fútbol suele profundizar en cómo las distintas visiones del jugador condicionan el uso de datos, métricas y perfiles de fichajes.
Mitos y malentendidos frecuentes
Simplificaciones peligrosas
Uno de los errores habituales es reducir el debate a “defensivo vs ofensivo” o “viejo vs moderno”. El catenaccio bien trabajado requiere una inteligencia colectiva enorme, del mismo modo que el juego de posición mal entendido puede acabar en posesión estéril y jugadores clavados en zonas fijas. Otro mito común es creer que basta con copiar a un gran club. Sin adaptar principios a tu contexto humano y competitivo, ni la presión alta ni la salida lavolpiana funcionarán: el sistema se rompe si la filosofía no encaja con el tipo de jugador que tienes.
La táctica no es solo números ni dibujos
También se exagera la importancia del esquema: 4-3-3, 3-5-2, 4-4-2 en rombo… Como si elegir una formación solucionara la complejidad del juego. Las mejores formaciones y sistemas de juego de fútbol son marcos, no recetas mágicas. Lo decisivo es cómo se interpreta cada rol, qué libertades se conceden y qué responsabilidades se exigen. Por eso muchos entrenadores combinan videollamadas, sesiones de vestuario y materiales tipo curso o guía para explicar no solo qué hacer, sino qué intenciones hay detrás de cada comportamiento colectivo.
Cómo integrar distintas filosofías en la práctica
En la realidad, casi nadie aplica un modelo “puro”. Es habitual ver equipos que defienden con principios cercanos al catenaccio (bloque bajo, ayudas constantes) y atacan con lógica de juego de posición (ocupación racional de espacios, pases interiores). Un buen manual de entrenamiento táctico para entrenadores de fútbol, o incluso materiales usados en un curso online de táctica y estrategia de fútbol, suele insistir en esta idea: la clave no es casarse con una escuela, sino entender qué dice cada una sobre el ser humano y combinar esos enfoques según la personalidad de tu plantilla y la cultura de tu club.
