“Los resultados hablan por sí solos”: Efraín Juárez presume el paso invicto de Pumas en el Clausura 2026
La remontada de Pumas en el Estadio Cuauhtémoc no solo representó tres puntos más en la tabla; para Efraín Juárez fue la confirmación de que el proyecto empieza a tomar forma. El conjunto de la UNAM se levantó de un 0-2 adverso ante Puebla para imponerse 3-2 y mantenerse invicto en el Clausura 2026, una condición que pocos les atribuían al inicio del torneo.
El duelo nocturno de este viernes 13 de febrero terminó convirtiéndose en una prueba de carácter para los universitarios. Puebla parecía encaminar el partido con dos golpes tempraneros, pero Pumas reaccionó con autoridad. Los goles de Guillermo “Memote” Martínez, Robert “La Pantera” Morales y Juninho Vieira sellaron una victoria que alimenta la confianza del vestidor y refuerza el discurso del técnico.
Tras el silbatazo final, Juárez compareció ante los medios y dejó en claro que, más allá del buen momento, el pilar del equipo está en la unión del grupo, especialmente en un entorno de alta presión mediática y directiva.
“Somos un club unido, a pesar de lo que está afuera. Eso no lo podemos controlar. No es fácil jugar con todo lo que pasa por afuera del club. Este triunfo es por y para ellos… Los resultados son los que respaldan al técnico. Pumas tiene carácter”, afirmó el estratega universitario, visiblemente satisfecho por la reacción de sus jugadores.
La frase “los resultados respaldan” no es casualidad. Durante las últimas temporadas, Pumas ha navegado entre la irregularidad y la frustración, y el puesto de Juárez ha estado en la mira más de una vez. Sin embargo, el arranque de este Clausura 2026, sin derrotas y con remontadas de peso como la lograda en Puebla, han comenzado a cambiar la narrativa alrededor de su gestión.
La victoria ante la Franja tiene un valor simbólico especial. Remontar de visitante, en una plaza complicada y bajo la presión de la crítica, refuerza la idea de que este Pumas no solo juega mejor, sino que compite mejor. El equipo ha mostrado capacidad de respuesta, fortaleza mental y un creciente entendimiento de la idea futbolística de Juárez.
En cancha, el técnico apostó por un planteamiento atrevido cuando el marcador se puso en contra. Ajustó líneas, adelantó la presión y apostó por la movilidad de sus hombres de ataque. La respuesta fue inmediata: Guillermo Martínez recortó distancias con presencia en el área, Morales castigó los espacios a la espalda de la defensa poblana y Juninho Vieira, con temple, concretó la voltereta. Tres goleadores distintos en un mismo partido hablan de un equipo que reparte responsabilidades y no depende de una sola figura.
Pero el proyecto de Juárez no se limita a lo táctico. En el discurso interno se ha insistido en recuperar la identidad competitiva de Pumas: un equipo intenso, combativo y protagonista, especialmente en los momentos de mayor adversidad. El propio técnico ha repetido que el escudo obliga a nunca darse por vencido, sin importar el marcador o el estadio. La remontada en el Cuauhtémoc se convirtió en un ejemplo perfecto de esa bandera.
Todo esto ocurre mientras la institución intenta dejar atrás una larga etapa de decepciones. Desde el Clausura 2011, Pumas no levanta el título de Liga MX. Quince años de espera pesan en la tribuna del Estadio Olímpico Universitario, donde la afición ha pasado de la paciencia a la exigencia más cruda. Hoy los seguidores no se conforman con clasificar; piden competir de verdad por el campeonato.
La directiva también ha enviado señales claras al apostar por nombres de jerarquía, como el del guardameta Keylor Navas. El arquero costarricense aporta liderazgo, experiencia internacional y tranquilidad en momentos límite. Su presencia en el Estadio Olímpico Universitario México 1968 ha servido como punto de apoyo para una defensa que, aunque aún comete errores, muestra progresos en solidez y comunicación.
Con ese respaldo estructural, Juárez y sus jugadores asumen abiertamente la presión. Saben que mantenerse invictos es valioso, pero reconocen que el verdadero objetivo es romper la sequía y volver a coronarse en este mismo Clausura 2026. En el vestidor se habla cada vez menos de “reconstrucción” y cada vez más de “obligación de competir por el título”.
El cuerpo técnico, consciente de la historia reciente del club, ha trabajado también el aspecto emocional. Después de años en los que Pumas se quedaba corto en los partidos clave, uno de los grandes retos de Juárez ha sido cambiar la mentalidad: aprender a cerrar partidos, no desmoronarse con el primer golpe en contra y sostener la intensidad durante los 90 minutos. La reacción ante Puebla funciona como termómetro de que ese trabajo psicológico empieza a dar frutos.
Otro componente esencial del resurgir es la relación con la grada. En el Olímpico Universitario se respira una mezcla de ilusión y cautela. Cada triunfo, y en especial los logrados con remontadas, reencuentra al equipo con su gente. Los jugadores, por su parte, han adoptado el hábito de agradecer a la afición al final de cada encuentro, conscientes de que el apoyo será determinante cuando lleguen los momentos complicados del torneo.
En el plano institucional, la nueva dirigencia encabezada por Antonio Sancho ha optado por darle continuidad a Juárez en lugar de seguir la dinámica de cambios constantes en el banquillo. El “espaldarazo” no ha sido solo de palabra: se le ha permitido influir en fichajes, en la estructura del plantel y en la planificación del torneo. Esa estabilidad ha sido clave para que el técnico, recordado por su título mundial Sub-17 con la Selección Mexicana, intente plasmar un proyecto a mediano plazo y no solo apagar incendios jornada tras jornada.
No obstante, el propio Juárez es consciente de que el crédito no es infinito. En el futbol mexicano la memoria es corta y un par de resultados negativos pueden reabrir el debate. Por ello, el entrenador insiste en mantener los pies en la tierra: el invicto es motivo de satisfacción, pero no una meta en sí misma. La prioridad es llegar a la fase final en el mejor momento posible, con un equipo sólido, competitivo y acostumbrado a partidos de alta tensión como el vivido en Puebla.
Si Pumas aspira de verdad a poner fin a esos 15 años de sequía, deberá convertir noches como la del Cuauhtémoc en una constante y no en una excepción. Ganar, remontar y sostener la racha invicta son apenas los primeros pasos de un camino largo que incluye desafíos frente a rivales directos por el título. El propio calendario del Clausura 2026 se encargará de poner a prueba la solidez de este resurgir universitario.
De momento, los números respaldan a Efraín Juárez y refuerzan su discurso: un Pumas invicto, con capacidad de reacción y una identidad cada vez más clara, empieza a ilusionar a una afición que lleva demasiado tiempo soñando con volver a ver a su equipo levantar la copa. Para el técnico, el mensaje es simple: el carácter se demuestra en la cancha y los resultados, como él mismo dice, son los que terminan dando la razón.
