Piojo Herrera recibe elogios de Matías Almeyda y se reactiva la posibilidad de un regreso al América
Miguel «Piojo» Herrera atraviesa una etapa de transición en su carrera. Después del duro golpe que significó quedarse fuera de la Copa del Mundo con la Selección de Costa Rica en una eliminatoria de Concacaf en la que, además, no participaron México, Estados Unidos ni Canadá, el técnico mexicano ha vuelto a los reflectores, pero ahora desde otro rol: el de analista en televisión. Mientras espera una nueva oportunidad en los banquillos, su nombre comienza a sonar de nuevo alrededor del Club América, potenciando un escenario que muchos aficionados no descartan: una tercera era al frente de las Águilas.
Actualmente, Herrera se desempeña como comentarista y analista en las transmisiones deportivas de TUDN, una especie de «pausa activa» mientras evalúa qué rumbo tomar en su carrera. Su idea es mantenerse visible, cerca del futbol y del día a día de la Liga MX, a la espera de un proyecto atractivo que pueda concretarse, posiblemente luego de la Copa del Mundo. Esta exposición constante le permite seguir vigente en la conversación futbolística y mantener su imagen asociada tanto al análisis como a la dirección técnica.
Paralelamente, en el entorno del futbol mexicano se ha mencionado la posibilidad de que el Piojo se haga cargo del Atlante, club con el que mantiene una relación sentimental especial y que, según distintos rumores, podría regresar a la Primera División de la Liga MX. Para muchos, sería un cierre de círculo perfecto: dirigir de nuevo al equipo de sus amores en la máxima categoría. Sin embargo, otra corriente de opinión apunta a que esos movimientos, apariciones y declaraciones de Herrera podrían estar encaminados, en realidad, a abrirle la puerta de regreso al América.
No es un secreto que el vínculo de Miguel Herrera con el conjunto azulcrema es profundo. En dos etapas como entrenador de las Águilas, logró conquistar dos títulos de Liga MX y consolidarse como uno de los estrategas más representativos del club en la era moderna. Por eso, cada vez que su nombre queda libre o se encuentra sin equipo, la posibilidad de un retorno al banquillo americanista vuelve a la agenda. Una parte de la afición está convencida de que el Piojo se ha venido «candidateando» de manera sutil para una tercera oportunidad en Coapa.
En este contexto, una figura que históricamente estuvo del otro lado de la trinchera apareció para dedicarle elogios: Matías «Pelado» Almeyda. El argentino, recordado por su exitoso paso como director técnico de las Chivas en la Liga MX, coincidió en múltiples clásicos nacionales con el Piojo cuando éste dirigía al América. Lejos de mantener rivalidades pasadas, Almeyda reconoció públicamente el trabajo de Herrera en una charla con el conductor Adrián Marcelo.
Durante aquella conversación, al ser cuestionado sobre entrenadores mexicanos de buen nivel, Almeyda fue claro: «Piojo es un buen entrenador». Con esta frase, el técnico argentino avaló la capacidad de Herrera para liderar proyectos en la élite del futbol mexicano. En la misma línea, Almeyda destacó también la labor de Efraín Juárez, quien se ha venido abriendo camino como estratega y actualmente trabaja con los Pumas, otro club protagonista de la Liga MX.
Los elogios de alguien que fue su rival en la cancha tienen un valor simbólico especial. El reconocimiento de Almeyda refuerza la idea de que Miguel Herrera sigue siendo visto, dentro del medio, como un entrenador competitivo, con experiencia y capacidad para dirigir a equipos grandes. Este tipo de declaraciones alimentan aún más la especulación en torno a su futuro, particularmente cuando se trata del América, donde dejó una huella importante en términos de títulos y protagonismo.
Aunque Miguel nunca ha dicho abiertamente «quiero volver al América» en sus más recientes apariciones públicas, en sus comentarios se percibe entre líneas el deseo de regresar algún día a Coapa. El problema es que su última salida del club no fue precisamente tersa. Su temperamento lo traicionó en las semifinales de la Liga de Campeones de la Concacaf en 2020, en un duelo frente al LAFC. A raíz de un incidente de indisciplina, el club decidió prescindir de sus servicios, cerrando abruptamente una etapa que, en lo deportivo, había sido positiva.
Ese episodio dejó una marca en la relación entre el Piojo y la directiva americanista. Desde entonces, su regreso ha parecido más una fantasía de parte de la afición que una posibilidad concreta. Sin embargo, el futbol es cíclico y las puertas que se cierran, a veces, vuelven a abrirse cuando las circunstancias lo permiten. Si algo ha demostrado la historia de la Liga MX es que los segundas y terceras partes son más comunes de lo que parecen, sobre todo cuando el balance deportivo de un entrenador ha sido favorable.
Al mismo tiempo, el actual entrenador azulcrema, André Jardine, vive una realidad contrastante. Por un lado, ha llevado al América a alturas históricas, al punto de que muchos ya lo consideran el mejor estratega que ha dirigido al club, especialmente tras alcanzar un tricampeonato que lo colocó en la cima del palmarés americanista. Sus resultados lo respaldan y su nombre quedó grabado en la memoria de los aficionados. Pero, por otro lado, el presente del equipo no atraviesa su mejor momento y el nivel mostrado recientemente ha generado dudas.
En algunos sectores se ha comenzado a plantear que el ciclo de Jardine podría estar acercándose a su fin. Cuando los resultados no acompañan o las formas de juego se debilitan, la presión en un club grande como América se multiplica. Y es ahí donde la figura de un técnico con el perfil de Miguel Herrera vuelve a aparecer como posible alternativa. De a poco, se ha instalado la idea de que, si la directiva decide un cambio en el banquillo, no sería descabellado pensar en el Piojo como una de las primeras opciones a considerar.
Para la dirigencia azulcrema, la posible decisión no sería sencilla. Por un lado, Jardine representa un proyecto que ya demostró ser ganador, con títulos recientes y un estilo de juego definido. Por otro, Herrera encarna la pasión, el conocimiento del entorno, la conexión con la tribuna y un pasado de éxitos que pocos entrenadores pueden igualar dentro del club. El factor emocional y mediático también pesa: el simple rumor de su regreso devuelve el debate al centro de la conversación futbolística.
Si el América se ve forzado a buscar un nuevo estratega en el corto o mediano plazo, la directiva deberá evaluar varios aspectos: el estado del vestuario, la exigencia deportiva, el perfil de plantel y el tipo de liderazgo que necesita el equipo en este momento. Un técnico como Jardine ofrece estabilidad, metodología y continuidad a un proyecto que ya fue campeón. En cambio, el Piojo aporta un estilo más visceral, una fuerte presencia en la línea de banda y una forma de motivar al jugador que suele conectar muy bien en entornos de alta presión.
También está el tema de la imagen institucional. La salida de Herrera en 2020 estuvo marcada por la disciplina y la necesidad del club de enviar un mensaje claro hacia adentro y hacia fuera: ningún integrante está por encima del escudo. Volver a contratarlo implicaría, de alguna manera, dejar atrás aquel episodio y priorizar su capacidad deportiva sobre lo ocurrido en el pasado. Esto podría verse como un gesto de reconciliación y madurez, pero también como una apuesta arriesgada en términos de manejo de grupo e intensidad emocional.
Para Miguel, una hipotética tercera etapa en el América tendría un significado especial: sería la oportunidad de demostrar que ha aprendido de sus errores, que puede controlar mejor su carácter y que sigue estando a la altura del desafío que representa dirigir al club más mediático del país. En términos de legado, un regreso exitoso podría consolidarlo definitivamente como uno de los entrenadores más importantes en la historia de la institución.
Mientras tanto, mantenerse como analista le permite observar el juego desde otra óptica. Ver los partidos desde la cabina, estudiar planteamientos, analizar tácticas y comentar decisiones de otros técnicos puede convertirse, paradójicamente, en una especie de laboratorio para su siguiente etapa en los banquillos. Muchos entrenadores han reconocido que este tipo de experiencias fuera de la cancha los ayudan a perfeccionar su lectura del juego y a actualizarse en tendencias tácticas.
El interés por Atlante, por su parte, no debe minimizarse. Dirigir al equipo al que declara su amor sería un desafío distinto, probablemente con menos reflectores que el América pero con un componente emocional muy profundo. Si el club finalmente consolida su regreso a la Primera División, la figura de Herrera encajaría a la perfección en un proyecto que necesitaría identidad, experiencia y un líder capaz de soportar la presión de pelear el descenso y, con el tiempo, aspirar a metas mayores.
En este momento, el tablero está abierto. Miguel Herrera se mantiene visible, Matías Almeyda ya le ha tendido un reconocimiento público que refuerza su reputación, y el América atraviesa una fase en la que los resultados actuales se contrastan con la exigencia histórica del club. Nada está decidido, pero los elementos están ahí para que, si se combina una mala racha azulcrema con un movimiento en la dirección técnica, el nombre del Piojo vuelva a ponerse en el centro de todas las conversaciones.
Lo que ocurra en los próximos meses, tanto con Jardine como con los proyectos que puedan ofrecerle a Herrera, definirá si estos elogios recientes son apenas una anécdota o el preámbulo de un nuevo capítulo entre Miguel y el club donde alcanzó algunos de los momentos más importantes de su carrera. Por ahora, el Piojo escucha, analiza y espera. Y en Coapa, aunque nadie lo acepte abiertamente, saben que su sombra siempre ronda cuando se habla de cambios en el banquillo.
