Mundial 2026: Cdmx frente a huelga en transporte eléctrico en plena preparación

Mundial 2026: la CDMX encara amenaza de huelga en transporte eléctrico en plena preparación

La Ciudad de México se encuentra en un momento clave rumbo al Mundial 2026 y, al mismo tiempo, bajo la sombra de un posible paro en el sistema de transporte eléctrico. La advertencia de huelga lanzada por la Alianza de Tranviarios de México (ATM) mantiene en tensión al gobierno capitalino encabezado por Clara Brugada, ya que un cese de actividades afectaría a millones de usuarios y podría complicar la logística de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta.

La ATM mantiene firme su emplazamiento a huelga para el 3 de marzo, luego de varias prórrogas y mesas de negociación con las autoridades de la ciudad. Aunque se han logrado avances en materia salarial, el sindicato sostiene que aún no existen acuerdos integrales que den respuesta a su pliego de demandas laborales y de seguridad. Mientras no haya un documento formal que garantice estos puntos, el paro sigue sobre la mesa.

El riesgo es considerable: están en juego servicios como el Trolebús, el Tren Ligero y otros sistemas eléctricos que resultan esenciales para la movilidad diaria de la capital. Estos medios de transporte no solo trasladan a miles de trabajadores, estudiantes y familias cada día, sino que serán pilares fundamentales para mover a aficionados nacionales y extranjeros durante la Copa del Mundo de 2026.

La cercanía del torneo, que exige una red de movilidad eficiente, ordenada y confiable, convierte este conflicto laboral en un asunto estratégico. Un sistema de transporte inestable o sujeto a paros podría impactar la imagen de la ciudad y complicar el cumplimiento de los estándares internacionales de organización para un evento de esta magnitud. Por eso, las autoridades locales tienen como prioridad evitar que la amenaza de huelga se concrete.

El secretario general de la ATM, Gerardo Martínez, ha reiterado públicamente que el sindicato no descarta el paro si no se alcanzan acuerdos sólidos. Advirtió que, de no resolverse el conflicto, podrían presentarse serias afectaciones viales en diferentes zonas de la Ciudad de México, debido a la ausencia de servicios clave como el Trolebús y el Tren Ligero, que suelen aliviar la carga sobre avenidas y rutas saturadas.

La tensión no es nueva. Desde principios de año, la ATM había advertido sobre la posibilidad de suspender labores. Inicialmente, el paro se programó para el 21 de enero, aunque posteriormente se pospuso al 4 de febrero. En ambas fechas, el servicio terminó operando con normalidad, luego de que las pláticas con el gobierno permitieron, al menos, mantener el servicio mientras seguían las negociaciones.

Sin embargo, la nueva fecha del emplazamiento quedó fijada para el 3 de marzo. En ese contexto, se anunció un primer avance: un incremento general de salario del 3.5% y un aumento en los vales de despensa para los trabajadores. Este ajuste fue considerado un paso en la dirección correcta, pero insuficiente para desactivar definitivamente la amenaza de paro.

Gerardo Martínez ha enfatizado que el tema salarial es solo una parte del problema. Para la ATM, la seguridad de los trabajadores y las condiciones en que operan los sistemas de transporte eléctrico tienen el mismo peso que el incremento de sueldos. De acuerdo con el dirigente sindical, es indispensable garantizar que el personal labore en entornos seguros, con equipo adecuado y protocolos claros para prevenir accidentes e incidentes operativos.

En ese sentido, Martínez explicó que tomó la decisión de regresar al periodo de prehuelga para tratar de cerrar todos los pendientes antes del primer minuto del 3 de marzo. Su mensaje fue claro: la intención del sindicato no es paralizar la ciudad, sino obtener compromisos firmes por parte de las autoridades. Solo con acuerdos plasmados por escrito, insistió, podría retirarse formalmente el riesgo de paro.

Aun con el ajuste salarial ya anunciado, la ATM busca concretar más puntos con la Secretaría de Movilidad (Semovi). El sindicato espera que la dependencia presente un borrador detallado y una minuta firmada donde queden plasmados todos los acuerdos alcanzados. Para ellos, el papel es tan importante como la palabra: nada se da por cerrado hasta que quede asentado por escrito.

Entre las exigencias del gremio se encuentran mejoras en las condiciones de trabajo, garantías de mantenimiento adecuado en unidades e infraestructura, así como mecanismos que aseguren que el sistema pueda operar de forma segura y eficiente. La dirigencia sostiene que estos elementos están directamente ligados a la seguridad laboral y a la capacidad real de operación del transporte eléctrico, por lo que no se trata de demandas accesorias, sino de temas estructurales.

El sindicato insiste en que, si estos compromisos no se formalizan, no pueden descartar la huelga. Según Gerardo Martínez, la seguridad de los conductores, técnicos y personal de operación no es negociable, y debe ser considerada un eje fundamental de cualquier acuerdo. De lo contrario, los riesgos se trasladan no solo a los trabajadores, sino a los propios usuarios que dependen diariamente de estos servicios.

El posible impacto de una huelga va mucho más allá del conflicto laboral. En una ciudad donde una parte importante de la población se mueve diariamente en transporte público, el paro de los sistemas eléctricos podría ocasionar caos vial: viajes más largos, saturación en el Metro y en otros medios de transporte, así como un aumento del uso de vehículos particulares y servicios de transporte privado. Todo esto tendría repercusiones en la economía diaria, la productividad y la calidad de vida de los capitalinos.

Además, el contexto del Mundial 2026 añade presión adicional. La Ciudad de México se prepara para recibir a miles de aficionados, delegaciones y turistas. La movilidad será uno de los pilares para garantizar una experiencia positiva: traslado a estadios, zonas turísticas, alojamientos y centros de entrenamiento. Una red de transporte con incertidumbre laboral o sin acuerdos a largo plazo podría poner en entredicho la capacidad de la ciudad para organizar un evento de talla internacional.

Para el gobierno capitalino, el reto es doble: atender las demandas de los trabajadores, mejorando salarios y condiciones laborales, y al mismo tiempo asegurar que el sistema de transporte se mantenga estable, confiable y funcional antes, durante y después del Mundial. Un acuerdo superficial o temporal podría aplazar el conflicto, pero no resolverlo de raíz, lo que significaría un riesgo latente para el periodo mundialista.

La experiencia de otros eventos de gran escala ha demostrado que la movilidad suele ser uno de los factores más sensibles. Cualquier paro, retraso o servicio deficiente se magnifica cuando se trata de una sede mundialista. Por ello, especialistas en temas de transporte y planeación urbana han señalado que la solución debe ser integral: inversión en infraestructura, capacitación continua, renovación de unidades, reforzamiento de la seguridad laboral y, por supuesto, diálogo constante con los sindicatos.

En este escenario, la figura de Clara Brugada y de las autoridades de movilidad se ubica en el centro de la atención. De su capacidad de negociación y de construcción de acuerdos dependerá que la capital llegue al 2026 con un sistema de transporte eléctrico fortalecido en lugar de vulnerable. Cada avance o retroceso en estas mesas de diálogo se interpreta como un indicador de lo que puede esperarse de la ciudad como anfitriona.

Por ahora, el reloj sigue corriendo hacia el 3 de marzo. El incremento salarial del 3.5% y el aumento en vales de despensa representan un avance, pero no el cierre definitivo del conflicto. La ATM mantiene su postura: sin garantías escritas sobre seguridad, condiciones de trabajo y operación del sistema, la amenaza de huelga no será retirada.

Lo que ocurra en las próximas semanas será clave no solo para los trabajadores del transporte eléctrico, sino para millones de usuarios y para la propia proyección internacional de la Ciudad de México de cara al Mundial 2026. El desenlace de esta negociación marcará si la capital logra convertir este momento de tensión en una oportunidad para modernizar y consolidar su sistema de transporte, o si llega a la cita mundialista arrastrando conflictos que pudieron resolverse a tiempo.