Miguel Herrera apuesta por Óscar Jiménez: de eterno suplente en América a candidato a figura del Atlante en Primera
Óscar Jiménez vuelve a colocarse en el centro de los reflectores. El arquero mexicano, durante años relegado al banquillo del Club América, tiene una nueva oportunidad de relanzar su carrera: se ha convertido en el primer refuerzo del Atlante dirigido por Miguel Herrera para el Apertura 2026 de la Liga MX.
El guardameta llega al conjunto azulgrana como agente libre, después de haber concluido su contrato con las Águilas el 30 de junio de 2026. Sin necesidad de pagar traspaso, Atlante encuentra en él una opción de experiencia para proteger su arco en el regreso del club al máximo circuito. Todo indica que el plan del cuerpo técnico es que Jiménez compita para adueñarse de la titularidad desde el primer día.
En América, la historia de Jiménez fue complicada. Llegó con etiqueta de portero confiable y con margen de crecimiento, pero se topó con dos gigantes del arco: primero con el histórico Guillermo Ochoa, y posteriormente con Luis Ángel Malagón. Esa competencia interna de élite lo condenó a pasar la mayor parte del tiempo observando desde la banca, sin continuidad suficiente para consolidarse.
Sus oportunidades en Coapa se limitaron, en gran medida, a partidos de Copa, compromisos amistosos y encuentros en los que el arquero titular estaba concentrado con la Selección Mexicana. Jamás logró quedarse con la posición de manera indiscutible, y cada vez que parecía acercarse a ese objetivo, una nueva figura llegaba a cerrarle la puerta.
A sus 34 años, Jiménez entiende que esta etapa con Atlante puede ser uno de los últimos trenes importantes de su carrera. El proyecto azulgrana le ofrece algo que llevaba años buscando: la posibilidad real de ser el portero número uno en un equipo de Primera División con ambición y foco mediático. Para un guardameta que ha vivido a la sombra de otros, tener la oportunidad de mandar desde el fondo de la cancha es un reto tan grande como ilusionante.
El «Piojo» Herrera, viejo conocido de la Liga MX y un técnico con personalidad fuerte, fue clave en esta apuesta. Consciente de la importancia del arco en un club que quiere competir de inmediato, decidió apoyarse en un portero al que conoce bien del entorno del futbol mexicano. Para Herrera, la experiencia y el carácter pesan tanto como la juventud, y en Jiménez ve un perfil que encaja con la exigencia del proyecto.
Miguel Herrera ha dejado claro que su intención es armar un Atlante sólido desde la base: un equipo que primero se haga fuerte atrás para luego pensar en la espectacularidad al ataque. Por ello, la elección del guardameta es estratégica. Jiménez aporta seguridad bajo los tres palos, buen juego con los pies y un amplio conocimiento de la Liga MX, elementos que el entrenador valora especialmente en una plantilla que se reencontrará con la alta competencia semana a semana.
Aunque no existe todavía un anuncio oficial que lo nombre portero titular, el contexto le favorece. La salida de varios elementos que defendían el arco en la categoría de ascenso abre una ventana importante para que Óscar se posicione como la primera opción. Todo apunta a que la pelea por el puesto será real, pero con él como principal candidato para iniciar el Apertura 2026 en el once inicial.
Para Jiménez, el fichaje es mucho más que un simple cambio de camiseta: representa una auténtica revancha deportiva. Tras años de paciencia, entrenamientos sin recompensa de minutos y una cesión poco brillante al León, el guardameta ve en Atlante la posibilidad de demostrar por qué en su momento fue considerado uno de los arqueros con mayor proyección en el país. Ahora ya no se trata de promesas, sino de responder a la presión y al protagonismo que tanto buscó.
El contexto del Atlante también le favorece. El club regresa a Primera División con la intención de no ser un simple invitado, sino de convertirse en un equipo incómodo, capaz de pelear puestos importantes. Para lograrlo, necesita una columna vertebral sólida y, en esa estructura, el portero es una pieza fundamental. Si Jiménez logra afianzarse, podría convertirse en uno de los símbolos de esta nueva etapa azulgrana.
Del otro lado, el Club América ya se mueve para cubrir el hueco que deja su salida. La directiva trabaja en la incorporación de un nuevo guardameta que pueda competir con Malagón y garantizar profundidad en una posición clave. El adiós de Jiménez no solo abre un capítulo en el Atlante, sino también un nuevo escenario en Coapa, donde se replantea la estructura de la portería para los próximos torneos.
La afición azulgrana observa este fichaje con una mezcla de curiosidad y esperanza. Conocen que Jiménez no tuvo demasiados reflectores en América, pero también saben que sobrevivir tantos años en un club de esa exigencia no es casualidad. Mantenerse en un plantel plagado de figuras y exigido a pelear títulos cada seis meses habla de un mínimo de calidad y profesionalismo que ahora deberá trasladar a la cancha con el jersey del Atlante.
Uno de los grandes interrogantes alrededor de Óscar será su capacidad para adaptarse rápidamente a un rol que no ha ocupado con frecuencia en su carrera: el de líder absoluto bajo los tres palos. En América, la presión se repartía entre varias estrellas; en Atlante, en cambio, un error suyo podría pesar mucho más. La gestión emocional de esa responsabilidad será tan importante como sus reflejos y sus atajadas.
La experiencia acumulada, sin embargo, juega a su favor. Haber compartido vestuario con figuras de talla internacional, entrenar diariamente en uno de los entornos más exigentes del país y competir internamente con arqueros de selección nacional le han dado herramientas que no siempre se ven desde fuera. Con 34 años, llega en un momento de madurez en el que el conocimiento del juego puede compensar la falta de continuidad reciente.
Tácticamente, la presencia de Jiménez puede influir directamente en la forma en que el Atlante construya juego desde el fondo. Se trata de un portero con buen manejo de balón, acostumbrado a iniciar salidas controladas y a participar activamente en la circulación. En un futbol cada vez más orientado a que el arquero actúe como un jugador extra en la salida, esta característica puede darle a Herrera variantes interesantes para enfrentar a rivales que presionen alto.
A nivel de vestidor, su rol también puede ser clave. No se trata de un juvenil, sino de un elemento curtido en la presión de los clubes grandes. Esa jerarquía puede ayudar a los jugadores más jóvenes del Atlante a manejar la tensión de partidos decisivos, cierres de torneo o visitas complicadas. Un portero con voz fuerte desde el fondo suele ordenar defensivas enteras, corrigiendo posicionamientos, hablando constantemente y transmitiendo calma en momentos de apremio.
En términos de objetivos personales, el reto de Jiménez va más allá de recuperar protagonismo. Si consigue tener un torneo sólido y constante, podría volver a ponerse en el radar de otros equipos de la Liga MX que busquen un arquero experimentado. Incluso, con un rendimiento sobresaliente, no sería descabellado pensar en alguna convocatoria puntual a selecciones ampliadas o prelistas, aunque eso dependerá completamente de su desempeño.
Para el Atlante, contar con un portero con hambre de revancha puede ser un arma de doble filo: por un lado, tendrán a un jugador dispuesto a dejarlo todo para demostrar su valía; por otro, deberán gestionar bien las expectativas para que la presión no se convierta en ansiedad. Miguel Herrera, con su carácter frontal y su capacidad para motivar, parece el entrenador indicado para canalizar esa energía en beneficio del equipo.
La historia de Óscar Jiménez es la de muchos futbolistas que crecen a la sombra de grandes figuras y, sin embargo, no renuncian a su sueño de triunfar. Durante años fue el «suplente eterno» del América; hoy, está a las puertas de transformarse en el portero titular de un club histórico que quiere recuperar su lugar en la élite. El Apertura 2026 marcará si esa transformación se concreta o si su carrera vuelve a quedar atrapada en el rol de alternativa.
Mientras el balón comienza a rodar, una cosa queda clara: Miguel Herrera no fichó a Jiménez solo para completar plantilla. Lo trajo para que compita, para que levante la mano y para que, si responde en la cancha, se convierta en uno de los pilares del Atlante en su regreso a la Liga MX. El resto dependerá, como siempre, de lo que el arquero sea capaz de mostrar cada vez que se coloque los guantes y pise la línea de gol.
