Julián quiñones lidera a la selección mexicana ante portugal rumbo a 2026

Julián Quiñones ya está en México para integrarse a la concentración de la Selección Nacional dirigida por Javier «Vasco» Aguirre, en la antesala de un examen determinante rumbo al Mundial de 2026. El combinado tricolor se medirá a Portugal el próximo 28 de marzo, en el duelo de reapertura del Estadio Azteca, un juego que ha sido señalado dentro del entorno del Tri como la primera gran «prueba de fuego» del nuevo proceso mundialista.

Consciente de la relevancia del encuentro ante los lusos, Aguirre ha echado mano de lo mejor disponible tanto de la Liga MX como de las principales ligas del extranjero. Entre esos elementos sobresale Quiñones, figura del Al-Qadsiah de la liga de Arabia Saudita, quien logró hacer el viaje a territorio mexicano pese al delicado contexto bélico en la región de Medio Oriente. El atacante ya se encuentra a disposición del cuerpo técnico y listo para adaptarse de inmediato a las exigencias del estratega.

Colombiano de nacimiento y naturalizado mexicano, Julián se ha convertido en un recurso clave en el esquema ofensivo del Tri. Su posición predilecta es como extremo por la banda izquierda, donde explota al máximo su potencia, cambio de ritmo y disparo de media distancia. La competencia por la titularidad no es sencilla: comparte rol y perfil con Alexis Vega, quien ha vuelto a las canchas luego de una cirugía en la rodilla. Aun así, ambos se perfilan como opciones muy serias para llegar a la Copa del Mundo 2026, sobre todo tras la inactividad de Hirving «Chucky» Lozano, marginado del San Diego FC y, por el momento, sin continuidad futbolística.

El paso de Quiñones por el Tri ha sido relativamente corto en el tiempo, pero intenso en oportunidades. El exjugador de Atlas y América acumula 18 partidos oficiales con la Selección Mexicana, en los que ha conseguido estrenarse como goleador en dos ocasiones y registrar una asistencia. Su debut con la «playera verde» se produjo el 17 de noviembre de 2023, fecha a partir de la cual logró ganarse la confianza de los distintos cuerpos técnicos y ser considerado de manera recurrente en citas de alto nivel.

Su primer gran escaparate con México fue la Copa América 2024. En ese torneo continental no dispuso de demasiados minutos ni pudo reflejarse en el marcador, pero su participación sirvió como una etapa de adaptación al entorno de las grandes competencias internacionales. Más tarde, dio un salto en protagonismo en la Nations League y en la Copa Oro 2025, certámenes de la CONCACAF donde México se proclamó campeón en ambas ocasiones. En esos torneos, Julián sumó un gol en cada competencia, consolidándose como un jugador capaz de aparecer en momentos importantes.

Además de los encuentros oficiales, el atacante ha sido una presencia constante en partidos amistosos, donde ha disputado 11 compromisos. Sumando todas las competencias, el duelo frente a Portugal en el Estadio Azteca significará su partido número 19 vestido de verde, una cifra que refleja la velocidad con la que se ha integrado a la estructura del Tri. Para Aguirre, contar con un jugador que combina buen presente de club y adaptación al entorno de selección es un valor agregado de cara a un rival de la jerarquía de Portugal.

En el plano de clubes, la carrera de Quiñones ha tomado impulso en los últimos años. Tras conquistar la Liga MX tanto con Atlas como con América, el atacante dio el salto al futbol de Arabia Saudita a mediados de junio de 2024. Firmó con el Al-Qadsiah un contrato que lo vincula hasta 2028, un movimiento que confirmó su estatus de futbolista cotizado a nivel internacional. Su debut en la liga árabe se produjo en agosto de 2024, marcando el inicio de una etapa en la que su impacto goleador no ha pasado desapercibido.

A la mitad de la campaña 2025-26, Quiñones se ha colocado en la pelea por el liderato de goleo individual, con una producción de 24 tantos. Su eficacia de cara al arco ha sido determinante para que el Al-Qadsiah se mantenga cerca de la cima de la clasificación general y se posicione en zona de acceso a la Liga de Campeones de la AFC. El rol de Julián en el equipo es el de un referente ofensivo: combina fuerza física para aguantar el balón, capacidad de regate para romper líneas por el costado izquierdo y visión para asistir al centro delantero cuando la jugada así lo exige.

En la Selección Mexicana, esas mismas virtudes lo convierten en un jugador difícil de marcar. Su habilidad para perfilarse hacia adentro desde la banda izquierda le permite quedar de frente al arco y sacar disparos potentes desde fuera del área, una característica que puede ser especialmente valiosa ante defensas europeas bien estructuradas como la portuguesa. Además, su juego sin balón, con desmarques constantes y arrastres de marca, abre espacios para que otros compañeros encuentren zonas de remate.

Con la baja de Lozano y la recuperación progresiva de Alexis Vega, el Tri se encuentra en una etapa de redefinición en los extremos. Quiñones llega a esta concentración con una ventaja importante: ritmo de competencia alto, confianza por su cuota goleadora en Arabia y continuidad táctica dentro del sistema de Aguirre. El estratega valora su capacidad para adaptarse a diferentes funciones: puede jugar pegado a la línea, como interior adelantado o incluso acompañando al «9» en un doble punta circunstancial.

Para el cuerpo técnico, el partido ante Portugal no solo servirá para medir el nivel actual de México frente a una potencia europea, sino también para terminar de perfilar roles específicos de cara al proceso mundialista. En ese contexto, la actuación de Quiñones será observada con lupa: se le pedirá influencia en el marcador, pero también madurez táctica, colaboración defensiva y entendimiento con sus compañeros en el frente de ataque.

La afición mexicana, por su parte, mira a Julián con una mezcla de expectativa y responsabilidad. Su pasado reciente en la Liga MX dejó una imagen de delantero decisivo en liguillas y partidos de alta presión, y ahora se espera que pueda trasladar ese carácter al escenario de selección nacional. El hecho de que el encuentro ante Portugal marque la reapertura del Estadio Azteca le añade un componente emocional: no es solo un amistoso, es también un acto simbólico rumbo a 2026, donde ese mismo recinto será uno de los grandes focos del Mundial.

En términos tácticos, la presencia de un extremo como Quiñones puede ayudar a México a ser más impredecible. Su tendencia a alternar la línea de cal con las diagonales hacia el centro obliga al lateral rival a tomar decisiones complicadas y genera dudas en la zaga contraria. Si el Tri consigue conectar a Julián con un mediocampista creativo y un centro delantero con buen juego de área, la banda izquierda puede convertirse en un arma recurrente durante el encuentro.

De aquí al Mundial, el reto personal para Quiñones será mantener la regularidad. Sus 24 goles con Al-Qadsiah son una carta de presentación impresionante, pero el cuerpo técnico mexicano buscará que no solo se trate de un futbolista de rachas, sino de un elemento constante y confiable en cada ventana FIFA. La competencia interna, con jugadores jóvenes que empujan desde la Liga MX y otros elementos con experiencia europea, obligará al colombiano naturalizado a sostener su nivel y a seguir evolucionando.

Portugal representará, en lo inmediato, una prueba idónea para medir hasta dónde ha llegado esa evolución. Ante defensores acostumbrados a enfrentar a los mejores atacantes del mundo, Quiñones tendrá la oportunidad de demostrar que su impacto no se limita a ligas locales o regionales, sino que puede también hacerse sentir frente a selecciones de primer orden. Si responde con personalidad, goles o asistencias, su lugar en la lista rumbo a 2026 quedará todavía más fortalecido.

Mientras tanto, el mensaje es claro: Julián Quiñones no llega a esta concentración como un invitado más, sino como una de las piezas que pueden inclinar la balanza en el nuevo proyecto del Tri del Vasco Aguirre. Desde su irrupción en el futbol mexicano hasta su consolidación en Arabia Saudita, su trayectoria lo ha llevado a este punto: pararse en el césped del renovado Estadio Azteca, enfrentarse a Portugal y empezar a escribir su propio capítulo rumbo al Mundial 2026. La expectativa es alta y la responsabilidad también, pero el atacante parece listo para asumir ambas.