Allan saint-maximin y el apodo de mini messi para alejandro zendejas en américa

Allan Saint-Maximin no olvida al América desde Francia y destapa el curioso apodo de Alejandro Zendejas

Ya pasó algo más de una semana desde que se hizo oficial la salida de Allan Saint-Maximin del Club América rumbo al futbol francés, pero el extremo galo dejó claro que, aunque cambió de camiseta, sigue muy pendiente de sus excompañeros. Su último gesto hacia el vestidor azulcrema tuvo como protagonista a Alejandro Zendejas, figura del equipo y uno de los nombres clave en el tricampeonato.

El francés aprovechó las redes sociales para enviarle una felicitación especial a Zendejas por su cumpleaños número 28. Pero no se quedó solo en el mensaje de celebración: también lo reconoció por el golazo que marcó ante Monterrey, tanto que le dio el triunfo al América y los tres puntos en un momento en el que el conjunto de André Jardine intenta recuperar su mejor versión en la Liga MX.

En ese duelo frente a Rayados, Zendejas fue el héroe de la noche. Firmó el único tanto del encuentro América vs Monterrey, suficiente para que las Águilas se mantuvieran en la pelea por los primeros lugares de la tabla general y trataran de enderezar un arranque de campaña irregular. El gol, además de importante, fue de gran calidad técnica, algo que no pasó desapercibido para Saint-Maximin.

Desde Francia, el nuevo jugador del Lens siguió el partido y, tras el festejo de Zendejas, decidió dedicarle unas palabras públicas de cariño y admiración. Lo más llamativo del mensaje no fue solo el reconocimiento futbolístico, sino el apodo con el que se refirió al dorsal 10 americanista: lo llamó “mini Messi”, guiño que rápidamente se viralizó entre la afición.

El mote tiene su lógica. Tanto Zendejas como Lionel Messi comparten ciertas características: baja estatura, centro de gravedad reducido, facilidad para girar en espacios reducidos y una gran habilidad para manejar el balón pegado al pie. En el caso del jugador del América, su cambio de ritmo, la manera en que engancha hacia dentro y su capacidad para decidir partidos con un solo disparo han provocado que, en más de una ocasión, se le compare —salvando las enormes distancias— con el astro argentino.

No es la primera vez que Alejandro Zendejas recibe este tipo de comparaciones. En el torneo anterior ya se había ganado elogios similares después de marcar otro golazo, en aquella ocasión contra los Pumas de Keylor Navas. Esa anotación también fue producto de una jugada individual que puso de pie a la grada y reforzó la idea de que el estadounidense-mexicano es uno de los jugadores más desequilibrantes de la Liga MX.

Hoy en día, Zendejas se ha convertido en una pieza fundamental del ataque del Club América. Fue protagonista en el histórico tricampeonato bajo la dirección de André Jardine y, con el paso de los torneos, dejó de ser un simple complemento para transformarse en un futbolista prácticamente intocable en el once inicial. Su peso no solo radica en los goles, sino también en la forma en que participa en la generación de juego, se asocia con sus compañeros y asume responsabilidades en momentos de máxima tensión.

En el nuevo ciclo del América, marcado por la salida de Álvaro Fidalgo, Zendejas ha asumido todavía más liderazgo. Si bien no ocupa la misma zona del campo ni cumple idénticas funciones, se ha convertido en uno de los referentes que tiran del carro cuando el equipo atraviesa dificultades. Su voz dentro del vestidor y su impacto en el terreno de juego lo colocan entre los llamados a llevar la batuta en los partidos más exigentes, especialmente con el Clásico Nacional ante Chivas en el horizonte.

La figura de Saint-Maximin también dejó huella en su corta estancia con las Águilas. Su salida no fue un tema menor. El francés decidió abandonar la institución después de denunciar que sus hijos habían sido víctimas de actos de racismo en México, una situación que lo afectó profundamente en lo personal. Esa fue la versión que el propio jugador dio a conocer, explicando que, por encima del futbol, estaba la seguridad y estabilidad de su familia.

Al margen de esa explicación, surgieron otras versiones que apuntaban a que el jugador ya no se encontraba cómodo dentro del club. Se habló de diferencias con el cuerpo técnico e incluso de algunos roces con el entrenador. Aunque estos señalamientos nunca se confirmaron oficialmente, contribuyeron a generar un clima de incertidumbre sobre su futuro hasta que se concretó su regreso a Europa.

Instalado ya en Francia, Allan Saint-Maximin se incorporó al Lens para disputar el resto de la temporada. Su adaptación no tardó en reflejarse en la cancha: marcó gol en su partido de debut, colaborando para que su nuevo equipo se quedara con la victoria. Ese estreno goleador reforzó la idea de que, pese a su turbulenta salida del futbol mexicano, sigue siendo un futbolista capaz de marcar diferencias en ligas de alto nivel.

Llama la atención que, aun con el foco puesto en su nueva etapa en Europa, Saint-Maximin mantenga un lazo emocional con el América. Su mensaje a Zendejas muestra que, más allá de los problemas extracancha, en el vestidor dejó amigos y buenos recuerdos. En un entorno en el que las salidas polémicas suelen romper vínculos, este gesto amable habla de una relación sana con varios de sus excompañeros.

Para el americanismo, ver esa interacción también tiene un valor simbólico. En los últimos años, el club se ha esforzado por alimentar una identidad internacional, atrayendo futbolistas de diferentes ligas y estilos. Que uno de los refuerzos europeos más mediáticos recientes siga pendiente de lo que ocurre en el equipo y elogie públicamente a una de sus figuras refuerza la imagen de un vestidor unido y competitivo.

Mirando hacia adelante, el calendario del América no concede tregua. El próximo compromiso será el miércoles 11 de febrero en el Estadio Ciudad de los Deportes, donde recibirán al Olimpia de Honduras en el duelo de vuelta de la primera ronda de la Concachampions. Las Águilas parten con una ligera ventaja en el marcador global, 2-1, pero son conscientes de que no pueden confiarse ante un rival que suele crecerse en competiciones internacionales.

En este contexto, la figura de Zendejas cobra todavía más relevancia. Se espera que vuelva a ser protagonista, aportando desequilibrio por las bandas y presencia en el área rival. Con la responsabilidad de mantener la ventaja y sellar la clasificación, América necesita la mejor versión de su “mini Messi” particular, ese jugador que puede cambiar el rumbo de una eliminatoria con un destello de calidad.

Además de la Concachampions, el conjunto de Jardine tiene la mira puesta en la Liga MX. Después de un dominio histórico con el tricampeonato, la exigencia es máxima. La afición no solo quiere resultados, también espera un futbol vistoso y contundente. En ese sistema, futbolistas como Zendejas, Henry Martín, Julián Quiñones y otros elementos de ataque deben asumir el rol de líderes futbolísticos, sosteniendo un nivel alto semana tras semana.

El apodo “mini Messi”, aunque suene ligero o incluso exagerado, también encierra una dosis de presión. Ser comparado, aunque sea en tono amistoso, con uno de los mejores jugadores de la historia implica una expectativa adicional sobre cada actuación. Zendejas ha demostrado personalidad suficiente para convivir con ese tipo de etiquetas, respondiendo con goles importantes y actuaciones regulares en momentos clave.

Otro aspecto interesante es cómo este tipo de reconocimientos entre jugadores fortalecen el ambiente interno y la motivación. Para un futbolista, recibir elogios públicos de alguien que triunfa en el futbol europeo es una inyección de confianza. Esa confianza es la que puede marcar la diferencia en partidos cerrados, donde la toma de decisiones en segundos define si una jugada termina en gol o se queda en intento.

El caso de Saint-Maximin también reabre el debate sobre las condiciones extracancha en las que viven los futbolistas extranjeros en México. Sus denuncias sobre racismo hacia su familia ponen sobre la mesa la necesidad de trabajar en medidas de protección, educación y sensibilización, no solo dentro de los clubes, sino en la sociedad en general. La Liga MX, que aspira a ser un destino atractivo para figuras internacionales, necesita garantizar un entorno seguro y respetuoso.

Sin embargo, aun con ese final amargo, el paso del francés y su actual cercanía con excompañeros como Zendejas demuestran que el futbol también deja lazos positivos. El recuerdo que el propio Allan se lleva del vestidor azulcrema no es únicamente de conflicto, sino de camaradería, bromas internas y, como se comprobó con el famoso “mini Messi”, de admiración mutua.

De cara a los próximos meses, el americanismo estará atento no solo al rendimiento del equipo en Liga MX y Concachampions, sino también a la evolución de sus figuras. Si Zendejas mantiene su nivel y continúa asumiendo el rol protagónico que se le exige, apodos como el que le puso Saint-Maximin dejarán de ser una anécdota simpática para convertirse en una etiqueta que describa, cada vez con menos exageración, su impacto dentro de la cancha.