¿Alarma encendida en Xolos y en la Selección Mexicana?
Gilberto Mora, una de las mayores promesas del futbol nacional, se someterá a una tercera valoración médica para intentar definir, de una vez por todas, el tratamiento que seguirá para superar la lesión que lo tiene fuera de las canchas.
Javier Aguirre, director técnico del combinado mexicano, profundizó sobre el complicado momento físico que atraviesa el joven jugador de Tijuana y explicó que, tras los análisis realizados por los médicos del club fronterizo y del representativo nacional, aún no existe consenso sobre el mejor camino a seguir. Por ello, Mora será revisado por otro especialista.
De acuerdo con lo que detalló el estratega, sobre la mesa hay, esencialmente, dos rutas claras y una tercera alternativa intermedia. La primera es una intervención quirúrgica inmediata, que en teoría implicaría un periodo de baja relativamente corto pero con los riesgos propios de cualquier operación. La segunda vía es un descanso absoluto, un parón total de la actividad para permitir que el cuerpo se recupere de forma natural. Y, además, se contempla una tercera opción: un «reposo activo».
Aguirre explicó que este «descanso activo» no significa permanecer inmóvil ni postrado en cama durante un mes, sino reducir al máximo las cargas, evitar el esfuerzo intenso y trabajar de forma muy controlada bajo supervisión médica, con ejercicios específicos que no agraven la zona afectada. El objetivo de este enfoque es mantener cierto tono muscular y ritmo físico sin poner en riesgo la recuperación.
El técnico mexicano comentó que visitó recientemente Tijuana para mantenerse de cerca al tanto del proceso de Mora. Detalló que el jugador acudiría a una evaluación con un nuevo especialista, lo que representa esa tercera opinión que se busca para despejar dudas. Reconoció que se trata de una lesión compleja, con interpretaciones distintas entre los médicos, lo que ha complicado elegir una sola línea de acción.
Según lo que le ha manifestado el propio Mora, las molestias persisten, pero existen señales de que el tratamiento actual no va por mal camino. Sin embargo, la falta de un diagnóstico plenamente consensuado obliga al cuerpo técnico y al jugador a ser muy prudentes. De ahí la importancia de este nuevo dictamen médico.
Aguirre subrayó que la comunicación con el cuerpo médico encargado del seguimiento del futbolista es constante y detallada. Recordó que una situación similar se vivió con César «Chino» Huerta, quien sufrió una pubalgia y terminó pasando por el quirófano. En aquel caso, la coordinación entre médicos y cuerpo técnico fue clave para tomar la decisión correcta y planificar la vuelta a las canchas, y ahora se intenta replicar ese modelo con Mora.
El entrenador fue muy claro al hablar del momento actual del jugador: hoy, Mora no está en condiciones de competir ni con Xolos ni con la Selección Mexicana. El dolor que presenta hace imposible exigirle al cuerpo el nivel de esfuerzo que requiere el futbol profesional. En este punto, más que hablar de tiempos de recuperación, la prioridad es encontrar el tratamiento que asegure su salud a mediano y largo plazo.
Sobre la posibilidad de que Gilberto Mora llegue en óptimas condiciones al Mundial de 2026, Aguirre se mostró cauto. Admitió que sería irresponsable fijar plazos específicos cuando ni siquiera se ha definido el tratamiento definitivo. Sin embargo, recalcó que la juventud y la mentalidad del jugador son factores que juegan a su favor. Con una rehabilitación bien planificada y sin recaídas, el horizonte mundialista no es imposible, pero cualquiera que hable de fechas concretas, hoy, estaría especulando.
El caso de Mora, además, abre un debate importante sobre la gestión de lesiones en futbolistas jóvenes. En una etapa en la que su cuerpo aún se está desarrollando, una presión excesiva por volver pronto puede generar secuelas crónicas o recaídas frecuentes. Por eso, tanto el club como la selección se muestran reacios a forzar un regreso precipitado, aunque eso signifique renunciar a su talento durante varios meses.
Para Xolos de Tijuana, la ausencia de su principal joya representa un golpe deportivo considerable. El equipo pierde a un elemento diferencial en ataque y se ve obligado a reacomodar su esquema táctico, repartir responsabilidades creativas y dar paso a otros futbolistas que, si bien pueden aprovechar la oportunidad, no tienen todavía el peso de Mora en el plantel. Esto puede traducirse en altibajos de rendimiento mientras el club se adapta a competir sin su figura emergente.
En el caso de la Selección Mexicana, el impacto es más estratégico que inmediato. Mora estaba siendo observado como pieza de recambio generacional y como un posible protagonista en el ciclo rumbo a 2026. Su lesión obliga al cuerpo técnico a revisar alternativas, fortalecer la competencia interna en su posición y, al mismo tiempo, no romper el vínculo con el jugador. Mantenerlo integrado al proyecto, incluso en rehabilitación, es clave para que sienta la confianza y motivación necesarias en su proceso de recuperación.
Otro punto relevante es el aspecto mental. Las lesiones largas suelen afectar la confianza de los futbolistas, especialmente de los más jóvenes, que muchas veces viven su primera gran pausa forzada. En este sentido, el entorno que rodee a Mora -familia, cuerpo técnico, psicólogos deportivos y compañeros- será determinante. Un acompañamiento cercano puede marcar la diferencia entre un regreso pleno y una vuelta condicionada por el temor a resentirse.
Tampoco puede dejarse de lado la importancia de elegir con precisión el tipo de tratamiento. Una cirugía puede sonar como la vía más rápida, pero implica riesgos quirúrgicos y un proceso de rehabilitación muy estructurado. El reposo absoluto, por su parte, reduce el riesgo médico inmediato, pero puede derivar en pérdida de masa muscular y ritmo competitivo. El descanso activo busca un equilibrio, aunque requiere una disciplina casi perfecta por parte del jugador y una supervisión diaria muy profesional. La tercera opinión médica deberá ponderar todos estos factores con frialdad.
A mediano plazo, el desenlace de este caso podría influir en la manera en que el futbol mexicano afronta lesiones similares, en especial en jóvenes talentos. Protocolos más claros, decisiones menos apresuradas y una mayor participación de especialistas podrían convertirse en norma. Para Mora, esto puede traducirse en una oportunidad: si se prioriza su salud y se maneja con paciencia, podría volver más fuerte y mejor preparado para sostener una carrera larga al máximo nivel.
Mientras tanto, el mensaje desde el cuerpo técnico nacional es de serenidad. No hay urgencia por «ganar tiempo» a costa del bienestar del jugador. La consigna es clara: primero la salud, luego el rendimiento. Y en ese orden, el Mundial 2026 aparece como un objetivo posible, pero nunca como una obsesión que condicione el manejo médico de su lesión.
En síntesis, la tercera opinión médica que recibirá Gilberto Mora no solo busca resolver un expediente clínico complejo, sino también marcar el camino de un proyecto deportivo que lo contempla como figura del futuro. Xolos y la Selección Mexicana aguardan la definición con la misma mezcla de preocupación y esperanza: preocupación por la gravedad y la incertidumbre actual; esperanza porque, con la decisión correcta, el joven talento pueda regresar para escribir las páginas que muchos esperan de él en el futbol mexicano y, eventualmente, en la Copa del Mundo.
