Ethics of Var: technological justice in football or disruption of game flow

La ética del VAR: más que una cámara lenta en el fútbol moderno

Hablar del VAR en 2026 es casi como hablar del fuera de juego: todo aficionado tiene una opinión fuerte, y casi nadie se queda indiferente. En menos de una década, este sistema ha pasado de ser un experimento a convertirse en un actor central del espectáculo. La gran pregunta ya no es solo si ayuda a acertar más, sino si, ética y futbolísticamente, estamos ante una auténtica justicia tecnológica o ante una ruptura del flujo del juego que cambia la esencia del deporte. En medio de esta polémica var fútbol opiniones se han radicalizado: para unos, el VAR es un “mal necesario”; para otros, es el principio del fin de la espontaneidad que hacía único al fútbol.

De idea revolucionaria a rutina discutida

Un poco de contexto: cómo llegamos hasta aquí

El VAR se probó por primera vez en competiciones oficiales alrededor de 2016, pero su consolidación llegó con el Mundial de Rusia 2018 y, sobre todo, con el Mundial de Qatar 2022. Hoy, en 2026, es estándar en casi todas las grandes ligas europeas, en la Libertadores, la Champions, la Eurocopa y en la mayoría de ligas de primer nivel en América y Asia. La intención inicial era clara: reducir errores groseros en jugadas decisivas que podían marcar una temporada o una carrera. Sin embargo, a medida que el sistema se instalaba, la conversación comenzaba a virar de la precisión a la filosofía del juego.

En 2023‑2025 se pulieron protocolos, se introdujo tecnología semiautomática de fuera de juego en torneos como la Champions y el Mundial de Clubes, y se redujo el tiempo medio de revisión. Aun así, el debate ético sobre el var justicia o injusticia sigue completamente abierto, porque el problema ya no es solo técnico: tiene que ver con qué entendemos por “justicia” en un deporte que tradicionalmente ha convivido con el error humano.

Casos reales que encendieron la mecha

Para entender por qué el VAR genera tanta fricción, basta recordar algunos episodios concretos. En la Premier League 2023‑24, el famoso error en el Tottenham–Liverpool, donde un gol legal de Luis Díaz fue anulado por un fallo de comunicación en la sala VAR, dejó al descubierto un punto clave: aunque tengas tecnología, la cadena humana sigue siendo vulnerable. El propio PGMOL tuvo que publicar el audio para intentar explicar lo inexplicable. Éticamente, la pregunta fue inmediata: ¿es aceptable parar tanto el juego, asumir tanta interferencia, si al final seguimos teniendo errores graves, solo que ahora “tecnológicamente legitimados”?

Otro ejemplo: en LaLiga 2022‑23, un penalti señalado al Barcelona tras una mano muy discutible del defensa rival dejó una sensación de injusticia generalizada. La imagen ampliada, el frame congelado, la mano a cámara superlenta… y sin embargo, en velocidad real, todo parecía mucho menos claro. Muchos exjugadores señalaron que el VAR estaba “juzgando algo que el futbolista nunca vive a cámara lenta”, lo que abrió otra línea ética: ¿hasta qué punto es justo analizar una acción a una velocidad que no existe en el juego?

Bloque técnico: var fútbol cómo funciona y decisiones polémicas

En la práctica, el sistema no revisa todo, sino cuatro grandes tipos de acciones:
– Goles (y todo lo que pasa en la jugada inmediatamente anterior).
– Penaltis (señalados o no señalados).
– Tarjetas rojas directas.
– Confusión de identidad (cuando se amonesta o expulsa al jugador equivocado).

El protocolo estándar es este:

1. El equipo VAR, desde una sala con acceso a todas las cámaras, analiza en tiempo real cada jugada potencialmente crítica.
2. Si detecta un “error claro y manifiesto” o una situación “no vista”, comunica al árbitro de campo que se está revisando.
3. El VAR puede:
– Confirmar la decisión sin que el juego se detenga (revisión silenciosa).
– Recomendar revisión “on-field” para que el árbitro vea las imágenes en el monitor.
4. La decisión final siempre recae en el árbitro principal, al menos en el papel.

Las decisiones polémicas suelen nacer en los bordes de la norma:
– Manos en el área donde la intención y la posición “natural” del brazo son discutibles.
– Contactos mínimos en el área que la cámara amplifica, pero que quizá en vivo nunca hubieran sido penaltis.
– Fuera de juego semiautomático con milímetros de diferencia, donde la línea trazada por el sistema decide lo que a ojo humano es imposible discernir.

Ventajas claras: más aciertos, menos escándalos… ¿seguro?

Lo que dicen los números

Los estudios de FIFA y UEFA entre 2018 y 2024 suelen apuntar a un dato repetido: con VAR, el porcentaje de decisiones correctas en acciones clave pasa de aproximadamente un 92 % a algo cercano al 98 %. Es decir, se reduce drásticamente el número de errores en jugadas determinantes. En la Serie A, por ejemplo, la primera temporada con VAR reportó alrededor de 100 decisiones corregidas que, sin tecnología, habrían sido errores graves.

Si miramos esos datos fríamente, las ventajas y desventajas del var en el fútbol parecerían inclinadas hacia el lado positivo: más justicia, más goles válidos concedidos, menos penaltis fantasmas… y, en teoría, menos escándalos. Pero la realidad social del fútbol no es tan lineal: aunque haya menos errores objetivos, el ruido mediático alrededor de cada corrección, cada línea de fuera de juego y cada frame analizado se ha multiplicado. En vez de apagar incendios, muchas veces el VAR los reaviva, solo que ahora con imágenes, repeticiones y ángulos para todos los gustos.

Lo que perciben jugadores y aficionados

La ética del VAR: ¿justicia tecnológica o ruptura del flujo del juego? - иллюстрация

Para muchos futbolistas, el gran “pero” no está en el número de aciertos, sino en la sensación de vigilancia constante. Un delantero que celebra un gol ya no lo vive con la misma liberación que antes: siempre hay ese segundo de duda mirando al árbitro, esperando por si levanta la mano a la oreja. Varios jugadores de élite han comentado que “el gol ya no es gol hasta que el VAR lo bendice”, lo que modifica incluso el componente emocional del deporte.

Los aficionados, por su parte, han desarrollado una relación de amor‑odio con las pantallas del estadio. Por un lado, agradecen cuando corrige un error contra su equipo. Por otro, sienten que el partido se ha convertido en una sucesión de pausas, donde se pierde el hilo del juego, el canto, la tensión continua. De ahí que el impacto del var en el flujo del juego de fútbol se haya vuelto uno de los temas más calientes en tertulias, paneles de exárbitros e incluso en las propias asambleas de federaciones.

El gran conflicto: justicia vs. esencia del juego

¿Qué entendemos por “justicia” en el fútbol?

Si llevamos la discusión al terreno de la ética, la primera pregunta incómoda es esta: ¿queremos un fútbol perfecto o un fútbol humano? Durante décadas, los hinchas han vivido con errores arbitrales históricos: goles fantasmas, penaltis inventados, fueras de juego mal señalados. Muchos de esos errores son hoy parte de la narrativa del deporte, para bien o para mal. El VAR entra con una promesa potente: minimizar al máximo ese margen de injusticia.

Sin embargo, en filosofía moral se suele distinguir entre “justicia de resultados” (acertar el máximo de decisiones) y “justicia de proceso” (que el camino sea coherente, comprensible y aceptado por todos). El VAR mejora la primera, pero tambalea la segunda cuando:
– La explicación de por qué se toma una decisión no es transparente para el público.
– El mismo tipo de jugada se interpreta distinto en partidos o ligas diferentes.
– La sensación subjetiva es que “se busca la falta” en vez de dejar fluir el juego.

Aquí es donde el debate ético sobre el var justicia o injusticia se vuelve complejo: ¿es realmente más justo un sistema que acierta más, si a cambio genera desconfianza, frustración y la percepción de que el partido está gobernado por una sala lejana y no por el árbitro de campo?

La ruptura del ritmo: el “daño colateral” del VAR

La ética del VAR: ¿justicia tecnológica o ruptura del flujo del juego? - иллюстрация

Otra pieza clave de la discusión es el ritmo del partido. El fútbol siempre ha presumido de ser un deporte continuo, con pocas interrupciones largas si lo comparamos con el fútbol americano o el béisbol. El VAR, inevitablemente, introduce pausas que pueden ir de 20‑30 segundos hasta más de dos minutos en jugadas especialmente enrevesadas.

Esto afecta a varios niveles:
– Estrategia: un equipo sometido a una avalancha rival “respira” durante la revisión y puede reorganizarse.
– Emoción: la celebración queda congelada; el público pasa de la euforia a la espera tensa.
– Televisión: los tiempos muertos se llenan con repeticiones y debates al instante, cambiando la narrativa del espectáculo.

En partidos de Champions 2021‑2025, no es raro ver encuentros con 7‑10 minutos de añadido, en gran parte por revisiones VAR. Algunos entrenadores lo aprovechan como “tiempos muertos encubiertos”, algo que antes no existía. El fútbol se va pareciendo, poco a poco, a deportes donde la pausa estratégica es parte del guion.

Bloque técnico: dónde se atasca la ética en la tecnología

Más allá del discurso general, hay puntos muy concretos donde la ética y la técnica chocan de frente:

Definición de “error claro y manifiesto”
No existe un umbral numérico. Todo depende de la interpretación del equipo VAR. Lo que para unos es “claro”, para otros es “discutible”. Eso deja un enorme espacio a la subjetividad revestida de objetividad tecnológica.

Ángulos y velocidad de repetición
La cámara lenta exagera el contacto y altera la percepción de la intención. Muchos comités arbitrales ya recomiendan que el árbitro vea primero la jugada a velocidad real y luego en cámara lenta, pero no siempre se aplica con rigor.

Fuera de juego milimétrico
La tecnología semiautomática reduce el tiempo de decisión, pero no elimina del todo el debate. Se asume que el frame exacto del pase es correcto, pero en la práctica siempre hay márgenes de error. Cuando una bota adelantada unos pocos centímetros decide un gol, muchos se preguntan si esa es la “justicia” que realmente queremos.

Asimetría entre partidos con VAR y sin VAR
En copas nacionales o categorías inferiores, hay encuentros sin tecnología. Eso crea un doble estándar: un penalti señalado en Primera gracias al VAR quizás nunca se pite en Segunda B. Éticamente, no todos compiten bajo las mismas condiciones.

Listas útiles: cómo pensar el VAR desde la ética del fútbol

Preguntas clave que se están haciendo federaciones y ligas

– ¿Debe el VAR intervenir menos, limitándose a errores realmente escandalosos?
– ¿Es conveniente que el público escuche el audio de la conversación entre árbitro y sala VAR para aumentar la transparencia?
– ¿Hasta qué punto se puede ajustar el reglamento (sobre todo manos y fueras de juego) para que sea más compatible con la tecnología?
– ¿Se debe estandarizar a nivel global el criterio, o aceptar que habrá diferencias culturales y de interpretación entre ligas?

Qué podrían exigir los aficionados en 2026

– Explicaciones claras en el estadio y en TV de cada revisión (tipo rugby).
– Menos revisiones de contactos leves que rompen el ritmo del juego.
– Compromisos públicos de federaciones sobre tiempos máximos de revisión.
– Informes posteriores a la jornada, con análisis oficiales de decisiones clave, no solo comunicados ambiguos cuando hay grandes errores.

Polémica, opiniones y realidad: el VAR no es blanco o negro

La famosa expresión polémica var fútbol opiniones resume bien el escenario actual: no hay consenso, y probablemente no lo habrá a corto plazo. Parte del problema es que se ha vendido el VAR como una herramienta casi infalible, cuando en realidad es un apoyo más dentro de un sistema que sigue siendo profundamente humano. No es un robot que dicta la verdad absoluta; son personas interpretando imágenes, con presiones, contextos mediáticos y sesgos inevitables.

En muchos debates se cae en la trampa de comparar el mundo con VAR con un mundo ideal sin errores. Esa comparación es injusta: el término real de comparación debería ser el fútbol de antes, lleno de fallos a veces groseros, pero también de un flujo más limpio y de una autoridad arbitral más clara, aunque se equivocara. El desafío ético de esta década es aceptar que la tecnología no liquida el conflicto, sino que lo desplaza y lo transforma.

Pronóstico 2026‑2030: hacia un VAR menos protagonista

Tendencia 1: menos intervenciones, más transparencia

Todo apunta a que, en los próximos cuatro años, veremos una corrección de rumbo. Varias ligas ya están probando formatos donde:
– Se reduce el rango de acciones revisables (por ejemplo, limitando manos “grises” en el área).
– Se obliga a los árbitros a explicar la decisión por megafonía, como se hace en la NFL y poco a poco en el rugby.
– Se publican audios de las revisiones en casos muy polémicos, para reforzar la confianza en el proceso.

Esto no eliminará el conflicto, pero sí puede mejorar la sensación de justicia de proceso. El foco ya no estará solo en “se acertó o no”, sino en “se decidió de una forma comprensible y coherente”.

Tendencia 2: más automatización en fuera de juego, menos “drama humano”

La tecnología semiautomática de fuera de juego, usada ya con éxito en Mundial y Champions, probablemente se convertirá en estándar global en las grandes ligas antes de 2030. Esto traerá:
– Decisiones mucho más rápidas (objetivo: menos de 10‑15 segundos de espera).
– Menos margen de interpretación visual y, por tanto, menos discusión sobre líneas mal trazadas.
– Un nuevo debate ético: si el margen de error técnico es de, por ejemplo, 3 centímetros, ¿tiene sentido anular un gol por 1 centímetro? No sorprendería que se empiece a hablar de “zonas de tolerancia” donde el atacante no sea penalizado por diferencias mínimas.

Tendencia 3: el VAR “de categoría” y la brecha entre élites y base

En 2026 ya se está discutiendo seriamente en FIFA y confederaciones cómo acortar la brecha entre el fútbol de élite, con VAR, y las divisiones inferiores, sin recursos para implementarlo. Posibles caminos:
– Versiones “ligeras” del VAR con menos cámaras y menos personal, pensadas para segundas divisiones.
– Sistemas centralizados por país o región, donde varias ligas comparten la misma sala VAR para abaratar costes.
– Uso experimental de inteligencia artificial para filtrado de jugadas, de forma que el humano solo intervenga cuando el sistema detecta alta probabilidad de error.

Ética y competitivamente, será clave que no se convierta en un lujo exclusivo de unas pocas ligas ricas, mientras el resto sigue con un fútbol “de otra época”.

¿Hacia dónde debería ir el VAR si pensamos en la ética del juego?

Si aceptamos que el VAR no va a desaparecer —y todo indica que no lo hará—, la cuestión pasa a ser cómo domesticarlo para que sirva al fútbol y no al revés. Una visión razonable para los próximos años podría pasar por:
Intervenciones más selectivas: centrarse solo en errores que cualquier aficionado medio vea como escandalosos, no en cada pequeño contacto.
Reglas adaptadas a la realidad tecnológica: manos, fueras de juego y penaltis deberían redactarse pensando en que serán revisados en vídeo, evitando zonas grises innecesarias.
Transparencia radical: audios, explicaciones públicas, formación comunicativa para árbitros. La confianza se construye mostrando el proceso, no escondiéndolo.
Respeto al ritmo del juego: tiempos máximos de revisión, protocolos claros para no romper el impulso del partido, y una cultura arbitral que no tema dejar seguir cuando la duda es razonable.

En definitiva, el VAR no es, por sí mismo, ni la salvación ni la ruina del fútbol. Es una herramienta poderosa que ha llegado a un ecosistema con tradición, pasiones y desigualdades muy marcadas. La ética del VAR, en 2026, se juega menos en los cables y las cámaras, y más en cómo árbitros, federaciones, jugadores y aficionados deciden usarlo, limitarlo y, sobre todo, entenderlo. Solo si se asume que la tecnología debe estar al servicio del juego —y no al contrario— podremos hablar de una verdadera justicia tecnológica que no rompa, sino que respete, el flujo vivo del fútbol.