¿De verdad está muriendo el “10” clásico?

Si uno mira la Champions de los últimos años, parece que el “enganche” se ha evaporado. Los equipos top juegan con interiores llegadores, extremos por dentro o un “falso 9”, pero casi nunca con ese mediapunta libre que vivía entre líneas, de Zidane a Riquelme. Sin embargo, que ya no veamos tanta camiseta número 10 fútbol comprar en las tiendas no significa que el rol haya desaparecido; más bien, se ha repartido entre varias posiciones y se ha adaptado a un fútbol mucho más intenso y físico que hace 20 años.
Cambio táctico: el pressing mató al diez… ¿o lo obligó a mutar?
Desde 2010, con la irrupción del gegenpressing de Klopp y el modelo de Guardiola, el tiempo y el espacio en tres cuartos se redujeron brutalmente. El mediapunta que esperaba el balón al pie empezó a ser un lujo difícil de sostener. En la Premier 2022‑23, solo un 12‑15 % de los equipos usaron un 4‑2‑3‑1 con un “10” fijo como estructura base; la mayoría optó por 4‑3‑3 o 3‑4‑3 con interiores mixtos. No es que el talento creativo sobre el balón no sirva, sino que ahora tiene que correr, presionar y orientar la presión rival.
Bloque técnico: qué se le exigía antes al “10” clásico
Técnicamente, el “10” de los 90‑2000 cumplía funciones muy concretas: recibir entre líneas de espaldas, girar, filtrar el último pase y acelerar o pausar el ritmo. Defensivamente, muchos entrenadores lo “escondían” en banda al replegar. Su mapa de calor se concentraba en una franja central de 20‑25 metros de ancho, casi sin pisar las bandas. El equipo se organizaba para que él recibiera limpio; los demás corrían por él. En el fútbol actual, esa asimetría física es difícil de sostener durante 90 minutos.
Cambio cultural: de héroe romántico a pieza del sistema
También hay un giro cultural: el hincha de hoy celebra tanto un robo tras pérdida como un regate. El jugador creativo que no corre es cuestionado en redes en tiempo real. Muchos chicos ya no sueñan con ser el “10” libre, sino el interior total a lo De Bruyne o Bellingham. Incluso el mercado de marketing se ha desplazado: las equipaciones de fútbol personalizadas con dorsal 10 ya no son el único fetiche; ahora venden igual las del lateral ofensivo o del mediocentro que “lo hace todo”, reflejando un ideal de futbolista más completo y menos bohemio.
Bloque técnico: los datos que explican el declive
Si miramos números, el cambio es evidente. Entre 2004 y 2010, el 4‑2‑3‑1 con mediapunta central era el sistema base de alrededor del 40 % de los equipos del Mundial y Eurocopas; en Catar 2022, bajó a menos del 20 %. Además, los “10” que sobreviven han incrementado su volumen defensivo: mediapuntas de élite hoy superan fácilmente los 18‑20 sprints de alta intensidad por partido, cuando las viejas estrellas del enganche rara vez llegaban a 10. El puesto ya no admite especialistas lentos; exige polivalencia.
¿El “10” ha desaparecido o se ha escondido en otro sitio?
Si miras al City de Guardiola, no verás un enganche clásico, pero sí muchos gestos de “10” repartidos. Bernardo, Foden o De Bruyne reciben entre líneas, giran y filtran pases, aunque partan desde la banda o desde el interior. Incluso el “falso 9” de Messi en el Barça era, en esencia, un diez disfrazado de delantero. Por eso hoy tiene más sentido hablar de análisis táctico fútbol moderno mediapunta falso 10 que de una figura pura: el rol se camufla en distintas alturas, pero el cerebro creativo sigue siendo indispensable.
Bloque técnico: perfiles híbridos y zonas de influencia
En pizarrón, muchos entrenadores ya no dibujan un “10” por nombre, sino medias puntas híbridos: interior‑enganche, extremo‑playmaker o segundo punta‑conector. La clave es su zona de influencia: recibe entre líneas, pero se mueve al lado fuerte o al débil según la circulación. Un “falso 10” puede aparecer a la espalda del mediocentro rival, caer a banda para crear superioridad o atacar el área como segundo rematador. El dorsal da igual; lo que define el rol es el patrón de movimientos y la lectura del espacio que realiza el jugador.
Ejemplos reales: de Riquelme a Bellingham
Compáralo con casos concretos. Riquelme en el Villarreal 2005‑06 tocaba más de 90 balones por partido, casi todos en el carril central y con poco recorrido hacia atrás. Bellingham, en el Madrid 2023‑24, también supera los 70‑80 toques, pero aparece en salida, llega al área y presiona al central. Es un “10” en goles y zonas de remate, pero un “8” en responsabilidades sin balón. Lo mismo con Griezmann en el Atleti: parte de mediapunta, pero baja a la base y presiona como un interior, asumiendo un triple rol en fase defensiva y ofensiva.
Problema de formación: seguimos fabricando “10” para un fútbol que ya no existe
En muchas canteras de Latinoamérica y España todavía se corona al chico más talentoso con el dorsal 10 y se le permite “no correr demasiado”. Luego, cuando salta a la élite, se encuentra con contextos donde la exigencia física y táctica lo devora. No basta con recomendar libros sobre táctica del mediapunta y el enganche: hay que rediseñar la metodología para que ese talento creativo aprenda a presionar, temporizar y entender la estructura colectiva desde niño, no solo a driblar y dar el pase final.
Bloque técnico: qué cambiar en el entrenamiento de base
Una propuesta concreta: reducir los juegos donde el “10” está exento de esfuerzos defensivos. Diseñar tareas posicionales 5v5+comodín donde el comodín (el supuesto “10”) deba cambiar de rol tras pérdida y convertirse en primer defensor. Integrar sesiones de vídeo cortas donde el niño vea ejemplos de interiores creativos, no solo de enganches clásicos. Y complementar con cursos online de táctica futbolística para entrenadores que insistan en perfiles mixtos, explicando cómo integrar la creatividad sin romper el sistema defensivo del equipo.
Soluciones poco convencionales para rescatar al “10”
En lugar de resignarnos a su desaparición, se pueden explorar caminos menos obvios. Uno es diseñar sistemas asimétricos muy claros: por ejemplo, un 3‑2‑2‑3 donde el “10” defienda como interior por un lado, pero reciba absoluta libertad en fase ofensiva, compensado por un lateral que casi no pasa de medio campo. Otro es ajustar la preparación física para crear “micro picos” de intensidad alrededor de su zona, de modo que el equipo le garantice 2‑3 segundos de espacio tras robo. Son decisiones de diseño, no de romanticismo.
Bloque técnico: tres ideas tácticas aplicables

1. Crear “zonas VIP” en el plan de partido: secuencias predefinidas donde, tras recuperar, el primer pase busca al jugador más creativo en un área concreta del campo.
2. Rotaciones dirigidas: el “10” permuta constantemente con el extremo y el interior, para que el rival no pueda asignarle un marcador fijo.
3. Roles espejo: entrenar al mediocentro para cubrir sus espaldas al estilo Busquets, pero con automatismos muy claros que reduzcan los riesgos de perder equilibrio cuando el enganche arriesga en conducción o pase vertical.
El valor simbólico del dorsal 10 en la era de los sistemas
Aunque el rol táctico se haya diluido, el dorsal sigue cargado de simbolismo. Muchos clubes siguen usando al “10” como bandera comercial, pero tal vez haya que repensar su mensaje. No se trata solo de camiseta número 10 fútbol comprar por nostalgia, sino de reivindicar un tipo de jugador que asume responsabilidad creativa dentro de un fútbol hiperestructurado. Que existan menos “10” puros no implica que el juego deba renunciar al desequilibrio; significa que ese desequilibrio debe dialogar mejor con la organización colectiva.
¿Declive definitivo o simple evolución?
En resumen, más que una extinción, lo que vemos es una mutación acelerada. El “10” declina como figura estática y romántica, pero se expande como función repartida entre interiores, extremos y falsos nueves. La pregunta no es si el enganche volverá, sino quién se atreverá a diseñar contextos para que el talento creativo tenga margen sin romper la estructura. Desde las equipaciones de fútbol personalizadas con dorsal 10 hasta el trabajo de campo, la clave está en aceptar que el fútbol actual exige cerebros que también corren… y equipos dispuestos a proteger a sus cerebros.
