Por qué hoy los clubes también hacen política (les guste o no)
Te guste o no, si gestionas un club deportivo ya estás metido en política.
No hablo de partidos ni de ideologías concretas, sino de poder, influencia y decisiones que afectan a la comunidad: barrio, ciudad, hinchas, familias, empresas, administraciones públicas.
Cada campaña social, cada patrocinio, cada mensaje en redes es una toma de posición.
Y ahí aparece la tensión central: ¿de verdad hay compromiso social o solo marketing solidario bien empaquetado?
En esta guía vamos a bajar todo esto a tierra: qué herramientas necesitas, cómo diseñar un plan paso a paso y qué hacer cuando las cosas se tuercen.
—
Herramientas básicas para que el club se tome en serio su rol político
1. Mapa de grupos de interés (stakeholders) sencillo pero honesto
Antes de hablar de campañas y banderas, necesitas saber a quién afectas:
– Socios y socias
– Afición “informal” (quien no paga cuota, pero vive el club)
– Cantera y familias
– Barrio / municipio
– Instituciones (ayuntamiento, federación, ligas)
– Empresas vinculadas (patrocinadores, proveedores)
– Medios y redes sociales
Haz literalmente un esquema en una hoja o pizarra.
Pon al club en el centro y dibuja quién depende de tus decisiones y quién puede influir en ellas. Este mapa será tu brújula política.
—
2. Datos, no solo intuición: pequeñas métricas que cambian todo
No necesitas un departamento de big data. Con poco ya puedes tomar mejores decisiones:
– Encuestas cortas a socios (online o en papel en el estadio/pabellón)
– Formularios para familias de cantera
– Preguntas abiertas en redes sociales
– Reuniones periódicas con asociaciones del barrio
Apunta patrones: temas que se repiten, preocupaciones, demandas.
Ese material es oro cuando empieces a pensar en estrategias de compromiso social para clubes deportivos que no sean puro humo.
—
3. Un “mini comité político-social” dentro del club
No hace falta un nombre pomposo.
Basta con un grupo estable de 4–8 personas que se reúna cada mes o cada dos meses:
– 1–2 representantes de socios
– 1 persona de cantera
– 1 alguien del área de comunicación/marketing
– 1 miembro de la directiva
– Si se puede, 1 representante del barrio (asociación vecinal, ONG cercana, etc.)
Este comité hace tres cosas: propone, filtra y evalúa.
Así evitas que todo pase solo por el presidente o por el departamento de comunicación.
—
4. Caja de herramientas para comunicar sin dispararse en el pie
A nivel político, un error de comunicación puede costar años de trabajo. Ten preparado:
– Guía breve de tono y valores: qué defendemos y qué no
– Protocolo para temas sensibles (violencia, racismo, igualdad, política institucional)
– Mensajes claros sobre el rol del club: deportivo, social, educativo
Esto marca la diferencia entre un club que hace marketing solidario en clubes deportivos solo por imagen y otro que se toma en serio cómo impacta en su entorno.
—
Proceso paso a paso: del “queremos ayudar” a una estrategia real
Paso 1. Elegir tus causas sin caer en la moda del mes
No puedes estar en todo. Y si lo intentas, pareces incoherente.
Tres criterios prácticos para elegir causas:
1. Conexión directa con tu realidad
Ejemplos: deporte base, salud física, inclusión de niñas y mujeres, integración de personas migrantes, accesibilidad para personas con discapacidad.
2. Capacidad real de acción
Pregunta clave: “¿Podemos hacer algo concreto más allá de un post en redes?”
3. Apoyo amplio dentro del club
Si una causa divide totalmente a socios y plantilla, piénsalo dos veces o plantea un enfoque más pedagógico y gradual.
—
Paso 2. Traducir valores en objetivos medibles
No basta “luchar contra la desigualdad” o “promover el respeto”.
Baja las grandes palabras a metas concretas:
– Número de plazas becadas al año en la cantera
– Cantidad de actividades conjuntas con el barrio
– Porcentaje de partidos o entrenos con protocolos anti-discriminación activos
– X formaciones anuales en igualdad y diversidad para jugadores y técnicos
Esto no solo te ayuda a organizarte: evita que tu responsabilidad social corporativa en clubes de fútbol sea solo un discurso vacío en la web.
—
Paso 3. Diseñar acciones que tengan impacto… y también buena comunicación
Aquí entra el equilibrio delicado entre compromiso real y visibilidad.
Algunas ideas concretas:
– Programas de becas deportivas para familias con bajos ingresos
– Horarios reservados para escuelas públicas o centros sociales en las instalaciones
– Equipos mixtos o ligas internas inclusivas
– Campañas anuales temáticas (salud mental, anti-bullying, racismo cero, etc.)
Importante:
Primero garantiza que la acción tenga sentido y sea útil.
Después construye el relato y la campaña de comunicación: así evitas que todo parezca un simple spot de marketing solidario en clubes deportivos.
—
Paso 4. Integrar patrocinios sin vender tu credibilidad
Los patrocinios y marketing social en el deporte son una zona gris: pueden potenciar tu impacto o destruir tu coherencia.
Regla práctica:
– Si el patrocinador contradice tus valores (por prácticas laborales, medioambientales, etc.), el precio a pagar es tu reputación.
– Si el patrocinador suma recursos y comparte objetivos claros, puede multiplicar el alcance de las acciones sociales.
Negocia así:
– Exige que parte del patrocinio vaya a proyectos sociales concretos, medibles y públicos.
– Acuerda cómo se contará la historia: no se trata de que la marca “se apropie” del proyecto, sino de mostrar una alianza con objetivos compartidos.
– Define límites: causas que no vas a tocar solo por interés del patrocinador.
—
Paso 5. Profesionalizar sin perder el alma: usar consultoría en RSC
Cuando el club crece, la improvisación ya no sirve. En ese punto, la consultoría en RSC para clubes y entidades deportivas puede ayudarte a:
– Ordenar políticas ya existentes
– Diseñar indicadores de impacto
– Cumplir normativas y expectativas institucionales
– Identificar riesgos reputacionales y políticos
Eso sí: la consultora no puede sustituir al club en sus decisiones de fondo.
Tú defines tu identidad; ellos aportan método y experiencia.
—
Cómo detectar si estás haciendo política de verdad o solo postureo
Indicadores rápidos de compromiso auténtico
Hazte estas preguntas incómodas:
– ¿Hemos mantenido alguna postura social aunque nos haya costado críticas o dinero?
– ¿Hay continuidad en nuestros proyectos o cambiamos de causa cada temporada?
– ¿Jugadores y entrenadores participan porque quieren o solo para la foto?
– ¿Socios y afición reconocen estas acciones como parte de la identidad del club?
Si casi todo son respuestas negativas, probablemente tus acciones están más cerca del marketing solidario que del compromiso político real.
—
Diferencia clave: coste vs. beneficio
Cuando el club asume un rol político serio:
– A veces dice “no” a un patrocinio incoherente.
– A veces se posiciona en temas incómodos (violencia, racismo, homofobia, corrupción deportiva).
– A veces pierde apoyos a corto plazo para ganar credibilidad a largo plazo.
Si siempre ganas visibilidad y nunca asumes costes, es posible que estés en una burbuja de marketing social sin profundidad.
—
Errores frecuentes y cómo arreglarlos (troubleshooting)
Problema 1: Campaña social criticada por “hipócrita”
Suele pasar cuando:
– El mensaje no encaja con la realidad interna del club.
– Hay escándalos recientes (cánticos discriminatorios, casos de violencia, etc.).
– El patrocinador tiene mala reputación en el mismo tema que la campaña.
Cómo reaccionar de forma adulta:
– Reconocer el problema sin rodeos.
– Explicar cómo se va a alinear la práctica interna con el mensaje externo.
– Incluir acciones concretas: formación, protocolos, sanciones, cambios de normas.
Evita el clásico “nos han malinterpretado”. Lo normal es que te hayan entendido demasiado bien.
—
Problema 2: Socios y afición se quejan de que el club “se mete en política”
Pasa, por ejemplo, con campañas sobre igualdad de género, diversidad o derechos LGTBIQ+.
Respuestas prácticas:
– Explicar que el club siempre ha tomado decisiones que afectan a la comunidad: esto también es política.
– Enfocar el mensaje en valores básicos: respeto, dignidad, no violencia.
– Involucrar a referentes del club (ex jugadores, capitanes, entrenadores respetados) que apoyen públicamente la línea del club.
Clave: no entres en una guerra ideológica abstracta. Habla de personas concretas y de cómo el club quiere que todos se sientan seguros y respetados.
—
Problema 3: El patrocinador quiere usar tu “cara social” a su antojo

Puede ocurrir que:
– Te pidan mensajes que no compartes.
– Quieran asociarse a causas que el club no ha debatido ni asumido.
– Intenten maquillar con tu imagen problemas reputacionales propios.
Qué hacer sin romper puentes de golpe:
– Volver al contrato y a los principios acordados.
– Proponer alternativas: apoyar proyectos ya existentes del club, no inventar causas nuevas a medida de la marca.
– Marcar líneas rojas: hay temas en los que el club no se pronuncia por encargo externo.
Si tu identidad política y social se percibe como “alquilable”, pierdes respeto ante socios, afición y comunidad.
—
Cerrar el círculo: evaluar, corregir y seguir
Medir impacto político y social sin volverse loco con los números
Al final de cada temporada, el club debería hacer una revisión básica:
– ¿Qué proyectos sociales hicimos?
– ¿A cuántas personas afectaron?
– ¿Qué cambios internos generaron (normas, protocolos, cultura)?
– ¿Qué aprendimos de las críticas y errores?
No necesitas un gran informe, pero sí un documento claro que pueda consultarse y discutir internamente.
Con el tiempo, esto se convierte en tu memoria de responsabilidad social… y en tu mejor defensa frente a acusaciones de postureo.
—
El rol político que no se delega
Los clubes deportivos son espacios de socialización masiva: allí se aprenden gestos, se normalizan discursos y se crean referentes.
Esa es una forma de poder político cotidiano, mucho más influyente que muchos discursos oficiales.
Cuando un club asume conscientemente este rol:
– Sus campañas sociales dejan huella en el barrio, en las familias y en los niños.
– Sus decisiones de patrocinio envían mensajes claros sobre qué prácticas son aceptables.
– Sus protocolos frente a violencia y discriminación cambian comportamientos reales.
Cuando no lo asume, otros actores llenan el vacío: partidos, marcas, intereses privados.
Y el club acaba siendo un simple escaparate, sin capacidad real de orientar valores.
En resumen: asumir el rol político del club no significa convertirlo en una sucursal de ningún partido.
Significa entender que cada elección —proyecto social, patrocinio, mensaje público— construye o destruye comunidad.
Y que, bien gestionado, el equilibrio entre compromiso social y marketing solidario puede convertirse en una de las mayores fortalezas estratégicas del club.
