Existentialist football: what defeat reveals about the meaning of life

En el fútbol siempre hablamos de ganar, pero casi nunca de qué hacer con la derrota. Y, sin embargo, es ahí donde de verdad se pone interesante la cosa. La filosofía existencialista lleva décadas preguntándose qué hacemos con el dolor, el absurdo y la sensación de vacío, justo lo que siente un equipo que pierde una final en el minuto 93. En los últimos tres años (2022‑2024), con estadios llenos otra vez tras la pandemia y más de 3.500 millones de personas siguiendo el Mundial 2022 según la FIFA, el significado de perder se volvió más visible: millones de aficionados vivieron, en directo, cómo se derrumba un sueño… y qué pasa después. Esa es justamente la puerta por la que entra el existencialismo en el vestuario.

Derrota, angustia y el viejo conocido: el vacío existencial

Cuando un equipo cae eliminado en penaltis, la escena es casi siempre la misma: jugadores tirados en el césped, miradas perdidas, ese silencio pesado incluso en estadios de 80.000 personas. Lo que para el resultado es “0‑1”, para la experiencia humana es un pequeño terremoto interior. La angustia de la que hablaba Sartre se parece mucho a ese instante en el que un delantero sabe que ese penal fallado no solo cambió el marcador, sino también cómo lo miran los hinchas, la prensa e incluso su familia. Según la OMS, entre 2022 y 2023 los trastornos de ansiedad y depresión se mantuvieron en torno al 13% de la población mundial, y el deporte profesional, con tanta exposición pública, actúa como amplificador brutal de esa vulnerabilidad que el existencialismo intenta nombrar y comprender.

El fútbol como laboratorio del sentido de la vida

Si quitamos el ruido, el fútbol es un experimento social gigantesco sobre cómo buscamos sentido. 90 minutos, reglas claras, un objetivo simple: meter un gol más que el rival. Entre 2022 y 2024, las grandes ligas europeas promediaron entre 2,7 y 3 goles por partido, lo que significa que la mayor parte del tiempo los jugadores “no consiguen” marcar, pero siguen intentándolo. Camus, que fue portero, decía que todo lo que sabía de moral lo había aprendido del fútbol; no porque el juego sea “moral” en sí mismo, sino porque obliga a convivir con la incertidumbre y la frustración. Perder una semifinal después de 18 tiros a puerta y un xG altísimo es un resumen casi perfecto de la vida: haces lo que está en tu mano, pones los medios correctos… y aun así no hay garantía de resultado.

Bloque técnico: datos recientes sobre derrota y rendimiento

Fútbol y filosofía existencialista: ¿qué nos enseña una derrota sobre el sentido de la vida? - иллюстрация

En la temporada 2022‑23 de la Champions League, los datos de Opta mostraron que alrededor del 35‑40% de los partidos fueron decididos por un solo gol, lo que subraya cuánto pesa un detalle mínimo en la victoria o la derrota. En el Mundial de Qatar 2022 se batió el récord histórico de goles con 172 tantos, pero también se registraron cinco tandas de penaltis, donde la diferencia entre héroe y villano se decide en menos de 12 pasos y un segundo de ejecución. A nivel de psicología aplicada, revisiones publicadas entre 2022 y 2024 en revistas de deporte indican que los programas de entrenamiento mental reducen en torno a un 20‑25% los síntomas de ansiedad competitiva en deportistas de élite. No eliminan el miedo a perder, pero lo hacen más manejable, mostrando que la derrota puede integrarse en lugar de negarse.

Cuando perder no es solo perder: identidad y narrativa

Piensa en la Argentina que perdió la final del Mundial 2014 y la Copa América 2015 y 2016, y en la que ganó en 2021 y 2022. Es el mismo país, pero son dos relatos de identidad completamente distintos. Entre 2014 y 2022, Messi fue etiquetado de “perdedor de finales” y luego de “mejor de la historia” sin que cambiara radicalmente su talento, sino el resultado de un puñado de partidos. La filosofía existencialista nos avisa de esta trampa: no somos la suma de marcadores, sino la historia que decidimos construir con ellos. En los últimos tres años se han multiplicado los documentales deportivos en plataformas globales; detrás de esa moda hay algo de Heidegger: la necesidad de reinterpretar el pasado, de re‑contar derrotas como etapas necesarias del camino y no como puntos finales vergonzosos.

Bloque técnico: narrativa, cerebro y resiliencia

Estudios de neurociencia del deporte publicados en 2022 y 2023 señalan que la forma en que los atletas interpretan sus fracasos impacta directamente en biomarcadores de estrés: niveles de cortisol, variabilidad de la frecuencia cardíaca y calidad del sueño. Programas estructurados de re‑encuadre narrativo lograron mejoras de hasta un 30% en medidas de resiliencia psicológica en jóvenes futbolistas de academias europeas. Desde el punto de vista técnico, esto implica trabajar con diarios de entrenamiento, análisis de vídeo no solo táctico sino emocional y sesiones específicas de reflexión guiada tras las derrotas. No se trata de “autoayuda” superficial, sino de modificar patrones de pensamiento perseverativo que, si se dejan solos, pueden convertir un 0‑3 en una especie de sentencia sobre el propio valor como persona.

La derrota como decisión: libertad y responsabilidad

Sartre insistía en que estamos condenados a ser libres: incluso cuando todo parece decidido desde fuera, siempre hay un margen de elección interior. En fútbol eso se ve muy claro tras un fallo grave. Toma el ejemplo de un portero que comete un error en un partido televisado ante millones. En los días siguientes, puede refugiarse en excusas (“la luz, el césped, el ruido”) o asumir, con brutal honestidad, que se equivocó y que a partir de ahí decide qué tipo de profesional quiere ser. Entre 2022 y 2024 varios clubes de élite introdujeron psicólogos del rendimiento a tiempo completo precisamente para este momento: no para hacer sentirse “mejor” al jugador, sino para ayudarlo a traducir la culpa difusa en responsabilidad concreta y entrenable. Desde una mirada existencialista, perder se convierte así en un acto que te obliga a decidir quién eres.

Bloque técnico: herramientas aplicadas de responsabilidad

En la práctica, muchos cuerpos técnicos trabajan con escalas de autoevaluación del 1 al 10 para que el jugador puntúe su propia actuación partido a partido, independientemente del resultado. Datos de clubes de la Bundesliga y la Premier League entre 2022 y 2024 muestran que, cuando se introduce este tipo de métricas subjetivas junto con datos objetivos (distancia recorrida, sprints, duelos ganados), la correlación entre “me siento un fracaso” y “perdimos” se debilita con el tiempo. El futbolista aprende a distinguir entre el marcador y su proceso personal. Técnicamente eso se traduce en una curva más estable de rendimiento: menos picos de ansiedad tras derrotas y menos relajación peligrosa tras victorias amplias, porque el foco ya no está solo en el resultado sino en la responsabilidad diaria.

Fracaso, absurdo y el “partido de vuelta” interior

Camus hablaba del “absurdo” como esa sensación de desajuste entre nuestras ganas de encontrar sentido y un mundo que no garantiza nada. En fútbol, perder un partido dominado, con tres tiros al palo y un gol rival en el único córner, es absurdo en estado puro. Y, sin embargo, los jugadores vuelven a entrenar al día siguiente. Esa es la semilla de la respuesta existencialista: quizá el sentido no venga del marcador, sino del hecho de seguir entrando al campo sabiendo que puedes volver a perder. Entre 2022 y 2024, la UEFA reportó asistencias casi completas en fases eliminatorias incluso después de reveses dolorosos de los equipos locales; los hinchas también vuelven. Esa fidelidad al intento, aun sabiendo que el guion puede acabar mal, es una de las formas más claras de rebeldía lúcida de la que hablaba Camus.

Bloque técnico: datos sobre remontadas y perseverancia

Si miramos los datos de las cinco grandes ligas europeas entre 2021‑22 y 2023‑24, alrededor del 15‑20% de los partidos terminaron en remontadas tras ir perdiendo al descanso, según informes de distintas empresas de datos como StatsBomb y Opta. Esto no solo es tácticamente interesante, sino filosóficamente revelador: un marcador adverso no es una sentencia, sino una situación abierta. Muchos cuerpos técnicos se apoyan en estas estadísticas durante las charlas de vestuario para mostrar que el “fracaso parcial” del 0‑1 no obliga a resignarse. A nivel micro, el jugador aprende que la sensación de derrota durante el partido no es definitiva; a nivel macro, el aficionado descubre, temporada tras temporada, que su angustia del minuto 80 no coincide siempre con el resultado final, lo cual erosiona la tiranía del presente emocional.

Herramientas existencialistas al servicio del fútbol real

Todo esto suena muy bonito, pero ¿cómo se baja al barro del día a día de un vestuario? Cada vez más cuerpos técnicos se apoyan en profesionales mixtos, con formación filosófica y psicológica, para transformar derrotas en aprendizaje estructurado. Algunos clubes latinoamericanos han empezado a recomendar a sus canteranos una pequeña lista de libros de filosofía existencialista recomendados, no como tarea escolar, sino como espejo para entender por qué duele tanto perder y por qué eso no significa que tu vida esté rota. No es casualidad que, desde 2022, hayan crecido también proyectos académicos que combinan pensamiento crítico y deporte, conectando a entrenadores con filósofos y psicólogos para diseñar intervenciones que hagan algo más que gritar “¡hay que poner huevos!” en el descanso.

Bloque técnico: formación, estudios y programas específicos

Fútbol y filosofía existencialista: ¿qué nos enseña una derrota sobre el sentido de la vida? - иллюстрация

En el ámbito académico se han consolidado programas híbridos muy pegados a la práctica. Existen universidades que lanzaron un curso online de filosofía del deporte y rendimiento dirigido a entrenadores y analistas que quieren ir más allá de la táctica. En paralelo, algunos centros europeos han creado itinerarios de máster en psicología deportiva y gestión de la derrota que incluyen módulos sobre Sartre, Frankl o Camus aplicados a casos reales de vestuario. A nivel de intervención individual, se ha desarrollado también coaching deportivo existencialista para futbolistas, donde se trabaja con preguntas del tipo “¿qué dice esta derrota de lo que de verdad te importa?” más que con simples mantras de motivación. Complementariamente, para jugadores y entrenadores que viven lejos de grandes ciudades, se usa cada vez más la terapia existencial online para manejar el fracaso y la frustración, aprovechando que las plataformas digitales se normalizaron tras la pandemia.

¿Qué nos enseña, en serio, perder un partido?

Si juntamos los datos de rendimiento, las historias de vestuario y las ideas de los existencialistas, la derrota en fútbol nos deja tres aprendizajes incómodos y, al mismo tiempo, liberadores. Primero, que el resultado nunca captura todo lo que eres; solo habla de lo que pasó en esos 90 minutos. Segundo, que siempre hay un margen de decisión: puedes elegir qué historia contar sobre ese 0‑4, victimista o responsable. Y tercero, que el sentido de lo que haces no puede depender solo del marcador, porque las estadísticas de los últimos años dejan claro que el azar, la forma del rival y simples detalles influyen demasiado. Volver a entrenar después de perder, volver al estadio sabiendo que puede doler otra vez, es una forma muy concreta de decirle que sí a la vida, con todo y sus derrotas. Y ahí está, quizá, la lección más hondamente existencialista que nos regala el fútbol.