Miguel Herrera cuestiona la falta de oportunidades para los técnicos mexicanos
Miguel «Piojo» Herrera volvió a poner sobre la mesa un debate recurrente en la Liga MX: la escasa presencia de entrenadores mexicanos en los banquillos de Primera División. El actual director técnico del Atlante considera que los estrategas nacionales no reciben las mismas oportunidades que sus colegas extranjeros y que, en muchos casos, se les exige demostrar resultados en condiciones poco favorables.
Herrera regresó al futbol mexicano después de no lograr la clasificación de Costa Rica al Mundial de 2026. En el Apertura 2026 dirige a los Potros de Hierro, que tras once jornadas ocupaban el puesto 16, lejos de la zona de Liguilla. Su situación en el torneo contrasta con la experiencia que acumula: fue seleccionador de México en el Mundial de Brasil 2014 y conoce de primera mano las exigencias del futbol profesional.
El entrenador forma parte de un grupo reducido. En el Apertura 2026, seis técnicos mexicanos estaban al frente de equipos de Primera División, una cifra que no se registraba desde 2024. Esto representa cerca de un tercio de los puestos disponibles en la categoría, proporción que Herrera considera insuficiente.
«¿Cuál oportunidad tienen los técnicos mexicanos?», planteó durante una intervención televisiva. A su juicio, no basta con señalar que los entrenadores nacionales deben ganarse un lugar: también es necesario ofrecerles proyectos estables y tiempo para trabajar, en vez de recurrir a ellos únicamente cuando un equipo atraviesa una crisis.
Para ilustrar su argumento, mencionó el caso de Nicolás Larcamón. Herrera aclaró que tiene una buena opinión del entrenador argentino, pero cuestionó que se le haya abierto paso en México mientras otros estrategas locales no reciben una oportunidad equivalente. Su planteamiento, dijo, no apunta contra los técnicos extranjeros, sino contra la falta de confianza en el talento formado en el país.
También destacó el desempeño de Gerardo Espinoza al frente de Puebla. Según Herrera, el equipo estaba realizando un torneo sobresaliente pese a que su técnico no llegaba precedido por un nombre de gran impacto. Para el «Piojo», ese tipo de resultados debería bastar para que más clubes consideren a entrenadores mexicanos cuando buscan responsables para sus proyectos deportivos.
Uno de los problemas, sostuvo, es que las oportunidades para los nacionales suelen llegar como interinatos. Esa fórmula permite que un entrenador se haga cargo del equipo de manera provisional, pero no siempre le concede las mismas condiciones que a un técnico contratado para liderar un proyecto a largo plazo. Con frecuencia, el margen de error es mínimo y la continuidad queda supeditada a resultados inmediatos.
Herrera puso como ejemplo a Joel Huiqui, quien, según explicó, afrontó una final con la condición de que debía ser campeón para conservar el cargo. Aunque un equipo llegue a disputar el título, ese tipo de ultimátum difícilmente puede considerarse una apuesta firme por un entrenador, argumentó. La exigencia de ganar puede terminar pesando más que el trabajo realizado para llegar hasta esa instancia.
El caso también refleja una contradicción habitual en el futbol: cuando un técnico mexicano obtiene un resultado importante, la evaluación no necesariamente se vuelve más paciente. Herrera recordó que Huiqui acababa de ser campeón en su primer torneo como entrenador y, aun así, su trabajo ya era cuestionado. Desde su perspectiva, los clubes deberían valorar el proceso completo y no limitar el análisis al resultado más reciente.
El estratega recurrió a una comparación con los autos deportivos para describir la dificultad de dirigir a un equipo de alta exigencia, en referencia a Cruz Azul. «No todos saben manejar un Ferrari», señaló. La imagen apunta a que hacerse cargo de una plantilla con expectativas elevadas requiere experiencia, herramientas y respaldo institucional; no basta con cambiar de entrenador para resolver de inmediato los problemas de un club.
La discusión no se reduce a elegir entre técnicos mexicanos y extranjeros. Los entrenadores foráneos pueden aportar experiencia, métodos y perspectivas distintas, mientras que los nacionales conocen mejor el entorno, las categorías de formación y las particularidades del futbol local. El debate planteado por Herrera se centra, más bien, en que la nacionalidad no debería ser un filtro que cierre oportunidades antes de evaluar la capacidad de cada candidato.
Para que exista una competencia más equilibrada, los clubes podrían establecer criterios transparentes de selección y ofrecer contratos que contemplen objetivos realistas, plazos de trabajo y condiciones claras. Un proyecto no debería depender exclusivamente de conquistar un campeonato en pocos meses, sobre todo cuando el entrenador asume un equipo en una situación complicada o con una plantilla que no diseñó.
La formación también es parte de la respuesta. Contar con preparación táctica y licencias profesionales es fundamental, pero los técnicos necesitan además espacios para adquirir experiencia, dirigir planteles de Primera División y construir una trayectoria. Si el único camino disponible es esperar una salida de emergencia para ocupar un puesto interino, resulta difícil que los entrenadores nacionales desarrollen proyectos de largo alcance.
Herrera defiende, en definitiva, que el talento mexicano tenga oportunidades reales, no nombramientos provisionales sujetos a una condición casi imposible. Para él, la discusión sobre quién dirige a los equipos de la Liga MX debería partir de la capacidad, los resultados y la calidad del trabajo, pero también del respaldo que recibe cada entrenador para demostrar lo que puede hacer.
