De la mano de Tigres, Diego Lainez firma un golazo y manda mensaje a Javier Aguirre rumbo al Mundial 2026
Diego Lainez atraviesa uno de los momentos más sólidos de su carrera en la Liga MX. Con la camiseta de Tigres y arropado por referentes como Guido Pizarro, el extremo mexicano se ha convertido en un futbolista capaz de cambiar partidos cerrados gracias a su desequilibrio, su pegada de media y larga distancia y, sobre todo, su creciente madurez dentro de la cancha.
Frente a León volvió a quedar claro. Cuando el cuadro felino se encontraba en desventaja 0-1 y el local intentó salir jugando desde el fondo, un error en la salida abrió la puerta para que Tigres organizara un ataque letal. En esa jugada, Lainez aprovechó el descontrol rival para destapar un disparo de zurda que no solo significó un golazo, sino también una declaración de intenciones de cara al Mundial 2026 y un mensaje directo para Javier Aguirre, actual responsable de la Selección Mexicana.
El atacante se ha transformado en una pieza recurrente y confiable en el sistema de Tigres. Jornada tras jornada se mantiene entre los futbolistas mexicanos más regulares de la Liga MX, con estadísticas que comienzan a respaldar la percepción de que vuelve a ser aquel jugador explosivo y atrevido que deslumbró en sus primeros años. Su rendimiento no solo se mide en regates o destellos individuales, sino en la influencia real que tiene sobre el resultado.
En el Estadio de León, lejos de casa y en un duelo muy apretado, Lainez firmó una actuación redonda: primero habilitó a Marcelo Flores con un pase filtrado perfecto entre líneas, rompiendo la zaga esmeralda y permitiendo la anotación que abrió el marcador para los felinos. Esa asistencia mostró su buena lectura de espacios y la capacidad para decidir con calma en zonas de alta presión.
Más tarde llegaría la obra maestra de la noche. Lainez recibió el balón de espaldas, giró sobre sí mismo con un control orientado preciso y, sin pensarlo demasiado, sacó un zurdazo potente. El balón viajó con efecto, el portero de León se lanzó en una estirada espectacular, pero nada pudo hacer para evitar que la pelota pegara en el poste y terminara entrando de “campanita”. Un gol de alta factura técnica que amplió la ventaja y sentenció un triunfo clave para un Tigres que, curiosamente, está sumando más puntos como visitante que como local, donde se le ha complicado encontrar el gol.
Este tipo de actuaciones sostienen el argumento de que Lainez está listo para dar un paso adelante en la Selección Mexicana. Aunque atraviesa un muy buen presente en la Liga MX, su lugar en la lista para el Mundial 2026 está lejos de estar garantizado. En la más reciente convocatoria para partidos de preparación sí apareció, pero no logró trasladar con el Tri el mismo impacto que viene mostrando con Tigres, lo que mantiene abierto el debate sobre su rol real en el proyecto de Aguirre.
La exigencia para estar en una Copa del Mundo, y más cuando México será anfitrión junto a Estados Unidos y Canadá, es máxima. Para convencer al cuerpo técnico no bastan chispazos aislados: se requiere continuidad, regularidad y la capacidad de marcar diferencias en contextos adversos. En ese sentido, Lainez empieza a acumular partidos completos siendo protagonista, entregando goles, asistencias y generando peligro constante.
Su momento individual también se refleja en el rendimiento colectivo de Tigres, que se mantiene en los primeros lugares de la tabla general. El equipo se ubica en la séptima posición con siete puntos, una cosecha en la que la influencia de Lainez es evidente cada vez que interviene en zona ofensiva. Más allá de los números, su presencia obliga a las defensas rivales a ajustar coberturas y a destinarle marca especial, lo que abre espacios para sus compañeros.
Para Javier Aguirre, el caso de Lainez representa una mezcla de oportunidad y reto. Por un lado, tiene a disposición a un extremo zurdo con desequilibrio, buena conducción en corto y capacidad para romper líneas tanto por fuera como por dentro. Por otro, debe encontrar la manera de integrarlo en un sistema que prioriza el orden defensivo y la toma de decisiones madura en los metros finales. La gran pregunta es si Lainez podrá mantener este nivel en la Liga MX lo suficiente como para ganarse no solo un llamado, sino un rol relevante en el Mundial.
El propio futbolista parece entender que ya no vive aquella etapa de “promesa eterna”. Ha dejado atrás la etiqueta del joven que solo ilusiona por su talento y se está enfocando en rendir semana a semana. Sus movimientos sin balón, su disciplina para replegar y su compromiso en la presión tras pérdida muestran una versión más completa de su juego, algo que los entrenadores valoran tanto como un regate espectacular.
La competencia en su posición tampoco será sencilla. Futbolistas mexicanos que pueden desempeñarse como extremos, mediapuntas o interiores ofensivos se multiplican, y muchos de ellos también están sumando minutos en sus clubes. Para Lainez, entonces, la única receta posible es sostener este nivel, ampliar su registro de contribuciones directas (goles y asistencias) y seguir demostrando que puede cargar con la responsabilidad en partidos de alto voltaje emocional.
Otro aspecto clave en su caso es la confianza. Sus etapas en el extranjero estuvieron marcadas por altibajos, minutos limitados y dificultades para afianzarse. En Tigres, en cambio, ha encontrado un entorno donde se le respalda, se le exige, pero también se le permite equivocarse sin ser condenado de inmediato. Ese respaldo institucional y de vestuario ha sido fundamental para que recupere la frescura, la valentía en el uno contra uno y la personalidad para pedir la pelota en momentos críticos.
Desde la perspectiva estrictamente táctica, Lainez ofrece varias variantes interesantes. Puede iniciar pegado a la banda izquierda para encarar hacia dentro con su zurda, o ubicarse más libre detrás del nueve, flotando entre líneas para recibir al pie y filtrar pases como el que le dio a Marcelo Flores ante León. También ha mostrado disposición para intercambiar perfiles durante el juego, algo que le da más recursos a su entrenador y complica la labor de los defensores rivales.
Rumbo al Mundial 2026, México necesita perfiles que rompan la monotonía y sean capaces de alterar un partido cerrado. En torneos cortos, una jugada individual, una asistencia inesperada o un disparo desde fuera del área pueden marcar la diferencia entre avanzar o quedar eliminados. Justo en ese tipo de acciones es donde Lainez está levantando la mano: su gol ante León, por la forma y el contexto, es el tipo de anotación que se recuerda cuando se confeccionan listas de convocados.
Por ahora, cada paso que da con Tigres incrementa la presión deportiva sobre Javier Aguirre. No se trata de una imposición mediática, sino de la lógica del rendimiento: cuando un jugador mexicano rinde de forma tan consistente, lo natural es que su nombre suene con fuerza para vestir la camiseta del Tri. La ecuación es simple: si mantiene este nivel, será difícil justificar su ausencia en una Copa del Mundo en casa.
A corto plazo, el reto para Lainez y Tigres será mantener esta inercia positiva tanto en Liga como en los distintos compromisos que se presenten. Si el extremo continúa afinando su puntería, mejorando sus decisiones en la última zona y aportando en defensa, su candidatura al Mundial se fortalecerá de manera casi inevitable. Cada gol, cada asistencia y cada actuación sólida son argumentos adicionales en un expediente que, hoy por hoy, luce más sólido que en cualquier otro momento de su carrera.
Mientras tanto, el mensaje ya está enviado: Diego Lainez no solo quiere estar en el Mundial 2026, quiere llegar como un futbolista determinante. Y actuaciones como la firmada ante León, con golazo de zurda y pase decisivo, son la mejor carta de presentación para convencer a Javier Aguirre de que tiene en él a un arma capaz de cambiar la historia de un partido en cualquier escenario.
