VAR: de herramienta tecnológica a problema filosófico
Desde que el videoarbitraje aterrizó en el Mundial de 2018 hasta el uso casi rutinario del fuera de juego semiautomático en 2026, el fútbol se ha convertido en un enorme laboratorio de filosofía aplicada. El debate filosófico sobre el VAR en el fútbol ya no es cosa de académicos aislados: lo tienen los entrenadores en las ruedas de prensa, los jugadores en redes sociales y los aficionados en el bar. La promesa era sencilla: “más justicia, menos errores”. Pero ocho años después, seguimos discutiendo si estamos más cerca de la verdad… o simplemente hemos cambiado de tipo de injusticia.
Justicia: ¿menos errores o errores distintos?
Cuando se introdujo el VAR, la FIFA presumía de que en Rusia 2018 la precisión arbitral subió del 95% al 99%. Suena espectacular, pero el problema filosófico aparece en ese 1% restante: ¿qué tipo de errores aceptamos como “inevitables”? En la justicia y verdad del VAR en el fútbol moderno ya no hablamos solo de si el árbitro vio o no vio una mano, sino de quién tiene la última palabra cuando la imagen es ambigua. El criterio, antes encarnado en una persona en el campo, ahora está repartido entre el árbitro principal, la sala VOR y un conjunto de protocolos que no siempre son transparentes para el público.
Justicia distributiva vs. justicia procedimental
En filosofía del derecho se diferencian dos ideas: justicia distributiva (quién se beneficia y quién sale perjudicado) y justicia procedimental (si el proceso es limpio y coherente). El VAR mejora la primera en cierto sentido: se anulan goles ilegales, se corrigen penaltis claros, se compensan errores groseros. Pero la justicia procedimental genera más sospechas. Cuando un partido de Champions se detiene tres minutos para revisar una posible mano en el área, la sensación del espectador es de incertidumbre y opacidad. La pregunta deja de ser “¿fue penalti?” para convertirse en “¿qué estarán viendo ahí dentro para tardar tanto?”.
Bloque técnico: ¿cuándo puede intervenir el VAR?
Detalles técnicos clave (reglamentarios, versión 2025):
– Solo puede actuar en cuatro tipos de acciones: gol, penalti, roja directa y error de identidad.
– El protocolo oficial exige “error claro y manifiesto”, pero esa expresión no está cuantificada; depende del juicio humano.
– El tiempo medio de revisión en grandes ligas europeas en 2024/25 ronda entre 60 y 90 segundos; en revisiones complejas puede superar los 3 minutos.
Esta mezcla de precisión tecnológica y elasticidad interpretativa es justamente lo que alimenta la discusión filosófica.
Verdad: ¿la cámara no miente o también interpreta?
Se nos vendió el VAR con un eslogan implícito: el vídeo revelaría “la verdad” de las jugadas polémicas. Pero la filosofía de la percepción lleva siglos advirtiendo que ver nunca es un acto neutral. Un ensayo sobre percepción arbitral y VAR debe empezar por una obviedad incómoda: las cámaras también seleccionan, recortan y, en cierto modo, cuentan una historia. El ángulo de la toma, la velocidad de reproducción, la cámara lenta que dramatiza un roce mínimo… todo eso configura lo que terminamos llamando “la verdad de la repetición”.
El problema de la cámara lenta
Hay estudios empíricos que muestran que ver una acción en cámara lenta aumenta la percepción de intencionalidad agresiva. Un pisotón que en tiempo real parece torpe y torpemente evitable, en slow motion se transforma en algo casi premeditado. Muchos árbitros de élite han reconocido desde 2022 que se sienten condicionados por estas repeticiones: saben que millones de espectadores verán esa misma imagen congelada y amplificada. La “verdad” que produce el VAR es una verdad mediatizada, estetizada, que no siempre coincide con la experiencia del jugador que la vive en décimas de segundo.
Bloque técnico: tecnologías actuales (2026)

Componentes del VAR de última generación:
– Entre 12 y 16 cámaras de alta velocidad por estadio en ligas top, con resoluciones 4K y 8K.
– Sistemas de fuera de juego semiautomático con seguimiento de 20 a 29 puntos del cuerpo de cada jugador, actualizados hasta 50 veces por segundo.
– Algoritmos que generan modelos 3D para determinar líneas de fuera de juego con un margen de error inferior a 2-3 cm.
Paradójicamente, cuanto más fina es la medición, más discutimos si es “justo” anular un gol por un hombro adelantado milimétricamente.
Percepción: del “lo vi claro” al “¿qué vieron en la tele?”
Antes del VAR, el árbitro vivía (y moría) con su percepción inmediata. En 2026, la autoridad perceptiva se ha desplazado: el árbitro en el campo ya no es la única “ventana” hacia la jugada. Los aficionados, con acceso casi instantáneo a repeticiones múltiples en sus móviles, se sienten tan autorizados como él para opinar. El impacto del VAR en la ética y filosofía del deporte pasa también por este cambio cultural: el espectador deja de aceptar el error como parte del juego y reclama una especie de infalibilidad técnica que ni las máquinas ni las personas pueden garantizar.
Fútbol como experiencia, no solo como resultado
El fútbol siempre fue tanto experiencia colectiva como competición. Las grandes injusticias arbitrales formaban parte del relato: el “gol fantasma” de 1966 o la “mano de Dios” de Maradona siguen vivos no solo por el marcador, sino por la polémica que generaron. Hoy, en cambio, la excitación del gol se congela: nadie celebra del todo hasta que mira de reojo al árbitro y espera el gesto de “escuchar al VAR”. Esta suspensión emocional continua tiene un coste filosófico: el juego pierde espontaneidad y gana burocracia. El hincha pasa de ser participante emocional a espectador de un procedimiento.
Bloque técnico: tiempos muertos emocionales
Datos sobre tiempos de revisión y experiencia de juego:
– En algunas ligas, el VAR interviene en aproximadamente 4–7 acciones por partido.
– Un estudio de 2023 de la UEFA estimó que el tiempo efectivo de juego no se vio muy afectado (fluctuaciones de 1–2 minutos), pero la percepción de “partido interrumpido” aumentó notablemente en encuestas a aficionados.
– La repetida secuencia “gol – espera – posible anulación” ha cambiado los rituales de celebración, sobre todo en estadios donde los anuncios de revisión son especialmente frecuentes.
Ética: ¿queremos un fútbol perfectamente justo?
Una pregunta incómoda: si pudiéramos eliminar el 100% de los errores arbitrales con un sistema casi totalmente automatizado, ¿realmente querríamos hacerlo? El análisis crítico del VAR en el fútbol profesional muestra una paradoja: cuanta más corrección técnica se introduce, más se extraña un cierto margen humano. Muchos exjugadores sostienen que el error arbitral, dentro de límites razonables, forma parte del riesgo y del dramatismo del juego. Un fuera de juego de 5 centímetros detectado por un software genera menos aceptación emocional que un fallo humano evidente que “podía pasarle a cualquiera”.
Responsabilidad moral compartida
El VAR diluye y a la vez amplifica la responsabilidad. Antes, la culpa recaía en “el árbitro”, figura casi trágica. Hoy se reparte entre el equipo arbitral, la tecnología, los protocolos de la IFAB, e incluso las productoras que seleccionan las repeticiones. Desde una perspectiva ética, esto plantea un problema: cuando todos son un poco responsables, nadie lo es del todo. El jugador sancionado se siente víctima de un sistema impersonal; el árbitro, a su vez, percibe que decide bajo la sombra del frame congelado que se repetirá mil veces en televisión y redes.
Casos reales: cuando el VAR se convierte en tema filosófico
Para entender por qué el debate es tan intenso, basta recordar algunos episodios recientes. En varias ligas europeas entre 2022 y 2025 se anularon goles por fueras de juego milimétricos donde el contacto con el balón era casi simultáneo y la línea de referencia dependía de elegir un fotograma concreto. En otros casos, penaltis por manos dentro del área suscitaron polémicas interminables: la regla distinguía entre “posición natural” y “aumento del volumen del cuerpo”, pero la interpretación cambiaba según la competición y la jornada.
– Un mismo tipo de mano podía ser penalti en Champions y no serlo en una liga nacional.
– Goles anulados por rodillas adelantadas 2–3 cm reavivaron la discusión sobre si el fuera de juego debía ser “por la línea” o “por la luz” (ventaja clara).
– Expulsiones revisadas en vídeo mostraron cómo la cámara lenta podía convertir un choque fortuito en agresión a ojos de la opinión pública.
Estos ejemplos demuestran que el VAR no eliminó la controversia; solo la desplazó a un terreno más filosófico y más técnico a la vez.
Filosofía aplicada: ¿qué tipo de fútbol queremos en 2030?
En 2026 ya no tiene sentido discutir solo si el VAR es “bueno” o “malo”. La pregunta de fondo es: ¿qué modelo de fútbol queremos construir? Un fútbol obsesionado con la corrección milimétrica tenderá a decisiones casi algorítmicas: líneas automáticas, sensores de balón y chips en las botas. Un fútbol más tolerante con la ambigüedad mantendrá un margen más amplio para el criterio del árbitro. El debate filosófico sobre el VAR en el fútbol es, en el fondo, un debate sobre hasta qué punto el deporte debe parecerse a una ciencia exacta o seguir siendo un arte incierto.
Tendencias actuales (2026): hacia una “convivencia regulada”

Las organizaciones deportivas han empezado a adaptarse. Desde 2024, varias ligas experimentan con mostrar en directo el audio entre árbitro y sala VAR, para aumentar la transparencia y la confianza. Se discute la posibilidad de volver a un margen de tolerancia mayor en fueras de juego, priorizando la ventaja clara sobre el centímetro. En algunas competiciones juveniles se limita el uso del videoarbitraje para proteger el ritmo y la experiencia formativa. Todo esto indica que el impacto del VAR en la ética y filosofía del deporte está llevando a un modelo híbrido, donde la tecnología no sustituye al criterio humano, sino que lo complementa con mayor conciencia de sus límites.
Bloque técnico: posibles reformas en discusión
Entre las propuestas que se debaten para los próximos años se encuentran:
– Ampliar el uso de líneas “gruesas” en fueras de juego, de manera que el atacante se beneficie si la diferencia es mínima.
– Reducir el número de revisiones automáticas y dejar más espacio a la apreciación del árbitro en manos y contactos ligeros.
– Estandarizar a nivel global los criterios de intervención, con guías más detalladas y ejemplos visuales accesibles al público.
Estas reformas no son solo técnicas; expresan una toma de postura filosófica sobre el equilibrio entre precisión y espíritu del juego.
Conclusión: del mito de la infalibilidad a la honestidad sobre el error
El VAR no resolvió el problema de la injusticia en el fútbol; lo transformó. Hoy, la conversación ya no gira solo en torno a si una jugada fue bien o mal juzgada, sino a cómo queremos definir justicia, verdad y percepción en el juego más popular del planeta. Un buen ensayo sobre percepción arbitral y VAR mostrará que la tecnología no nos libera de las decisiones difíciles; simplemente las hace más visibles. Quizá el reto para el fútbol de 2026 y más allá no sea alcanzar la infalibilidad, sino aprender a convivir con un tipo de error más consciente, más discutido y, sobre todo, más honesto.
