«Se equivocó el viejo»: la dura confesión de Julián Quiñones sobre el cambio de Javier Aguirre ante Inglaterra en el Mundial 2026
Antes de que rodara el balón en la Copa del Mundo 2026, una de las grandes incógnitas en torno a la Selección Mexicana era si Javier «Vasco» Aguirre se atrevería a darle la titularidad a Julián Quiñones, delantero colombiano naturalizado mexicano y figura del Al Qadsiah de la liga saudí. Muchos dudaban de su adaptación, de su rol en el sistema y hasta de su jerarquía en el vestidor. Un mes después, esas dudas lucen casi absurdas: el torneo y los números del atacante terminaron por hablar por sí mismos.
Pese a ese rendimiento estelar, el Mundial dejó un sabor agridulce para Quiñones. El atacante firmó cuatro goles en la Copa del Mundo de Norteamérica 2026, igualando el récord de Luis «Matador» Hernández, quien había logrado la misma cifra en Francia 1998. Con ello, también alcanzó el máximo histórico de tantos mundialistas para un mexicano, compartiendo la cima con el propio «Matador» y con Javier «Chicharito» Hernández. Aun así, la sensación de que pudo hacer más sigue latente, sobre todo por la forma en la que terminó el duelo de octavos de final ante Inglaterra.
El punto de quiebre fue ese partido en el Estadio Ciudad de México, el mítico Azteca. Inglaterra se había puesto 2-0 arriba y México parecía contra las cuerdas, pero antes del descanso apareció Julián Quiñones para devolverle la vida al Tri. Con un gol al filo del primer tiempo, recortó la desventaja a 2-1 y encendió al estadio, que se volcó en apoyo al equipo nacional soñando con la remontada.
Con el marcador tan ajustado y México volcado al frente en el complemento, nadie imaginaba que el atacante sería relevado. Sin embargo, al minuto 81, cuando el Tri necesitaba un tanto para, al menos, forzar los tiempos extra, Aguirre decidió sacar a Quiñones para darle entrada a Guillermo «Memote» Martínez. La decisión sorprendió a propios y extraños: se iba el hombre más determinante del torneo para México en plena búsqueda del empate.
El partido terminó 3-2 a favor de Inglaterra y la eliminación dejó muchas preguntas en el aire. Fue entonces cuando se conoció la reacción del propio Julián. Con la franqueza que lo caracteriza, el exjugador de Tigres, Lobos BUAP, Atlas y América resumió su sentir en una frase que ya recorre todas las conversaciones futboleras del país:
«Ah, sí se mamó. Se equivocó el viejo».
Breve, contundente y sin rodeos, así fue el dardo del delantero hacia su entrenador. No se trató de un ataque gratuito, sino de la molestia de un futbolista que se sentía en plenitud física y anímica para jugar los 90 minutos en uno de los encuentros más importantes de su carrera y de la selección.
El contexto agrava todavía más la polémica. Quiñones no solo estaba siendo el goleador del Tri en el torneo; también era el jugador que, una y otra vez, generaba peligro, retenía la pelota, ganaba duelos individuales y daba aire al equipo cuando más lo necesitaba. Sacarlo en el tramo final, cuando el rival defendía cada balón como si fuera el último, pareció, para muchos, un movimiento inexplicable.
Desde la óptica táctica, algunos analistas han señalado que Aguirre quiso ganar presencia en el juego aéreo con «Memote» Martínez, imaginando centros masivos al área inglesa en los minutos finales. Sin embargo, esa apuesta supuso renunciar a la capacidad de desequilibrio individual de Quiñones, que había demostrado ser capaz de inventarse una jugada de gol a partir de muy poco espacio. En mercados de máxima exigencia como un Mundial, un solo regate exitoso puede cambiar la historia, y ese argumento alimenta aún más la crítica al cambio.
Otro punto relevante es el estado mental del jugador. Un delantero que vive un torneo inspirado suele sentirse imparable; cada balón que toca lo encara como si fuera la ocasión del partido. Arrebatarle ese escenario a un goleador en racha, justo cuando la selección más lo necesitaba, se interpreta como un error de lectura del momento emocional del futbolista. Quiñones no solo aportaba goles, también transmitía esa sensación de amenaza constante que obliga al rival a replegarse un paso más.
Para el propio atacante, el Mundial 2026 fue, al mismo tiempo, consagración y frustración. Consagración, porque con sus cuatro tantos inscribió su nombre en la historia del futbol mexicano y derribó definitivamente las dudas que habían rodeado su convocatoria y su nacionalización deportiva. Frustración, porque la eliminación en octavos deja la impresión de que México se quedó corto, precisamente en el tramo del torneo donde él podía marcar diferencia.
A nivel simbólico, la frase «Se equivocó el viejo» también refleja una tensión generacional que el futbol mexicano ha vivido en los últimos años: jugadores con ambición internacional que piden decisiones más audaces frente a técnicos de escuela tradicional, con una tendencia a la prudencia y al cálculo defensivo. El debate no es solo sobre un cambio puntual, sino sobre qué tipo de selección quiere ver el aficionado: una que arriesga con sus mejores hombres hasta el final o una que prioriza el orden táctico aun a costa de su arma más peligrosa.
En la memoria del aficionado quedará el contraste: por un lado, un Julián Quiñones convertido en símbolo de entrega, goles y carácter; por el otro, un movimiento de banquillo que muchos catalogan como el momento en que México perdió la oportunidad de escribir un capítulo distinto en su historia mundialista. El propio delantero, con su crítica directa, no hizo más que poner en palabras lo que una enorme parte de la afición sintió al ver el cambio en la pantalla o desde las gradas.
Más allá de la polémica, el legado de este episodio puede ser positivo si sirve para replantear cómo se gestionan las figuras en la Selección Mexicana en los próximos ciclos mundialistas. Un jugador en su pico de forma, con récords a la vista y el respeto del vestidor, difícilmente puede ser prescindible en los minutos más calientes. La gestión del talento, la lectura del momento y la valentía para sostener a los hombres clave serán temas obligados en cualquier análisis futuro del Tri.
En lo personal, el Mundial 2026 deja a Julián Quiñones como uno de los grandes nombres recientes del futbol mexicano. Su capacidad goleadora, su impacto inmediato y su personalidad frente a los micrófonos confirman que no se trata solo de un delantero más, sino de un protagonista de época. Y aunque él mismo reconozca que «al viejo se le fue la mano» con ese cambio, su actuación ya ocupa un lugar entre las más recordadas de un jugador mexicano -naturalizado o no- en una Copa del Mundo.
