Nuevo formato liga Mx femenil apertura 2026: fecha de inicio y así se jugará

Nuevo formato de la Liga MX Femenil desde el Apertura 2026: fecha de inicio y así se jugará

En el segundo semestre de 2026, el futbol femenino en México vivirá una de sus transformaciones más importantes desde la creación de la Liga MX Femenil. A partir del Torneo Apertura 2026, la competencia modificará por completo la manera en que se disputa la fase regular, con la intención de hacer el torneo más atractivo, reducir la carga de partidos y armonizar el calendario con las ventanas oficiales de la FIFA.

Hasta el Clausura 2026, la Liga MX Femenil se ha jugado con un sistema de tabla general similar al varonil: todos contra todos, a una sola vuelta, y una clasificación única de la que salían los clubes invitados a la Liguilla. Ese esquema quedará atrás a partir del Apertura 2026, cuando se estrene un formato basado en grupos que cambiará la dinámica de la temporada.

Aunque falta el anuncio oficial definitivo por parte de la Liga, el nuevo modelo ya está trazado: los 18 equipos se repartirán en dos grupos de nueve. De esta forma, la primera fase dejará de ser una liga larga y se convertirá en una fase por sectores, con un calendario ajustado y un número menor de jornadas, pasando de 17 a 14 partidos por torneo.

Cada club disputará ocho encuentros frente a los rivales de su propio grupo y seis más ante equipos del otro sector. En total, serán 14 jornadas de fase regular, en lugar de las 17 que se venían jugando en los últimos torneos. Con ello se busca una reducción clara en la carga física de las futbolistas, un tema cada vez más sensible a medida que la liga crece en intensidad, desplazamientos y exigencia competitiva.

La clasificación a la Liguilla también tendrá un matiz distinto. Los cuatro mejores equipos de cada grupo accederán a la fase final, manteniendo así una Liguilla de ocho clubes. Es decir, la ronda de eliminación directa seguirá existiendo como hasta ahora, pero el camino para llegar a ella será distinto, puesto que dependerá tanto del rendimiento dentro del propio grupo como de los cruces intersectoriales de la fase regular.

Lo que aún está por definirse es la manera exacta en la que se ordenarán los cruces de Liguilla una vez conocidos los ocho clasificados. Se manejan dos posibilidades principales: por un lado, reordenar a los equipos en una tabla general del 1 al 8, tomando en cuenta puntos, diferencia de goles y otros criterios, sin importar de qué grupo provengan; por otro, optar por un sistema similar al que se ha visto en la MLS, en el que los mejores posicionados de un grupo se miden con los de la otra llave en duelos cruzados (el líder de un sector contra el cuarto del otro, el segundo contra el tercero, y viceversa). Este modelo busca mezclar rápidamente a los mejores de cada lado para elevar el nivel de los cruces desde los cuartos de final.

En medio de este cambio de formato, América llega al Apertura 2026 como el gran rival a vencer. Las azulcremas no solo defenderán el título de liga, sino que lo harán después de haber conseguido su primera corona internacional, al adjudicarse la Copa de Campeonas de la Concacaf. El proyecto dirigido por Ángel Villacampa entra así en una etapa de máximo reto: sostener la hegemonía nacional, pelear por el bicampeonato y adaptarse a un sistema de competencia distinto, en el que la gestión del grupo y la regularidad en un calendario más corto serán determinantes.

Uno de los objetivos centrales de la reestructuración es alinear la Liga MX Femenil con el calendario internacional de la FIFA. Con menos jornadas en cada torneo, será más sencillo detener la competencia en las Fechas FIFA para selecciones nacionales y evitar que los clubes pierdan a sus figuras en partidos de fase regular. Esto es clave en un momento en el que cada vez más jugadoras mexicanas son llamadas a la selección y en el que la participación en competencias internacionales gana peso dentro de la planificación anual.

La reducción en el número de encuentros también responde a un tema de bienestar físico y profesionalización. Menos viajes, menor desgaste y mayor margen para trabajar aspectos tácticos y físicos permitirán elevar el nivel de juego. Al mismo tiempo, las futbolistas podrán contar con periodos de recuperación más amplios, algo vital en un entorno donde muchas aún compaginan su carrera deportiva con estudios u otras actividades, aunque el objetivo a mediano plazo sea la plena profesionalización.

Desde la perspectiva del espectáculo, el sistema de grupos abre la puerta a nuevas rivalidades y narrativas. Habrá clásicos y duelos históricos que se concentrarán en un mismo sector, obligando a los equipos a disputar partidos de alta tensión desde las primeras jornadas. Al mismo tiempo, los juegos intergrupales se convertirán en pruebas de fuego para medir el verdadero nivel de cada club, al enfrentar estilos y plantillas distintas a las habituales dentro del propio sector.

Para los cuerpos técnicos, el cambio implica una planificación distinta. Con solo 14 partidos para sumar puntos, los márgenes de error se reducen de manera considerable: un mal arranque o una racha breve de resultados negativos puede costar muy caro. La rotación de plantel, la lectura de los calendarios y la gestión de las jugadoras seleccionadas en fechas internacionales cobrarán aún más relevancia. Cada punto en disputa tendrá un peso específico mayor, y eso podría traducirse en partidos más intensos y estratégicos.

En términos mediáticos, un calendario más compacto y ordenado facilita la programación de transmisiones, la promoción de jornadas clave y la creación de «semanas especiales» centradas en clásicos o duelos directos por la clasificación. Al tener menos fechas, cada jornada puede potenciarse más en la cobertura, generando expectativa y seguimiento sostenido, lo que se traduce en mayor visibilidad para el futbol femenil.

Este rediseño también impacta en la formación de plantillas. Los clubes deberán valorar con mayor precisión la profundidad de su banco: aunque hay menos partidos, la exigencia competitiva se concentra y las lesiones o ausencias por llamado a selecciones pueden pesar más. Contar con jugadoras jóvenes listas para responder, así como con refuerzos específicos para posiciones clave, será un factor diferencial en una liga que no deja de elevar su nivel año con año.

Otro punto relevante es la equidad deportiva entre grupos. La conformación de los dos sectores deberá cuidar que no haya un desequilibrio excesivo en cuanto a nivel y tradición de los clubes. La manera en que se repartan los equipos más fuertes, los proyectos emergentes y las franquicias con planteles en reconstrucción será fundamental para mantener el interés en ambos grupos y garantizar que la clasificación a Liguilla no se incline de forma notoria hacia un solo lado.

De cara a la afición, el nuevo formato promete un torneo más ágil, con menos fechas pero mayor intensidad. Para quienes siguen a un equipo en particular, será más fácil dimensionar cuáles son los partidos «clave» dentro de su grupo y qué encuentros intergrupales pueden marcar la diferencia en la tabla. Además, la fase final mantendrá el componente emocional que ya se ha consolidado como sello de la Liga MX Femenil: series de ida y vuelta cargadas de dramatismo, estadios con mayor asistencia y un título que, en este nuevo contexto, podría cambiar de manos con más frecuencia.

En resumen, a partir del Apertura 2026 la Liga MX Femenil dejará atrás el formato de tabla general única y adoptará un sistema de dos grupos de nueve equipos, con 14 jornadas en la fase regular, menos carga de partidos, mejor alineación con el calendario FIFA y una Liguilla de ocho clubes que conservará la emoción de la eliminación directa, pero con nuevos caminos para llegar a ella. Se trata de un paso importante en la evolución de la competencia, pensado para proteger a las jugadoras, elevar el nivel deportivo y hacer del torneo un producto aún más atractivo para aficionados, medios y patrocinadores.