Cruce faitelson vs marc crosas por abucheos al tri y papel de los medios

«Todos saben de futbol, ustedes lo hacen difícil para ganar plata»: el fuerte cruce entre Faitelson y Marc Crosas por los abucheos al Tri

El empate sin goles entre México y Portugal en el Estadio Banorte no solo dejó un sabor amargo desde lo deportivo. El resultado encendió una discusión mucho más profunda entre comentaristas y analistas, que terminó saliéndose del terreno de juego para instalarse en el terreno de la responsabilidad de los medios y el papel de la afición.

En medio de los abucheos que acompañaron al Tri, David Faitelson decidió ponerse del lado del público. Para él, el aficionado tiene todo el derecho de manifestar su inconformidad, incluso sin ser un experto en táctica o estrategia. Marc Crosas, por el contrario, apuntó directamente al periodismo deportivo, asegurando que buena parte del desencanto con la Selección Mexicana está alimentado por el discurso que se construye día a día en los programas y transmisiones.

Lo que empezó como un intercambio de opiniones sobre el funcionamiento del equipo nacional terminó convertido en un debate de fondo:
¿la gente tiene libertad absoluta para criticar, o los medios condicionan la manera en que el público percibe al Tri? La confrontación entre Faitelson y Crosas terminó exhibiendo fracturas que desde hace tiempo se vienen gestando en el entorno del futbol mexicano.

Tras el empate, y en el marco de la reinauguración del Estadio Azteca dentro de la misma gira de partidos, Crosas elevó el tono contra los medios de comunicación. Aseguró que existe un mensaje reiterado y negativo hacia la selección que termina «contaminando» el ambiente en la tribuna. De acuerdo con su postura, tanto el pesimismo constante como la crítica desmedida generan un clima en el que los abucheos parecen casi inevitables.

En ese contexto, el analista señaló a David Faitelson como uno de los principales referentes de este tipo de periodismo. Recordó que durante años el comunicador ha sido especialmente duro con el Tri y cuestionó que ahora se muestre sorprendido por la reacción negativa de los asistentes al estadio. Crosas dejó entrever que hay una especie de incoherencia: se construye un relato de fracaso permanente y luego se pide calma en la grada.

Incluso, Crosas redobló su argumento al hablar de la «educación futbolística» del aficionado. Según él, la mayoría de los programas no profundizan en temas tácticos, de sistemas de juego, ni en la evolución del modelo futbolístico de la selección. Al limitarse muchas veces a señalar culpables y a polarizar las opiniones, no se le ofrece a la gente herramientas para leer el partido más allá del marcador o del enojo del momento. Bajo esa lógica, no se le puede exigir al público que valore un buen planteamiento si nunca se le explicó en qué consistió.

Faitelson respondió rápido y con el estilo directo que lo caracteriza. A través de sus redes, defendió que el futbol, a diferencia de otros ámbitos más técnicos, pertenece a la gente y no requiere de títulos ni diplomas para ser opinado. Sostuvo que cualquiera que pague un boleto, una suscripción o simplemente se siente frente al televisor tiene derecho no solo a aplaudir, sino también a reclamar, silbar o manifestar su desesperación si considera que la selección no está a la altura de sus expectativas.

En esa línea, el periodista insistió en que no se le puede pedir al aficionado una mirada «académica» del juego para legitimar su opinión. Según su visión, la pasión, el enojo o la frustración también forman parte de la esencia del futbol. Para él, culpar a los medios por los abucheos es una manera de ignorar la responsabilidad real: los resultados, el rendimiento del equipo y la gestión deportiva.

El intercambio no quedó únicamente entre Crosas y Faitelson. Otros periodistas y exfutbolistas alzaron la voz y fueron tomando partido. Damián Zamogilny, por ejemplo, criticó la labor de ciertos comunicadores que, a su juicio, no profundizan en lo que ocurre realmente en la cancha y tampoco hacen el esfuerzo por aprender o actualizarse. Esta postura abrió un segundo frente en la discusión: no solo se habló de la influencia de los medios, sino también de la preparación y calidad del análisis que se le ofrece al público.

Este episodio exhibe un momento particularmente sensible para el futbol mexicano. La afición luce cada vez más exigente, menos dispuesta a conformarse con explicaciones vacías o promesas reiteradas. A la par, el entorno mediático aparece fragmentado entre quienes apuestan por la crítica frontal, quienes piden un análisis más pedagógico y quienes consideran que se ha cruzado la línea de la objetividad en busca de polémica y audiencia.

De fondo se esconde una pregunta clave: ¿hasta dónde llega la responsabilidad del periodismo deportivo en la construcción del estado de ánimo del aficionado? Es innegable que los medios amplifican el debate y moldean narrativas. Sin embargo, también es cierto que el hincha no es un sujeto pasivo: reacciona al juego, a los resultados, al trato que percibe hacia los jugadores y a las expectativas que se han creado durante años en torno a la selección.

En el caso del Tri, la relación con su público se ha desgastado por múltiples factores: eliminaciones dolorosas en torneos clave, cambios constantes de entrenadores, proyectos que no terminan de consolidarse y la sensación recurrente de que el equipo no avanza. Sobre ese terreno fértil de frustración, cualquier mensaje pesimista o derrotista encuentra fácil eco, y de ahí la preocupación de Crosas por el papel amplificador de los medios.

Por otro lado, también resulta cierto que, sin una prensa capaz de señalar errores, cuestionar decisiones directivas y señalar el bajo nivel cuando aparece, el futbol corre el riesgo de convertirse en un espacio complaciente. Ahí se sostiene la postura de Faitelson: si el periodismo deja de ser incómodo, entonces deja de cumplir con una de sus funciones principales, que es exigir cuentas a quienes dirigen y representan al futbol mexicano.

Este choque de visiones pone sobre la mesa la necesidad de encontrar un equilibrio. Ni un periodismo que solo busque «reventar» a la selección para ganar audiencia, ni una crítica edulcorada que maquille los problemas reales. La afición, cada vez más informada y conectada, demanda explicaciones, contexto y análisis; pero también quiere sentir que su voz cuenta cuando expresa su descontento desde la tribuna o desde su casa.

De cara a la Copa Mundial de la FIFA 2026, el tema no es menor. El Tri jugará en casa buena parte del torneo y la relación con el público será determinante. Si la distancia entre afición, selección y medios sigue creciendo, el ambiente puede volverse un arma de doble filo: de impulso en los buenos momentos a peso insoportable en el primer tropiezo. Lo que hoy se discute entre comentaristas no es solo una pelea personal, sino un aviso de la tensión que puede escalar conforme se acerque el Mundial.

Además, el debate deja otra reflexión pendiente: la urgencia de elevar el nivel del análisis futbolístico en los espacios de opinión. Hablar de esquemas, automatismos, fases del juego, fortalezas y debilidades tácticas no significa volver incomprensible el futbol, sino ofrecerle al aficionado herramientas para entender por qué su selección gana, empata o pierde. Un público más informado no aplaude menos ni se enoja menos, pero sí puede diferenciar entre una derrota digna y un fracaso estructural.

En paralelo, los propios protagonistas -jugadores, cuerpo técnico y directivos- también tienen un papel en esta ecuación. La transparencia en los proyectos, la claridad en los objetivos y una comunicación más honesta podrían contribuir a reducir el ruido. Cuando la gente siente que se le habla de frente, está más dispuesta a tolerar ciertas etapas de transición o reconstrucción. En cambio, cuando percibe opacidad o excusas repetidas, los abucheos se convierten en el único lenguaje que siente que le queda.

El choque verbal entre Marc Crosas y David Faitelson no fue, en el fondo, solo un intercambio de acusaciones personales. Funcionó como espejo de todo un ecosistema en tensión: una prensa dividida entre el espectáculo y la profundidad, una afición cansada de promesas incumplidas y una selección sometida a una presión que seguirá aumentando a medida que se acerque el gran torneo en casa. Si algo dejó claro este episodio es que, en México, todos opinan de futbol, pero muy pocos parecen dispuestos a asumir por completo la parte de responsabilidad que les corresponde.