Por qué necesitamos hablar de héroes y villanos en el fútbol (y por qué es un problema)
Cuando pensamos en fútbol, casi siempre lo contamos como una película: hay un héroe que aparece en el minuto 90, un villano que “arruina” la fiesta y un árbitro que se convierte en trending topic. El problema es que esa forma de narrar, repetida mil veces por los medios, termina moldeando cómo entendemos el juego, a los jugadores e incluso a las aficiones. Lo que parece solo entretenimiento influye en contratos, reputaciones, campañas de odio en redes y decisiones de dirigentes. Por eso, hablar de narrativas mediáticas y de la construcción de héroes y villanos no es un capricho académico, es una cuestión de responsabilidad profesional para cualquiera que trabaje con medios de comunicación y fútbol análisis, marketing deportivo o comunicación de clubes.
Caso 1: Del héroe absoluto al “traidor” – cambio de camiseta, cambio de narrativa
Piensa en cualquier gran figura que haya cambiado de club rival: Figo del Barça al Madrid, Luis Enrique en su momento, o en América Latina, jugadores que pasan de Boca a River o de Nacional a Peñarol. Deportivamente, es parte del mercado; mediáticamente, se activa una maquinaria de construcción de ídolos y villanos en el fútbol casi automática. Un día el jugador es el emblema de la “identidad del club”, al siguiente se convierte en símbolo de la traición. Programas de debate, portadas, tertulias radiales y contenido en redes amplifican el relato de héroe caído. El matiz desaparece: ya no es un profesional que tomó una decisión laboral, sino el enemigo. Esta simplificación vende audiencias y clics, pero quema puentes con las aficiones y genera un clima de agresividad que puede acabar en amenazas o violencia en estadios.
Lo que no se ve: incentivos editoriales y pereza narrativa
Muchos periodistas te lo admitirán en privado: es más fácil contar una historia en blanco y negro que invertir tiempo en matices. Los formatos cortos, la presión por el minuto a minuto y los algoritmos que premian la polarización empujan hacia relatos extremos. Cuando nos fijamos en narrativas mediáticas en el deporte ejemplos, comprobamos que los programas que convierten cada partido en una batalla épica entre héroes y villanos suelen tener más engagement inmediato. A corto plazo eso parece una victoria editorial, pero a medio plazo erosiona la credibilidad del medio, crea una afición educada en el insulto y debilita la capacidad crítica del público, que empieza a ver el juego solo como guerra de bandos, no como un fenómeno complejo con táctica, gestión y contexto social.
Caso 2: El “villano perfecto” – árbitros y porteros bajo la lupa
Un lugar común en cómo los medios crean héroes en el fútbol es dejar casi siempre fuera del papel del héroe a los árbitros y, muy a menudo, a los porteros. Cuando un delantero falla cinco claras pero marca una en el descuento, la portada lo eleva al Olimpo. Si el portero se equivoca una vez, se le cuelga la etiqueta de villano. Con los árbitros es todavía más extremo: si nadie habla de ellos, “han hecho un buen partido”; si cometen un error, se convierten en el foco de odio. Esa distribución desigual de la atención genera una narrativa injusta que acaba influyendo en carreras: árbitros retirados antes de tiempo por presión, porteros marcados de por vida por un fallo puntual, mientras que ciertos atacantes son protegidos por su halo mediático.
Expertos opinan: el sesgo de la cámara y del comentarista

Psicólogos del deporte que asesoran a clubes de élite insisten en un punto: lo que se repite en televisión y redes termina siendo interiorizado por el jugador. Si constantemente se señala al portero como responsable de la derrota, mientras se suavizan los errores de la estrella ofensiva, todo el sistema refuerza la idea de que unos son héroes naturales y otros están ahí para ser chivos expiatorios. Analistas de vídeo y expertos en performance recomiendan a los clubes trabajar con sus jugadores sesiones específicas de exposición crítica: ver resúmenes televisivos, identificar injusticias narrativas y aprender a no asumir como verdad absoluta lo que dice el relato mediático. Es una vacuna psicológica contra la construcción externa del personaje que los medios les imponen.
Caso 3: Narrativas nacionales – del “genio conflictivo” al salvador de la patria
Otro patrón clásico: cuando una selección llega a un Mundial, ciertos jugadores cargan con el papel de genio salvador o de eterno sospechoso. Algunos cracks latinoamericanos fueron tratados años como talentos indisciplinados, “problemáticos”, hasta que un gran torneo cambió la historia y los medios los reescribieron como líderes maduros. El talento era el mismo, pero el marco narrativo se transformó. En Europa pasa algo parecido con jugadores que no encajan en el arquetipo local: demasiado “individualistas”, demasiado “fríos”, demasiado “alegres”. De repente, una tanda de penaltis o una final reescribe décadas de titulares. Esta volatilidad mediática demuestra que el relato no solo describe la realidad, la construye, y condiciona incluso la forma en que las futuras generaciones de futbolistas entienden qué significa ser aceptado por la prensa de su país.
El papel de los libros y el periodismo de largo aliento
Frente a la simplificación del día a día, los libros sobre periodismo deportivo y narrativa futbolística ofrecen un espacio para matizar, contextualizar y desmontar tópicos. Varios reporteros que hoy son referentes reconocen que solo a través de la crónica larga pudieron explicarle al lector las contradicciones de un ídolo que nunca quiso serlo, o la humanidad de un “villano” que cargó con campañas de desprestigio injustas. Este tipo de obra, aunque no tenga el mismo alcance masivo que un programa de debate nocturno, actúa como contrapeso cultural: genera otra forma de mirar el fútbol, menos esclava del clic inmediato y más atenta a procesos, trayectorias y estructuras de poder en torno al juego.
Problemas clave: por qué las narrativas simplistas dañan el ecosistema
Más allá de la ética, hay efectos muy prácticos. Cuando el entorno mediático se acostumbra a etiquetar con rapidez, los clubes y patrocinadores reaccionan con miedo: un mal titular puede costar un sponsor, una portada agresiva puede precipitar un despido. Directores deportivos reconocen en privado que a veces toman decisiones pensando tanto en el ruido mediático como en el rendimiento real. Además, la hinchada consume ese discurso y lo devuelve en forma de cánticos, pancartas y violencia verbal o física. La línea entre el relato de entretenimiento y la incitación al odio se cruza con más facilidad de la que parece. Y mientras tanto, se pierden historias interesantes: el mediocentro silencioso que sostiene al equipo, la entrenadora analista de datos, o el árbitro que innova en gestión emocional de los partidos.
Responsabilidad compartida: medios, clubes, aficionados
No todo se resuelve pidiendo a los periodistas que “se porten bien”. La responsabilidad está repartida. Los medios responden a lo que la audiencia premia; los clubes, a su vez, alimentan ciertos relatos cuando les conviene y se victimizan cuando no. Las aficiones comparten y viralizan contenido que refuerza sus sesgos. Cambiar esta dinámica requiere que cada actor ajuste sus incentivos: medios que midan éxito no solo en clics sino en confianza, clubes que apuesten por discursos más maduros y aficiones que aprendan a disfrutar del fútbol sin necesitar un enemigo permanente. No es ingenuidad; es puro interés propio a largo plazo, porque un ecosistema tóxico termina devorando incluso a quienes se benefician de él en el corto plazo.
Soluciones no obvias para profesionales de los medios
1. Rediseñar el guion del postpartido

En lugar de arrancar siempre por “el héroe y el culpable”, algunos editores están introduciendo otra secuencia: primero contexto táctico, luego decisiones de banquillo, después rendimiento colectivo y solo al final la narrativa personal. Este orden tan simple reduce la tentación de construir héroes y villanos instantáneos. Una recomendación de expertos en periodismo de datos es preparar de antemano tres o cuatro ángulos posibles para cada encuentro que no dependan de demonizar a nadie: evolución de un sistema táctico, impacto de la cantera, gestión de cargas físicas. Así, cuando el resultado llega, el programa no está obligado a caer en el drama fácil.
2. Paneles con perfiles complementarios (y no solo exfutbolistas polarizantes)
Muchos formatos reúnen solo exjugadores con opiniones fuertes, pero muy similares en la lógica del show. Una alternativa efectiva es combinar perfiles: un exfutbolista, una analista táctica, un psicólogo deportivo y un periodista de investigación. Diversificar miradas cambia, casi por inercia, la narrativa: se habla menos de “este no tiene carácter” y más de cómo se gestionó el cansancio, la presión, la planificación del partido. Expertos en producción televisiva subrayan que este tipo de panel, si se diseña bien, no es menos entretenido; simplemente desplaza el foco del insulto al análisis, y eso a medio plazo genera una audiencia más fiel y menos volátil.
Alternativas prácticas para clubes y departamentos de comunicación
3. Co-crear el relato con los jugadores
En lugar de reaccionar de forma defensiva a cada crítica, algunos clubes punteros empezaron a trabajar el tema de narrativa desde dentro. En sesiones periódicas, el departamento de comunicación revisa con la plantilla cómo se les está representando en prensa y redes. Se identifican patrones (“siempre que perdemos, eres tú el villano”, “cuando ganamos, tú desapareces del relato”) y se diseñan respuestas coordinadas: entrevistas donde se reparten méritos, publicaciones en redes que visibilizan roles invisibles, apariciones conjuntas de jugadores etiquetados como opuestos. Expertos en comunicación interna destacan que este trabajo reduce conflictos y fortalece el sentido de equipo frente a presiones externas.
4. Entrenar el “media literacy” dentro del vestuario
Otro enfoque alternativo es tratar a los jugadores no como víctimas pasivas del relato, sino como lectores críticos. Psicólogos y consultores de comunicación recomiendan talleres de alfabetización mediática: cómo se construye un titular, cómo se eligen cortes de vídeo, por qué un clip de cinco segundos no cuenta la historia completa. Cuando el futbolista entiende este proceso, se reduce el impacto emocional de una portada agresiva y aumenta su capacidad para reaccionar con calma. De paso, se evita que el vestuario se contamine por debates televisivos, que muchas veces amplifican tensiones inexistentes.
Lifehacks para profesionales del periodismo deportivo
5. Tres preguntas filtro antes de llamar a alguien “héroe” o “villano”
1. ¿Estoy describiendo un desempeño puntual o etiquetando la identidad de la persona?
2. ¿Tengo al menos un dato o hecho que respalde esta valoración, más allá de la emoción del momento?
3. ¿Estoy dejando claro al lector/espectador que esta es una interpretación, no un veredicto absoluto?
Varios editores senior recomiendan aplicar este micro-chequeo en tiempo real, especialmente en programas en vivo. Es un pequeño freno mental que evita titulares devastadores que luego hay que matizar o desmentir. A la larga, mejora la relación con los protagonistas, que sienten que se les critica, sí, pero sin deshumanizarlos.
6. Usar el archivo como antídoto contra la hipérbole
Un truco de profesionales con experiencia es tirar de archivo cada vez que surge la tentación de declarar a alguien “acabado” o “genio eterno”: revisar cómo se habló del mismo jugador hace seis meses o dos años. Mostrar en pantalla (o en texto) esas contradicciones ayuda a poner los pies en la tierra, tanto del periodista como de la audiencia. Este recurso convierte el programa en un espacio de memoria y autocrítica, en lugar de una máquina de exageraciones constantes. Además, es oro narrativo: al público le interesa ver cómo cambian las percepciones con el tiempo, y eso abre la puerta a un análisis más honesto de la construcción de ídolos y villanos en el fútbol.
Cómo analizar las narrativas mediáticas sin caer en el cinismo
Volviendo al punto de partida: medios de comunicación y fútbol análisis no deberían limitarse a denunciar la manipulación, sino a entender las lógicas narrativas para usarlas de forma más responsable. No se trata de eliminar el dramatismo —el fútbol es emoción—, sino de manejarlo con conciencia. Los expertos coinciden en que la clave está en cambiar el “desde dónde” se cuenta: pasar del juicio fácil a la curiosidad por las causas, del ataque personal a la crítica de decisiones concretas, del héroe o villano unidimensional a personajes complejos que evolucionan. Cuando periodistas, clubes y aficionados se mueven en esa dirección, el relato no pierde fuerza; al contrario, gana profundidad, credibilidad y, paradójicamente, se vuelve aún más apasionante. Porque al final, el buen fútbol merece algo mejor que un guion plano de buenos y malos.
